
Compartió el piano con Franz Liszt. Con la reina Victoria, su médico de cabecera. Con George Sand, un amor tormentoso. Con Victor Hugo, Balzac y Rossini, los encuentros de artistas que vivían en París. Y, con miles de sus contemporáneos, la gran epidemia blanca . Federico Chopin nació en Polonia y falleció en Francia, a los 39 años, víctima de la tuberculosis. Su muerte ocurrió en 1849, poco más de tres décadas antes de que Robert Koch describiera el bacilo de la enfermedad.
Prodigiosa fragilidad
A los 5 años tocaba el piano. A los 10, escribía obras teatrales y un diario: "Ayer, durante la noche, un gato rompió una botella de jarabe mientras se deslizaba por el armario. Si bien es cierto que este crimen merece un castigo, también es digno de elogio, por haber roto únicamente la más pequeña de todas las botellas". Más allá de la ocurrencia, la noticia recuerda por qué en casa de los Chopin había jarabes y otras medicinas: Emilia, la hija menor, contrajo el mismo mal que afectó al músico y murió a los 14 años.
La Europa del Romanticismo no veía con ojos solidarios a los tuberculosos. El miedo al contagio llevaba a la discriminación, hecho que afectó personalmente a Chopin: la condesa Wodzinski, madre del gran amor de su vida, convenció a su hija de que se alejara de la familia del músico.
El diagnóstico final de su enfermedad se conoció después de su muerte, aunque el aspecto de Chopin lo reveló durante toda su vida: frágil y pálido, dejaba ver en sus ojos la melancolía y la tristeza, dos características que durante los siglos XVIII y XIX se vincularon con la tuberculosis, y que el músico definía como su fuente de inspiración .
Médicos y diagnósticos
Triunfó en Viena y París. Pero la enfermedad lo obligó a suspender giras por Alemania e Inglaterra, en una época en que los ingleses peleaban con los chinos por el opio, planta cuyos derivados utilizó Chopin para paliar su sufrimiento. El éxito profesional alternaba con episodios de intensas fiebres y vómitos de sangre, que lo llevaban del piano a la cama e imponían consultas médicas, con indicaciones que abarcaban desde sangrías hasta medicamentos homeopáticos.
Dos años después de conocer a George Sand, su estado se agravó. Algunos autores revelan que fue ése el momento en que Chopin supo realmente cuál era la enfermedad que lo afectaba. Corría 1839. Según cuenta Noel Clarasó en su Antología de anécdotas , "es en Mallorca donde Chopin se entera por los médicos que lo visitan de que está tuberculoso. A uno de los médicos lo llama doctor Malvavisco, porque malvavisco era lo único que le recetaba". Los profesionales más renombrados que lo atendieron fueron James Clark, médico de la reina Victoria, y los franceses Louis y Cruveilhier.
Su propio mundo
Apasionado y patriota (pidió que su corazón fuese enterrado en Varsovia), depresivo y egocéntrico. Tales son los atributos que se han marcado como característicos de la personalidad de Chopin. Como su música, fue tierno y melancólico. A pesar de eso, se dice que era divertido y que imitaba a otros músicos para hacer reír a sus amigos.
Pero eran la soledad, el sonido del piano y la inspiración que venía de la nostalgia los elementos que lo transportaban al mundo de la creación, en el que nadie más podía ingresar. Una anécdota poco conocida lo ejemplifica: mientras Chopin vivió en París, su criado no dejaba entrar a nadie y repetía siempre la misma excusa:
-El señor Chopin ha salido.
-¿A esta hora?
-El señor Chopin no tiene horas.
Y si entonces se oía el piano y la visita preguntaba quién lo tocaba, el criado, impávido, decía:
-El señor Chopin. Pero cuando toca es como si no estuviera. Y si no está, no puede recibir.





