
Por Máximo Ravenna y Alejandra Raichuni
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Desde el punto de vista nutricional, el embarazo es la etapa fisiológica en la que la alimentación racional y adecuada desempeña un papel importante y permite prevenir complicaciones. De todos modos, esto no supone un consumo exagerado de alimentos y mucho menos de aquellos ricos en hidratos de carbono (pan, pastas, dulces, amasados de pastelería, papas, chocolates y golosinas).
En otras palabras: no por estar embarazada una mujer debe comer por dos...
La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos estableció que el incremento de peso en el embarazo tiene que estar en relación con el peso previo al mismo, y basándose en el índice de masa corporal o IMC (índice que relaciona la altura al cuadrado dividida por el peso) se establecieron los incrementos de peso aconsejables en toda mujer durante el embarazo.
IMC/Ganancia total de peso
Menor de 19,8: de 12,5 a 18 kilos
De 19,8 a 26: de 11 a 16 kilos
De 26 a 29: de 7 a 11,5 kilos
Mayor de 29: de 6 a 7 kilos
Consejos alimentarios
1. Aumentar el consumo de alimentos ricos en hierro: hígado, carne vacuna magra, pollo, yema de huevo, lentejas, espinacas. No olvidar que para que el hierro aportado por alimentos vegetales como las lentejas o espinacas se absorba en mayor cantidad deben estar acompañados de alimentos ricos en vitamina C, por ejemplo, espinacas con jugo de limón o lentejas con una naranja de postre.
2. Aumentar alimentos ricos en ácido fólico: hígado, espinaca y jugo de naranja.
3. Aumentar alimentos ricos en calcio: leche y derivados, yogur, quesos con bajo contenido graso.
4. Aumentar alimentos ricos en vitamina C: verduras y frutas, berro, cítricos (naranja, mandarina, pomelo, kiwi), verduras de hoja.
5. Aumentar alimentos ricos en vitamina A: hígado, espinaca, vegetales, zapallo, zanahoria y alimentos lácteos.
6. Aumentar el consumo de líquidos: que no contengan calorías, agua, aguas saborizadas, té, poco café y mate.
7. Evitar: los dulces aportan calorías vacías en exceso, es decir, calorías sin nutrientes. Reemplazar grasas animales por grasas vegetales y consumir en forma moderada, por ejemplo, aceite de oliva. Evitar alimentos salados como fiambres y embutidos, ya que favorecen la retención de líquidos por su alto contenido de sodio.
La licenciada Alejandra Raichuni es coordinadora del Departamento de Nutrición del Centro Terapéutico Dr. Máximo Ravenna.





