
Pablo Bañares, el excéntrico esteticista que es furor en redes sociales
Con miles de seguidores y una abultada carpeta de pacientes, combina un currículum extravagente con una rutina totalmente organizada
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Médico flebólogo, cantante, performer, cinturón negro de taekwondo, instructor de esgrima japonesa, influencer y maestro masón, construyó un personaje difícil de encasillar: clásico y provocador a la vez. Entre consultorios, redes sociales y proyectos musicales, atravesó también el momento más duro de su vida un año atrás: el grave accidente de su hijo Roque, de 18 años. Un hecho que lo enfrentó con el dolor y el miedo, pero también le regaló una inesperada ola de apoyo y afecto de pacientes y seguidores.
A Pablo Bañares le gustan las definiciones raras. Vive en una casa a la que bautizó “Principado de Escandinavia”, canta rock desde la época de la facultad, sale a recorrer el país con un grupo de motoqueros y atiende pacientes en varios consultorios donde practica medicina estética. A los 55 años, combina un currículum extravagante con una vida organizada. Se levanta antes del amanecer, navega por el Delta llevando donaciones y después arranca su jornada. Con su pelo blanco y sus trajes clásicos pero siempre con un toque de humor, parece moverse cómodo entre mundos que rara vez se cruzan: la medicina, el espectáculo y las redes sociales.

-¿Quién nació antes, el cantante o el médico?
-El médico. Estudié medicina como mi padre. Me recibí y me especialicé en flebología, nutrición, medicina estética y mesoterapia. Al principio trataba enfermedades y dolor, pero era muy duro emocionalmente. Me llevaba todo a casa. La medicina estética está más relacionada con la belleza que con la enfermedad. Es un mundo más feliz: la gente llega sonriendo.
-¿Y la música?
-Siempre estuvo. Cantaba desde la facultad y estudié piano más de 15 años. Durante mucho tiempo separé las cosas porque no quería que mis pacientes vieran mi lado rockero. Pero después entendí que mi rebeldía pasa por romper el dogma de cómo debería ser un médico.

-En redes sociales mostrás solo cinco minutos por día de tu vida. ¿Por qué esa regla?
-Porque las redes son una herramienta, no una terapia. Yo subo cinco minutos diarios y las otras 23 horas y 55 son mías. Pero esos cinco minutos todos los días generan presencia. Muestro cuatro cosas: la red de donaciones, medicina y hábitos saludables, nuestro e-commerce familiar y algunas opiniones personales.
-¿Te sentís influencer?
-No. Tengo dos públicos muy distintos. En TikTok me siguen muchos jóvenes, que todavía no entiendo por qué me escuchan. Y en Instagram está la gente que viene a los consultorios, dona o compra cosas de la tienda online.
-¿Qué fue lo más fuerte que te pasó en redes?
-El apoyo que recibí cuando mi hijo tuvo un accidente muy grave el año pasado. Me sorprendió la cantidad de mensajes, rezos y buena energía. Yo manejo mis redes personalmente y respondo todo. Las redes pueden parecer lejanas, pero también pueden ser muy cercanas.
-Decís que sos estructurado, pero no dogmático. Sin embargo, tu imagen es bastante extravagante.
-La extravagancia es relativa. Para alguien muy rígido puede ser raro que un médico cante en hoteles o tenga tatuajes. Pero yo soy exactamente igual en las redes que en la vida real.
-Viviste un año en el hotel Alvear, ¿cómo fue esa experiencia?
-¡Eso sí que fue excéntrico, me sentía Jeff Bezos! Soy un chico de hotel. Porque tanto el Alvear como el Faena fueron dos lugares donde trabajé. Viví y tuve un consultorio durante 10 años en el Alvear y en el Faena trabajé con la banda, asi que manejo bastante el idioma hotelero.
-Probás muchos tratamientos estéticos en tu propio cuerpo. ¿Marketing o curiosidad científica?
-Todo lo que recomiendo lo pruebo primero en mí. No me gusta repetir lo que dice un laboratorio. Prefiero saber qué pasa en carne propia.
-La obsesión por verse joven parece cada vez más fuerte.
-No es obsesión. La gente sabe que probablemente viva más de 100 años. Entonces alguien de 50 entiende que está a mitad de camino y quiere llegar bien.
-En redes hablás mucho de longevidad. Decís que si “aguantamos cinco años” podemos llegar a vivir 100. ¿Por qué?
-Porque la medicina está avanzando a una velocidad impresionante. Los laboratorios aceleraron todo gracias a la inteligencia artificial. Yo siempre digo: aguantemos cinco años más porque los avances que vienen van a cambiar completamente la expectativa de vida.
