
Desde Oporto, un recorrido de casi 280 kilómetros que demanda al menos doce días y une el norte de Portugal con Galicia, entre castillos y fortalezas medievales, aldeas de pescadores, molinos, playas y faros
“Buen camino”, alientan tanto los lugareños como los turistas y los caminantes con sus mochilas. Ya sea por motivos religiosos, espirituales o turísticos, cada vez más viajeros de todo el mundo hacen uno de los muchos itinerarios del Camino de Santiago. La historia se remonta a más de mil años atrás, cuando la tumba del apóstol Santiago el Mayor fue descubierta en Santiago de Compostela. Los peregrinos comenzaron a visitarla ya en los siglos IX y X, pero sobre todo en el siglo XII, cuando se levantó la Catedral sobre el sepulcro.
El Camino Portugués por la Costa es cada vez más elegido por quienes prefieren los senderos con brisa marina y atardeceres inolvidables, castillos y fortalezas medievales, aldeas de pescadores, molinos, faros y capillas de piedra. Y también por quienes están ansiosos por degustar la riquísima gastronomía local. Este recorrido, que ofrece paisajes maravillosos y pocos desniveles, se extiende por cerca de 280 kilómetros de la costa portuguesa y el corazón de Galicia. Por eso es un desafío y lo ideal es cumplirlo en diferentes etapas, saliendo bien temprano por la mañana. De ese modo, después del descanso reparador –no conviene caminar en las horas de la tarde durante el verano–, se puede disfrutar de las playas y probar las comidas y los vinos típicos de cada lugar al anochecer.
La propuesta es llegar a Santiago de Compostela en al menos doce días de caminata. Para eso, los consejos más importantes son cargar solo una mochila liviana con lo indispensable para la jornada (el correo lleva el equipaje por un fee) y descansar en buenos alojamientos (reservados de manera particular o con agencias especializadas).
Se parte desde la ciudad portuguesa de Oporto, junto a un monolito en la Catedral, caminando siempre por la costa y hacia el norte. ¿Cómo saber dónde discurre el Camino de Santiago, sobre todo si queremos liberarnos de las indicaciones del celular para escuchar solamente las olas y las gaviotas? Hay que seguir las caracolas y las flechas amarillas marcadas con cerámica o pintura en paredes, pisos, postes de luz, monolitos e incluso en las fachadas de algunas casas.
A medida que se deja atrás la ciudad, la costa se abre en la enorme playa de Matosinhos. Una vez que finaliza la costanera, se camina a lo largo de pasarelas de madera, atravesando pueblos de pescadores como Labruge, Vila Cha y Vila do Conde, hasta llegar a la primera parada, Póvoa de Varzim (31,6 kilómetros). Después de visitar la fortaleza y la iglesia barroca, se puede cenar frente al mar.
Al día siguiente, el camino continúa por la playa con sus antiguos molinos y luego por el Parque Natural del Litoral Norte, con senderos de tierra entre dunas donde se conservan especies protegidas (nutrias, aves martín pescador y sapos espuela). Después de pasar las poblaciones de Apulia y Fão, y el río Cávado, el descanso será en Esposende (20,2 kilómetros), con su fortaleza medieval de piedra, sus lindísimas playas y hoteles frente al mar.
La tercera jornada comienza por una amplia costanera, continúa por pasarelas entre las dunas y finalmente se adentra en un camino de piedras por un monte con árboles que protegen del sol y el calor con su sombra. Atravesando un arroyo con una cascada refrescante, pueblos con iglesias y casas decoradas con mosaicos coloridos y el Puente Eiffel sobre el río Lima, se llega a Viana do Castelo (25,10 km). En esta bella ciudad están orgullosos del castillo Santiago da Barra y del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, que se distingue en lo alto del monte Santa Luzia, al que se accede en funicular.
Al día siguiente, el camino sigue junto a la playa con sus fortificaciones y molinos, sin dejar de maravillar por su belleza. Luego, un sendero de piedritas atraviesa la Mata Nacional de Camarido, un bosque nativo con mariposas, pájaros y nidos de aves protegidas. Vila Praia do Âncora (18.3 km) se divisa desde lejos por sus amplias playas.
En lancha a España
En la quinta jornada se camina junto a la costa portuguesa por última vez hasta llegar al pequeño puerto de Caminha. El ferry para cruzar el río Miño a España hace tiempo que está encallado, por eso hay que elegir alguno de los taxis acuáticos que tardan unos 10 minutos en llegar a la costa opuesta.
