Se impone como el arte de envejecer bien a través de tratamientos no invasivos que permiten conservar los propios rasgos
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Con menos volúmenes artificiales, sin estiramiento de piel ni procedimientos invasivos, el wellaging es un concepto que se contrapone al antiaging, ya que no intenta detener las huellas de los años, sino que admite una mayor presencia de los signos naturales del paso del tiempo, que se atenúan suavemente. Apuntando a un buen envejecimiento, se basa en un ideal japonés y es una tendencia que intenta prevenir y recurrir a aquellos tratamientos no invasivos que permiten conservar los propios rasgos. Un claro ejemplo es la princesa Carolina de Mónaco que con 66 años se mantiene siempre joven y luminosa.
“Es un concepto nacido en Japón que se trata del “arte de envejecer bien”. En 2007 me encontré en una jornada en Nueva York en donde se ampliaba el viejo concepto conocido como wellness o bienestar -creado por Halbert Dunn en 1950-, al wellness medicine. O sea, la medicina al servicio del equilibrio en lo físico, mental, emocional y social. Es decir que, conforme pasan los años una persona sea una mejor versión de sí misma, logrando que el paso de los años se capitalice para “envejecer bien”, de forma integrativa”, afirma la cirujana plástica Cristina Sciales (M.N. 66.744).
Si bien la propuesta evita los resultados artificiales, acepta todo aquello que ayude a prevenir arrugas, eliminar manchas o mejorar la luminosidad de la piel, siempre que no sea evidente que se recurrió para ello a un tratamiento, que no debe ser invasivo, sino que apunta a aportar nutrientes. El tratamiento es un recurso que pasa desapercibido y su resultado es visible pero nunca transformador. “Los pacientes demandan resultados naturales que mejoren el estado de su rostro pero que no cambien su expresión ni sus formas. El wellaging permite adelantarse al futuro de cada paciente, en lo que al fotoenvejecimiento se refiere, y predecir y redirigir el envejecimiento para mejorar la belleza del rostro”, señala Sciales.
Así, se opone al antiaging que, por medio de intervenciones y de cirugías persigue ocultar los signos del paso de los años. El wellaging se apoya en las técnicas que apuntan a sumar luminosidad, hidratación, elasticidad y conseguir una mejor textura de la piel para corregir las alteraciones derivadas del correr del tiempo. No se trata sólo de tratamientos para favorecer la calidad de la piel. Es primordial respetar el buen descanso, la buena alimentación, la práctica de ejercicio físico y la salud y bienestar en general. “El wellaging, que respeta los rasgos, las facciones y resalta los puntos fuertes del rostro para aumentar la belleza natural de cada persona, puede aplicarse en aquellos que todavía no han experimentado grandes cambios cutáneos por el envejecimiento, previniendo estos signos antes de que se manifiesten. Por eso está también indicado para personas jóvenes”, sostiene la cirujana.
Pero, ¿cómo ocurre el envejecimiento? Desde los 20 a 25 años comienza el proceso que, más rápido o más despacio, seguirá avanzando durante toda la vida. El factor genético es el primero en incidir. “A partir de los 25 años nuestras células, los fibroblastos, que son los que nos dan sostén, se ponen más lentas, comienzan a producir menos ácido hialurónico y menos colágeno. Y ya después de los 40 años se empiezan a enlentecer y a morir”, describe Lucas Ponti, (M.N. 130388), dermatólogo especialista en medicina funcional y miembro de la SAD (Sociedad Argentina de Dermatología).
Es a partir de los 30 a 35 años cuando se evidencian los cambios en la piel, como pérdida de luminosidad, de elasticidad y la aparición de signos de expresión. Desde la juventud se impone la adopción de hábitos saludables. “Debemos cuidarnos del estrés, evitar el tabaco o la comida ultra procesada y mantener una vida activa donde el ejercicio físico esté muy presente. Todo ello se verá reflejado en el organismo y será clave para el bienestar cutáneo”, destaca Sciales.

Además de la herencia, el exposoma -todos los factores externos a los que el cuerpo se expone en su vida- juegan su papel en el asunto. El exposoma, gran responsable del envejecimiento, incluye al sol -principal causa de envejecimiento-, la mala alimentación, el consumo de tabaco, el consumo en exceso de azúcares y harinas, el smog y la falta de sueño. “Todos estos factores externos son los responsables de que esas células empiecen a envejecer. Debemos saber que no sólo envejecen las células de nuestra piel, sino también las del cerebro y las de las distintas áreas del cuerpo”, recalca Ponti.
Hoy los factores externos están en la lupa más que nunca. Se sabe que los genes definen el 30% de la vida y el 70% restante está en manos de la epigenética o exposoma, es decir, de “todos los factores externos a los que estamos expuestos, que son quienes realmente definen el envejecimiento y nuestras enfermedades”, destaca el dermatólogo que prioriza la escucha al paciente en cada consulta médica para comprender el origen de lo que manifiesta la piel. “Si estamos con cansancio crónico, eso se traduce en nuestra piel, que se verá envejecida y estresada. Muchas de las cosas que vemos en nuestra piel realmente no están en nuestra piel. Ésta es sólo el reflector que avisa que algo no está bien”, destaca.
Según un estudio publicado en Pub Med -biblioteca pública nacional de medicina de los Estados Unidos-, el estilo de vida diario se vincula con la aparición de enfermedades en la piel. Por eso, los médicos especializados en el área hoy atienden no solamente el estado de la piel, tal como lo devela el microscopio.
