
Ya son más de 50 los restaurantes, bares y panaderías que conforman un polo gastronómico con identidad de barrio pero con propuestas muy cuidadas
“Vinimos desde Belgrano en bicicleta con dos amigas. El día estaba divino y lo queríamos aprovechar”, dice Carolina, de 30 años, mientras disfruta de un café con medialunas en la panadería y confitería La Valiente, en San Isidro. Ellas descubrieron la zona del Bajo durante la pandemia en el llamado Take Away Plus (cuando se habilitaron las mesas en la vereda) y desde entonces se volvieron habitués. “Acá se genera una conexión muy linda con la naturaleza. Encuentro paz en el río. Además, nos copa porque cada vez que pasamos nos sorprendemos con nuevos restaurantes”, agrega y cuenta que tiene planeado almorzar en el pintoresco patio de Taller Cantina.