-¿Y cómo se aguantan esos cinco años?
-Con tres cosas muy simples: comer bien, hacer ejercicio de fuerza y tener buenos sentimientos. Los malos sentimientos aumentan el cortisol, bajan las hormonas y terminan enfermando. Los buenos, en cambio, ayudan a vivir más.
-¿Cuál fue el mayor disparate estético que viste?
-Los rellenos exagerados de los 90 y 2000. Terminaban todas con la misma cara, como clones. A mí nunca me gustó ese modelo.
-Hablás mucho de romper dogmas. ¿Cuál te gustaría derribar hoy?
-La desconexión, la falta de contacto real que produce la híperconectividad. Por eso estoy preparando un espectáculo interactivo con un programador. Un unipersonal que se va a llamar Bañares Connection. Voy a estar solo al piano con un coro de cantantes amateurs que van a salir de las redes, y el público participará con el celular eligiendo canciones, respondiendo preguntas sobre relaciones y emociones, y conectándose entre ellos. La idea es que la gente vuelva a conectarse de verdad.
-Queres salir de la desconexión a través de la conexión.
-Sí, y también, por qué no, formar parejas, porque va a estar orientado a solos y solas. Va a ser un show donde la gente vaya a escuchar historias de amor mientras yo canto, con proyecciones de videos en el techo del teatro. Mientras tanto, muchas preguntas personales sobre relaciones humanas les vana a parecer en el celular: entre canción y canción iremos hablando de eso. Súper interactivo.
-Hablando de conexión: tu mujer aparece mucho en tus redes. ¿Cómo es Josefina [Sempé]?
-Ella es el lubricante de todo motor complejo. Todo funciona gracias a ella. Mi relación con mi hijo, mi trabajo, mi felicidad, son gracias a ella. Es la persona más alegre que conozco, sin filtro. Dice las cosas de una forma muy graciosa, siempre suma y logra que yo siga generando cosas. Hubo una época en mi vida que no fue tan luminosa, en la que yo estaba trabado porque más que lubricante era arena. No podía generar nada. El amor del Oso es el gran lubricante para hacer todo lo que hago.
-Vos le decis Oso, ¿y ella cómo te dice?
-“Viejo malo”. Porque tengo carácter fuerte, soy de explotar. Sin gritos ni insultos, soy educado, pero protestón. No tengo mal carácter, ni malos pensamientos, pero soy de los que dicen: “Yo sé que usted no tiene la culpa, pero por favor llámeme al encargado”.
-¿Cómo se conocieron?
-En el consultorio, ella era paciente mía. Después yo me separé y unos meses más tarde la llamé. La invité a comer y al día siguiente me aparecí en su departamento con una propuesta bastante directa: le dije que teníamos dos opciones, o empezar a salir de a poco como novios o que yo me mudara con ella. Ella descartó otros pretendientes, probamos 15 días… y ya pasaron cinco años.
-¿A tus suegros les resultó fácil aceptar la historia?
-Al principio les costó porque no son una familia estructurada, pero sí clásica. Había tres cosas que les hacían ruido: la diferencia de edad (le llevo 21 años), que yo era divorciado con un hijo, y mi perfil extravagante, que era lo que más les preocupaba, Pero después me conocieron y entendieron que nadie iba a hacer más feliz a su hija que yo. Amo a mis suegros y ellos a mí.
-¿El amor cambia con la edad?
-No. El amor es como un fuego. Hay gente que lo hace con nafta: explota y se apaga rápido. Otros usan quebracho y logran una llama que dura toda la vida.
-¿La fama que tenés es un premio o una carga?
-Yo siempre fui un anónimo conocido. La gente me reconoce, pero no soy una celebridad. Antes de las redes cantaba en el Faena, tuve un programa en la tele de autos, canté en el Bs As News entre otras locuras. Hay una diferencia entre ser popular y conocido: si voy al súper se me puede acercar alguien y decirme que me sigue en redes, pero no se arma un escándalo, porque no soy Tinelli.
-¿Qué te gustaría que la gente entienda de vos?
-Que lo distinto no es peligroso.
-Sin embargo, muchos te dicen que sos “loco”.
-Sí, me lo dicen todo el tiempo. Porque me ven navegando en una lancha antigua, opinando de política o cantando. Pero la verdad es que me considero una de las personas más cuerdas que conozco.
-¿Serías padre otra vez?
-No es algo que está contemplado entre los dos. El hijo que tenemos con Josefina es el e- commerce. Nuestra preocupación no pasa por preguntar si le dimos una vacuna sino si el proveedor entregó la mercadería




