
El músculo cardíaco segrega una hormona que regula los volúmenes sanguíneos y ayuda a bajar la presión. El sorprendente descubrimiento fue realizado por un científico argentino
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Hace 31 años, con su flamante título de bioquímico y recién casado, el doctor Adolfo De Bold se fue a vivir a Canadá. Entonces, tenía 26 y ya lo inquietaba un tema que lo mantendría ocupado durante los siguientes 12 años: el indicio de que el corazón no era solamente una bomba, sino que también tenía una función endocrina -como otras glándulas- y producía hormonas.
En 1980, los trabajos del doctor de Bold culminaron con el descubrimiento y aislamiento de la hormona del corazón, llamada Factor Natriurético Atrial (FNA). "El nombre -explica el doctor De Bold, que aún vive en Canadá y visitó Buenos Aires recientemente- se debe a que esta hormona tiene la capacidad de hacer que los riñones excreten sal ( natriuresis ). Lo de atrial es porque es producida por las células musculares de los atrios del corazón."
Hoy, el científico, que no perdió su nacionalidad argentina a pesar de haberse nacionalizado canadiense, es actualmente director del Laboratorio de Biología Celular y Molecular del Instituto de Cardiología de Ottawa. Trabaja junto con su mujer, Mercedes, también bioquímica, y tienen 5 hijos: cuatro varones y una mujer, el mayor de 26 y el menor de 19.
Una bomba, pero inteligente
Mientras más sangre vuelve al corazón, más se libera esta hormona que produce cambios en la función renal. El corazón es una bomba inteligente, tiene la capacidad de enviar señales al riñón. Cuando los volúmenes sanguíneos son abundantes, le ordena excretar más agua y sal: es reductora. Otro sistema se ocupa de aumentarlos si son escasos ( ver recuadro ).
"La hormona es un potente vasodilatador, hipotensor y diurético natural -agrega de Bold-. Pero lo interesante es que se están encontrando indicios de que no sólo tiene funciones en la regulación del volumen de la sangre, sino que también protege los tejidos. Por ejemplo, del riesgo del crecimiento cardiovascular anormal (hipertrofia del músculo cardíaco), como ocurre en casos de insuficiencia, y del proceso de arteriosclerosis o endurecimiento de los vasos."
En Alemania y Japón, el FNA se aplica en casos de insuficiencia cardíaca y renal. "En ambos casos -explica el científico- los pacientes acumulan más líquido que otras personas. Cuando hay insuficiencia cardíaca, por ejemplo, el corazón bombea menos y envía menos sangre a diferentes órganos. El riñón interpreta que tiene que aumentar volumen sanguíneo, entonces retiene sodio y agua, y se incrementa la presión arterial. Así, se produce un círculo vicioso: se sobrecargan órganos que ya están fallando."
La hormona es un péptido , una proteína pequeña. Y, como ocurre con la insulina, hay que inyectarla. Por eso, no está disponible en el mercado de medicamentos.
"No tiene ningún efecto adverso -aclara su descubridor- y eso que en el laboratorio la hemos utilizado en dosis altísimas. Despertó un gran interés por parte de la industria farmacéutica. El día que se elabore un análogo de toma oral, barrerá con todas las drogas conocidas para tratar distintas enfermedades, por ejemplo, la hipertensión arterial."
El duro sistema anglosajón
La vida de los De Bold en Canadá no fue precisamente descansada. El matrimonio compartió siempre el trabajo y estuvo muchos años sin hijos. Pero después llegaron todos juntos. "Durante varios años, tuvimos a tres con pañales al mismo tiempo", rememora el científico con una sonrisa. Ningún hijo sigue su carrera.
Los trabajos que le permitieron descubrir la hormona del corazón le llevaron 12 años, un lapso inusual. "Incluyeron todos los fines de semana de esos años; me detuve sólo un mes, en que me tomé vacaciones. Pero todos los descubrimientos están rodeados de historias parecidas. Sí, tenía un alto riesgo, porque en el sistema anglosajón un científico no se puede dar el lujo de pasar muchos años sin resolver un tema. Pero no era fácil, tuve muchas dificultades."
El doctor De Bold explica que la nueva ciencia, determinada por los lineamientos que dan los países anglosajones, tiende a demostrar que el trabajo científico poco y nada tiene que ver con el idealismo o la bohemia, y que hay que tratarlo con un sentido más práctico.
Si bien el doctor de Bold admite que el científico, en el nivel personal, puede tener interés en problemas políticos, no hay que supeditar el trabajo a cuestiones ideológicas. "Eso no se permite en el sistema anglosajón. Allí, si usted se queja, por más que tenga razón, está mostrando debilidad. Antes de quejarse, hay que buscar soluciones. El hombre de ciencia tiene que hacer su trabajo y callarse la boca."
Hallazgos argentinos
La hormona del corazón contrarresta los efectos del sistema renina angiotensina-aldosterona , que incrementa el volumen de la sangre y la presión arterial.
Curiosamente, este sistema de regulación también fue descubierto por argentinos: los doctores Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir, ambos premios Nobel, y Alberto C. Taquini y Eduardo Braun Menéndez.
Los investigadores descubrieron que este mecanismo está muy vinculado con la regulación de la presión arterial, en el que los riñones cumplen una importantísima función.
Cuando la presión disminuye, liberan una enzima renal, la renina , que aumenta la hormona angiotensina , capaz de aumentar la tensión arterial.
La angiotensina desencadena la secreción de otra hormona, la aldosterona , producida por las glándulas suprarrenales, que se encuentran en el extremo de cada riñón. La aldosterona transmite información al riñón para que retenga más sodio y elimine más potasio. Junto con la hormona antidiurética ( vasopresina ), hace que estos órganos retengan agua y ayuda a controlar la presión arterial.