Ya en Galicia, sin necesidad de pasar por ningún control migratorio, se atraviesa un costado del monte de Santa Tegra, aprovechando la sombra de las coníferas y el suelo fresco, cubierto por hojas húmedas. Allí hay reliquias arqueológicas de pueblos que habitaron la región hace dos mil años, una ermita y un museo arqueológico. Enseguida se llega a A Guarda (12,1 km) con su puerto, su torre del Reloj y sus casas coloridas.
Al día siguiente se recorre la costa por caminos ondulados y se pasa por Santa María de Oia, sede del único monasterio español con vista al mar y bellísimas construcciones de piedra. La etapa termina en Baiona (30,7 km), que deslumbra con sus playas y su puerto –donde se puede visitar una réplica exacta de la carabela La Pinta–, la Casa de la Navegación, la Fortaleza del Monte Boi y la larga costanera donde explotan las olas y atardece sobre el océano después de las 22 en verano.
En el séptimo día de caminata se despide la frescura marina para entrar en lo profundo de Galicia. Después de cruzar el río Miñor por el puente románico A Ramallosa, construido con piedras en el siglo XIII, el trazado oficial pasa por Nigrán, con hermosas casas con torretas.
El paisaje cambia completamente al llegar a Vigo (27,10 km), la ciudad más grande y poblada de Galicia, con sus edificios altos y sus originales escaleras mecánicas techadas en las veredas, para facilitar los desniveles. Las opciones son recorrer el puerto y el casco histórico, o tomar un ferry a las islas Cíes, un paraíso natural con aguas cristalinas. Allí se encuentra la Playa de Rodas, designada como la más linda del mundo por el diario británico The Guardian, ideal para reponerse de los kilómetros ya caminados.
El octavo día se atraviesa la ciudad por sus veredas anchas, con flechas amarillas marcadas en los negocios. En las afueras comienza una subida exigente a la Senda da Traída das Augas, una presa para la provisión de agua potable, pero el premio son vistas hermosas de la ría de Vigo y fragancias de eucalipto. Al descender el camino, se arriba a Redondela (16 km), famosa por sus dos grandes viaductos ferroviarios, la ensenada y la isla de San Simón, y sus cabinas literarias, donde se puede dejar un libro ya leído y obtener uno nuevo.
Punto de encuentro
Al salir de Redondela –o Arcade, a veces elegida en su lugar–, en el noveno día, confluyen el Camino Portugués por la Costa –al que se suman muchos caminantes en Vigo– con el Camino Portugués Central –que comienza en Lisboa, pero muchos empiezan en la más cercana Tui–. Durante el recorrido, bien señalizado con monolitos por caminos de tierra entre bosques y campos sembrados, se atraviesa el histórico puente romano de Pontesampaio, recordado porque los valientes vecinos derrotaron allí al ejército napoleónico.
El fin de la etapa es en Pontevedra, otra ciudad grande cuyo casco histórico se mantiene bien conservado. Allí se puede disfrutar del Santuario de la Virgen Peregrina, la Basílica de Santa María la Mayor, las Ruinas del Convento Santo Domingo, el Mercado Municipal de Abastos y la Plaza de la Leña.
Al día siguiente, el sendero discurre entre bosques de coníferas y viñedos, que brindan belleza y sombra, porque literalmente se pasa por debajo de las vides, con sus frutos todavía verdes. Al arribar a Caldas de Reis (21,10 km), la recuperación será ideal en el antiguo Hotel del Balneario Acuña, más conocido como “el Balneario de los Peregrinos”, que tiene piscinas con aguas termales, conocidas desde la época romana. Quienes se alojen en otros albergues pueden pasar allí la tarde por una tarifa accesible.
El undécimo día transcurre también en senderos sombreados entre bosques, viñedos y campos con burros y caballos. La última parada es en Padrón (18,6 km), famosa por sus pimientos –hay que probarlos, no todos son picantes– y porque allí nació el escritor Camilo José Cela. Uno de los paseos más emotivos es la visita a la casa donde vivió y murió la escritora Rosalía de Castro, donde no solo se exhiben sus muebles originales, sino también sus libros, entre ellos el famoso Cantares gallegos, de 1863, considerado el primero de poemas escritos en gallego y la obra fundacional de la literatura en ese idioma.
En la última jornada, durante una caminata de 24,3 kilómetros, con mucha emoción se sube entre las pequeñas callecitas de pueblos de piedras hacia Santiago de Compostela para descubrir, a lo lejos, las torres de la Catedral. Construida en estilo románico entre los años 1075 y 1211 sobre dos templos anteriores, fue reformada según las modas renacentista y barroca en los siglos XVI, XVII y XVIII (en este último se construyó la fachada actual sobre la plaza). Por supuesto, lo primero será recorrer la basílica con forma de cruz latina, asombrarse con su nave central de 22 metros de altura, sus bellas capillas (la Mayor y otras 16), los púlpitos de bronce, los dos órganos, el coro tallado en madera y las pinturas en sus techos abovedados, y visitar el sepulcro del apóstol.