“La rutina de skincare empieza con lo que comés, con la hora a la que te vas a dormir, con el ejercicio que hacés y con lo feliz que sos”, afirma Lucas Ponti. El científico le presta atención tanto a las rutinas de cuidado de la piel como al buen dormir, a la alimentación sana y a la práctica de ejercicio, a los que considera claves para la salud de la piel.
Es que “el envejecimiento de la piel depende de factores genéticos y, sobre todo, de nuestro estilo de vida. Protegerse del sol y de la contaminación, llevar una alimentación equilibrada y variada es también esencial para una piel sana. Por más que usemos las mejores cremas, si no modificamos nuestros hábitos, nuestra piel seguirá estresada. Hoy es clave poner el foco en las rutinas que hacen bien”, apunta.
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En esta dirección, el profesional, durante la consulta, indaga en la vida del paciente y, “al entender cómo es su vida, se puede dar herramientas apropiadas para cada caso y para cada piel… desde adentro y por fuera también. La clave es la mirada integral”, asegura. Para Ponti, es fundamental revisar cómo vive cada uno y volverse consciente de los hábitos y rutinas que lleva cada persona, mirando más allá de la piel. “Somos básicos: comemos, dormimos, tenemos momentos de placer y nos movemos. Estos son nuestros hábitos más importantes y a los que debemos prestarle mucha atención”, sugiere el dermatólogo.
En concreto, entre los hábitos saludables a seguir, se indica una alimentación sana y equilibrada. “Si queremos que nuestra piel luzca radiante con el paso de los años, es ideal llevar adelante un plan en el que se incluyan alimentos ricos en antioxidantes y vitaminas C y E. Estos nutrientes los podemos encontrar en los frutos secos, el pimiento, el brócoli, los cítricos, el melón y el kiwi, entre otros”, enfatiza Cristina Sciales. Además, nunca descuidar la hidratación por dentro y por fuera de la piel, que es “el órgano más grande de nuestro cuerpo e hidratarlo es algo fundamental que no podemos pasar por alto”, indica.
Lucas Ponti pone en relieve la alimentación, como el factor ambiental más determinante en la expresión de los genes. Por eso recomienda disminuir la presencia de productos ultra procesados e inclinarse por aquello que proviene de la naturaleza. “Ir más a la verdulería, a la pescadería, a la carnicería y al naturista, y menos al súper y pedir menos delivery”, enfatiza. Además, sugiere alejarse del tabaco, el alcohol y el estrés. Así “se puede evitar que los genes que desarrollan enfermedades crónicas no se expresen jamás”, aclara.
El momento del descanso es fundamental ya que al dormir la piel se repara. En ese momento del día se aplican las sustancias más pesadas porque es cuando mejor actuarán. Se indica comer liviano y dormir temprano. “La hora en que se hacen las cosas cambia la vida. Si se mira una película de guerra a las once de la noche, eso afecta el sistema nervioso autónomo que deja a la persona encendida y no la va a dejar dormir”, asegura Lucas Ponti.
Para defenderse de las agresiones externas, el especialista en piel aconseja incorporar el hábito del uso del protector solar. “El daño solar es la principal causa de envejecimiento. Por eso es importante saber que nuestro mejor cuidado será protegernos del sol todo el año, con sol o en días nublados. El sol produce radiación y estrés oxidativo que, como la combustión de un auto, dentro de las células puede dañar el ADN y producir patologías”, explica.
Un gran aliado a nivel preventivo es la vitamina C. Además de su incorporación por medio de la alimentación, el dermatólogo aconseja sumarla en cremas y sérums, ya que “ayuda a prevenir la oxidación celular, retrasa el proceso de envejecimiento cutáneo, inhibe la acción de la tirosinasa -responsable de la pigmentación- y ofrece a la piel un aspecto fresco y sano”, detalla. Hidrosoluble, la vitamina C presente en productos cosméticos estimula la regeneración cutánea, promueve la síntesis de colágeno y elastina y neutraliza los radicales libres.
Wellaging es algo más que una piel cuidada que paulatinamente envejece, manteniendo los propios rasgos y expresiones. Como se trata de un concepto integral, es fundamental poder recurrir no sólo a las herramientas del campo de la estética, cuya eficacia está comprobada, sino que es preciso contar con una buena función cognitiva y deambulatoria. “Es claro y fácil de internalizar que del ectodermo o tejido embrionario derivan la piel y el cerebro. Entonces, lo que le hace bien a la piel lo hará a nuestro cerebro. Vitaminas, minerales y oligoelementos, -como el selenio, zinc, cobre, magnesio y calcio-, ejercicio -cardio, resistencia para los huesos, elongación para la flexibilidad y una buena capacidad para enfrentar los factores estresores- son la base, pero un buen dormir no se negocia-”, añade Cristina Sciales.
La cirujana enfatiza en la importancia que tienen los avances en las investigaciones sobre el equilibrio del microbioma intestinal, cuyo fácil diagnóstico es clave “para actuar sobre la alteración del mismo. Ésta impide la absorción de nutrientes y se refleja en ese desequilibrio que va desde lo inflamatorio a nivel sistémico hasta una piel opaca y cansada”, agrega.
Según Cristina Sciales un “mal envejecer” se produce cuando se pierden la curiosidad y la actividad. Desde lo sensorial, recomienda ejercitar la sensualidad como fuente de placer para no perder la capacidad de sentir. “Las emociones serán el motor para la generación de esa cascada inmunitaria, endócrina y los transmisores neuronales nos mantendrán curiosos y activos”, detalla. Por eso, recalca que el concepto no consiste en tomar mucha agua o suplementos vitamínicos “sino trabajar cada día sobre nuestra psiquis para que la resiliencia que cada día nos impone la vida no nos produzca un desgaste vital. Esto también es “wellaging”, afirma.
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