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Con 76 años y un stent, Eduardo va tres veces por semana al gimnasio. Exrugbier, ahora prefiere deportes recreativos, siempre con amigos, como el paddle o el fútbol. “Me propuse el objetivo de estar siempre en movimiento”, dice inclinado en la camilla de isquiotibiales del gimnasio Open Park, de Palermo. Empezó hace seis meses con diez kilos y ahora ya levanta 35. “El trabajo progresivo de fuerza es el motor vital del cuerpo: evita que avancen patologías”, recuerda Luis Goyanes, el profesor que diseña la rutina de Eduardo a la medida de sus necesidades.