Vale la pena quedarse varios días en la ciudad para explorar el casco histórico, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su corazón está en la Plaza del Obradoiro y la Catedral con sus museos, alojados en los magníficos edificios que se fueron adosando desde el siglo XII.
Solo recorriendo los museos (la entrada tiene descuento para peregrinos) se puede acceder al recién restaurado Portal de la Gloria (de granito policromado en la entrada occidental, creado por el Maestro Mateo para terminar las obras encargadas por el rey Fernando II en la Catedral en 1168), la Cripta de la Gloria y el Palacio Gelmírez (sede episcopal medieval con sala de armas, salón de ceremonias y cocina).
Datos útiles
Tarifas
El viaje organizado por agencia, contra alojamiento, asistencia y traslado de equipaje, cuesta alrededor de 1450 euros. Hay varias empresas que transportan los carry-on o mochilas entre destinos, como El Camino con Correos y Top Santiago.
Alojamiento
Se puede optar por albergues para peregrinos u hoteles tradicionales, con tarifas desde 100 euros para dos personas.
Certificado de la Compostela
Muy cerca de la Catedral de Santiago, en la Oficina del Peregrino, donde –después de registrarse y obtener un turno digital– revisan que la Credencial del Peregrino tenga al menos dos sellos por día (vale todo: iglesias, hoteles, refugios, playas e incluso bares) de un recorrido que debe ser superior a 100 kilómetros para quienes llegan caminando o 200 kilómetros para quienes lo hacen en bicicleta.
Si se cumplen todos los requisitos, se recibe la Compostela, un documento en latín que premia y recuerda un viaje tan soñado como disfrutado. Además, se puede adquirir un Certificado de Distancia, que acredita la cantidad de kilómetros caminados en las rutas reconocidas oficialmente.
Algunos datos
Ya sea por motivos religiosos, espirituales o turísticos, cada vez más viajeros de todo el mundo hacen uno de los muchos itinerarios del Camino de Santiago. La historia se remonta a más de mil años atrás, cuando la tumba del apóstol Santiago el Mayor –considerado el gran evangelista de España– fue descubierta en Santiago de Compostela.
Los peregrinos comenzaron a visitarla ya en los siglos IX y X, pero sobre todo en el siglo XII, cuando se levantó la Catedral sobre el sepulcro.
En la primera mitad del año ya lo cumplieron 272.402 personas, mientras que el año pasado habían sido 530.774; en 2024, 499.164 y en 2023, 446.083.
El Camino Francés se mantiene siempre como el más elegido; en estos meses lo transitaron casi la mitad de los peregrinos: 118.069 personas (43,35 % del total, 2 % menos que el año pasado).
En cambio, la tendencia que crece cada año es el Camino Portugués por la Costa, que se mantiene en tercer lugar, pero sus números están cada vez más cerca del Camino Portugués. En lo que va de 2026 ya recorrieron sus senderos y pasarelas 53.155 personas, el 19,51 % del total, lo cual significa un 22 % más que el año pasado. El Camino Portugués lo terminaron 55.267 personas, un 20,21% del total, con un incremento del 13% respecto del año pasado.
Los otros recorridos más elegidos fueron: Camino Inglés, por 14.840 personas; Camino Primitivo, 11.461; Camino del Norte, 9.040; Vía de la Plata, 4.480; Camino de Invierno, 1.629; Muxía-Finisterre, 1.072.
Otros senderos menos elegidos fueron Muros-Noia, Camino del Barbanza, Camino de Geira-Arrieros, Camino del Mar, Camino de San Salvador, Camino Olvidado y Miñoto Ribeiro.
Los puntos de partida preferidos fueron Sarria, España (115 kilómetros hasta Santiago de Compostela), por 78.149 caminantes; Oporto, Portugal (260-280 km), 42.777; Tui, España (115 km), 19.967; Saint-Jean-Pied-de-Port, Francia (780-800 km), 15.408, y Ferrol, España (113 km), 14.307.
En cuanto a las nacionalidades de los peregrinos, la mayoría son españoles (92.524), seguidos por estadounidenses (26.824), portugueses (13.674), alemanes (13.469), británicos (8.205), mexicanos (6.818) e irlandeses (5.168). Además, ya hicieron el camino 4.427 brasileños, 3.593 argentinos y 3.286 colombianos.



