Diabetes: "Le prometí a mi hija que antes de que cumpla 20 podremos curar su enfermedad"

Jacob Petersen
Jacob Petersen
Lo afirma Jacob Petersen, de Novo Nordisk; entre otros, su equipo está desarrollando un dispositivo subcutáneo con células madre reprogramadas para que produzcan insulina
Nora Bär
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5 de diciembre de 2019  

COPENHAGUE (Dinamarca).- Con sus canales y sus callecitas centenarias desprovistas de rascacielos, la bella capital danesa sugiere escenas medievales. Pero dentro de los laboratorios ubicados a 30 kilómetros del centro de la ciudad el equipo liderado por Jacob Petersen, director de innovación y desarrollo en células madre de la compañía Novo Nordisk, vive con un pie en el futuro: ellos y otros científicos están desarrollando tratamientos con células madre reprogramadas que podrían conducir a un tratamiento curativo de la diabetes tipo I (y, tal vez, de otras enfermedades crónicas).

"Creemos que las células madre tienen la capacidad de ofrecer la cura -dice Petersen con entusiasmo-. Y la razón es que hoy podemos desarrollar las llamadas 'células beta productoras de insulina' en el laboratorio. Estamos en proceso de convertirlas en un tratamiento curativo; tanto nosotros como varios otros en el mundo. Hay compañías que ya comenzaron pruebas clínicas insertando estas células en humanos".

Los investigadores daneses trabajan en algo que llaman "terapia de sustitución": reemplazan los islotes pancreáticos encargados de segregar insulina para permitir el ingreso de la glucosa en los diferentes tejidos del organismo, pero que en los diabéticos tipo I están dañados, con otros nuevos generados en el laboratorio a partir de células "pluripotentes" (similares a las embrionarias, que pueden convertirse en cualquiera de los más de 200 tejidos que componen nuestro cuerpo). Estos luego se colocan en un pequeño dispositivo del largo de una tarjeta de crédito y de alrededor de medio centímetro de ancho, que se inserta por debajo de la piel.

Parece sencillo, pero...

"Hace unos 20 años, empezamos a estudiar cómo se desarrolla una célula productora de insulina-cuenta Petersen-. Investigamos mucho en la biología del desarrollo para poder imitar ese proceso usando células madre a las que les agregamos ciertos factores de crecimiento que les indican si deben transformarse en uno u otro linaje celular. Una vez obtenidas las células beta, las ponemos en un dispositivo que podría describirse como una bolsita de plástico que las protege del sistema inmune, pero que permite el ingreso de nutrientes y glucosa (para detectar su nivel en la sangre), y el egreso de la insulina". Y enseguida agrega, con una sonrisa: "Parece sencillo, pero no lo es".

En el caso de las células beta, la diferenciación lleva más o menos un mes. Pero también se pueden desarrollar neuronas, capaces de enviar y recibir impulsos eléctricos, o células cardíacas (cardiomiocitos), que se contraen como los del corazón.

Científicos daneses en colaboración con la Universidad de Lund, en Suecia, también están avanzando en una terapia con células madre contra el Parkinson.
Científicos daneses en colaboración con la Universidad de Lund, en Suecia, también están avanzando en una terapia con células madre contra el Parkinson.

"Hay algunas que no podemos producir, pero no es porque no pueda hacerse, sino porque todavía no averiguamos cómo", asegura Petersen. Y aclara que el próximo paso es crear miniórganos que involucren varios tipos de células, lo que los hace un poco más complejos.

"De hecho -destaca-, los islotes pancreáticos son en realidad miniórganos, porque tienen cuatro tipos celulares; entre ellos, células endocrinas que producen otras hormonas. Hacemos los islotes enteros, y no solo las células beta, porque descubrimos que a éstas 'les gusta' estar en su ambiente natural".

No los ubican en el páncreas, porque es un órgano muy delicado que también produce los fluidos digestivos y, si se mezclan, podrían promover una pancreatitis, inflamación muy dolorosa y potencialmente grave. Por otro lado, ubicar el pequeño dispositivo justo debajo de la piel permite saber exactamente dónde se encuentra y retirarlo con facilidad, si fuera necesario.

Investigador y padre

La historia de Jacob Petersen es singular. Hace tres años, después de haber dedicado su vida profesional a la investigación de la diabetes, su pequeña hija de tres años desarrolló la enfermedad.

"A lo largo de más de dos décadas hablé con médicos, con maestros, con pacientes... incluso soy el director del capítulo danés de la Federación Internacional de Diabetes -afirma-. Creí que sabía todo acerca de la enfermedad. Pero cuando mi hija desarrolló diabetes tipo I, me di cuenta de que no sabía tanto. No comprendía lo que es el peso de vivir hora tras hora con la enfermedad. Los pacientes tienen que tomar 100 decisiones diarias: qué comer, cuánta actividad física hacer... Hay que estar constantemente pensando en eso. Nunca nos abandona".

Aunque otros éxitos logrados en animales de laboratorio luego no pudieron reproducirse en humanos, el científico dice que en este caso es optimista. "Para los dispositivos es un poco más fácil -explica-. Sabemos que si tomamos células beta cadavéricas y las insertamos en personas, podemos curar la patología durante algún tiempo; esto nos sugiere que insertar células beta desarrolladas en el laboratorio tiene grandes posibilidades de éxito".

Se calcula que hoy alrededor de tres millones de personas padecen diabetes tipo I en el mundo occidental. Este tratamiento probablemente no curará al ciento por ciento, porque algunos de ellos también presentan resistencia a la insulina (característica de la diabetes tipo II), o habrá otros que por diferentes razones prefieran no recibirlo. Pero los científicos esperan que ayudará a liberar a la mayoría de los chequeos constantes y el riesgo de hiper e hipoglucemias.

"Mi hija tiene ahora seis años -se entusiasma el científico-. Le prometí que antes de que cumpliera 20, junto con todos mis fantásticos colegas, habremos encontrado una cura y ya no necesitará recibir insulina. Es, por supuesto, un desafío ambicioso, tal vez necesitemos 10 o 15 años, pero realmente creo que podremos lograrlo".

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Por: Nora Bär
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