
¿Hay que dejar de hablar de “robamaridos” y “terceras en discordia”?
El wandagate puso en evidencia que siguen vigentes las clásicas miradas sobre los roles de género; además, el episodio invita a repensar algunos aspectos de la vida en pareja y la monogamia
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“Tercera en discordia”, “zorra”, “robamaridos”. Son algunas de las palabras que saltaron como esquirlas luego de que la mediática Wanda Nara hiciera público un intercambio de mensajes de su marido, el futbolista del PSG Mauro Icardi, con la actriz Eugenia “la China” Suárez. Pero más allá de los famosos protagonistas de este triángulo, los conceptos utilizados son términos que sobrevuelan cada vez que se habla de alguna infidelidad . Todos estos términos, además, ponen en evidencia que siguen vigentes las clásicas miradas en los roles de género. Pero, ¿existen realmente los terceros/as en discordia? ¿Hay lugar para una infidelidad en una pareja que está sana o ese tercero o tercera se cuela cuando ya existen filtraciones difíciles de reparar? Preguntas que ayudan a repensar algunas cuestiones no solo referidas a la tan cuestionada monogamia, sino también al trato que reciben una mujer y un hombre cuando sale a la luz un episodio de este tipo.

“Cosas así pasaron siempre y seguirán pasando. Hace ruido el glam, tanto Louis Vuitton, eso de que le pasa a gente ‘que lo tiene todo’. Pero más allá del morbo, principalmente me parece importante correr a la mujer que inicia un coqueteo de ese rol de malvada, de robamaridos, de zorra, y al hombre de ‘no hizo nada’ o en todo caso ‘hizo lo que había que hacer’, que era seguirle el juego a la mujer que lo desea –sostiene Mariana Kersz (@lic.marianakersz), psicóloga y sexóloga clínica, autora de Un viaje al placer–. Una persona puede desear, buscarte, pero hay otra que la habilita. La famosa icardeada quedó como algo gracioso, celebrado en muchos casos y la señalada como ‘roba maridos’ es juzgada por activar algo que en el hombre está latente. Lo cierto es que en las dos situaciones hay gente que sufre y la pasa mal”, sostiene la especialista.
Por su parte, el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedín, sostiene que esta situación que se dio entre Icardi, Nara y Suárez dejó en evidencia la mirada machista que todavía pervive sobre el tema: “Aunque muchos hombres y mujeres aparentan estar a la altura de los cambios de género, muchos lo hacen solo en apariencia –plantea–. El lugar de la mujer como la que incita al hombre a la infidelidad pone en evidencia la mirada machista sobre el tema: el varón debe cumplir con su rol masculino cuando una mujer lo desea. Cobarde, miedoso, ‘poco hombre’, sería borrarse y no hacer nada, por lo menos una respuesta por chat”.
En este sentido, Ghedín asegura que no hay condena o cancelación hacia el varón infiel y, en cambio, sí la hay hacia la mujer que engaña o la que da el primer paso para iniciar una relación paralela: “Cuando es el hombre quien propone sigue siendo, para la mirada social, un piola, un galán, un habilidoso que refuerza su virilidad y sus capacidades para cortejar y raramente se le podría llamar ‘rompe matrimonios’, mote asignado más a la mujer infiel”, analiza el especialista.

Respecto de los terceros/as en discordia, Kersz plantea que lo más factible es que el que se cuele en esa relación perciba que se trata de un vínculo que tiene sus falencias, sus dificultades. “La monogamia está cuestionada, está en crisis y cada vez que pasa algo así surgen varias preguntas. La primera es: ¿se puede sostener la monogamia? ¿Hasta cuándo? Si la respuesta es no, ¿entonces la única solución es tener una relación abierta? En una relación abierta también hay gente que sufre, que se cela. La mayoría de las parejas no están preparadas para una relación abierta ni para romper ese pacto de exclusividad sexo afectiva. Lo veo todo el tiempo en mi consultorio”.
Virtual o real, ¿cuál duele más?
Según Kersz, la no concreción de un encuentro sexual no es menos dolorosa que el sexting. “El intercambio de mensajes hot duele tanto o más que el físico. Porque además cuando es constante, da lugar a una cotidianidad que puede demostrar que existe un vínculo más allá del sexual, y eso es justamente lo que más duele. Además, muchos de estos intercambios se dan estando en la propia casa, con la pareja cerca, frente a las narices del que está siendo engañado y eso lastima más”, asegura la especialista.
Pero más allá de que el engaño se haya concretado o no, una infidelidad siempre impacta en la autoestima de unos y otros: “La realidad es que nadie sale igual o indemne de una infidelidad: ni el que la comete ni el engañado. Siempre hay una transformación, algo que cambia, una parte enriquecedora. Las parejas que han sufrido infidelidades raramente se separan por ese infidelidad y para muchas es el comienzo de un modelo nuevo de pareja –sostiene Kersz–. Muchas veces el o la que es infiel o coquetea en las redes lo hace no porque le falta algo que su pareja no le da, sino para sentir que está en el partido, que puede ser deseable para un tercero que no sea tu mujer o tu marido”, concluye la especialista.




