
En medio del hormigón, la conexión con la naturaleza suele limitarse a unas pocas plantas en el balcón, un jardín o una terraza. Sin embargo, una tendencia en el diseño del paisaje urbano propone enfocar la salud del suelo como eje del bienestar físico, mental y ambiental. Se trata de la convergencia entre el earthing (o grounding) y los jardines de suelo vivo, una práctica que combina la biología aplicada con la reconexión biológica en el entorno cotidiano.
El earthing consiste en el contacto directo con la superficie terrestre: caminar descalzo o manipular la tierra sin guantes. La tierra posee una carga eléctrica negativa constante debida a electrones libres.

Al entrar en contacto con ella, el organismo absorbe estos electrones, neutralizando las moléculas inestables generadas por el metabolismo celular y aceleradas por el estrés urbano. Según una revisión publicada en el Journal of Environmental and Public Health (2012) por el biofísico James Oschman, esta transferencia genera cambios fisiológicos concretos: reduce la inflamación crónica actuando como un antioxidante natural, regula los niveles de cortisol equilibrando el sistema nervioso autónomo y mejora la calidad del sueño al sincronizar los ritmos circadianos.
A este beneficio eléctrico se suma el microbiológico. El suelo fértil está habitado por la Mycobacterium vaccae, una bacteria saprófita (que se alimenta de materia orgánica muerta o en descomposición como hojas secas, madera caída, restos de animales, excrementos, etc.), omnipresente en la materia orgánica.
Un estudio liderado por el neurocientífico Christopher Lowry (Universidad de Colorado Boulder), publicado en la revista Neuroscience (mayo 2007), demostró que la exposición a este microorganismo estimula las neuronas serotoninérgicas en la corteza prefrontal del cerebro, aumentando la producción de serotonina con un efecto antidepresivo y ansiolítico natural. Trabajos posteriores del mismo equipo en Brain, Behavior, and Immunity (mayo de 2019) confirmaron que sus lípidos ejercen un efecto inmunomodulador duradero contra las respuestas inflamatorias inducidas por el estrés.
Cultivar en la ciudad y reconectar con la biología
Frente a estos hallazgos, la falta de un espacio verde no representa un impedimento en las grandes ciudades. Balcones, terrazas y hasta ventanas bien iluminadas ofrecen el espacio necesario para cultivar aromáticas y hortalizas mediante el uso eficiente de sustratos, hidroponía y bioinsumos.

Consultados por LA NACION, los investigadores del INTA y del Conicet destacan que la elección del medio de crecimiento es un factor determinante para estructurar un espacio productivo y saludable. En ese sentido, Esteban Rubio, investigador del Instituto de Floricultura de INTA, explica que los sustratos brindan el soporte físico, la aireación y la retención de agua necesarias para el desarrollo radicular en macetas o contenedores.
“Los sustratos pueden elaborarse combinando turba, corteza de pino compostada, fibra de coco, perlita y composts orgánicos”, detalla Rubio. Sobre la importancia del compost, resalta: “Su aporte orgánico y microbiano suma vida biológica al sistema de cultivo y permite aprovechar los residuos del hogar que de otro modo serían descartados”.
Asimismo, advierte que “tanto los cultivos en sustrato como los sistemas hidropónicos permiten un uso mucho más eficiente del agua y de los nutrientes, optimizando recursos mediante el reciclaje de soluciones o el aprovechamiento del agua de lluvia”.
Por su parte, cuando el suelo del lugar no es apto o el espacio resulta excesivamente acotado, la hidroponía surge como una alternativa limpia, versátil y de alto rendimiento. Del griego hydro, agua, y ponos, trabajo, es un método de cultivo de plantas que prescinde totalmente del suelo agrícola, reemplazándolo por una solución acuosa enriquecida con los nutrientes minerales esenciales que la vegetación necesita para desarrollarse.
Analía Puerta, investigadora del Instituto de Floricultura de INTA y docente de Horticultura en la UNLu, detalla que existen variados sistemas, desde bandejas flotantes hasta los esquemas NFT (canales con lámina nutritiva) y los muros de cultivo vertical. “Estos sistemas constituyen una excelente alternativa para producir en lugares donde el suelo no es apto, las condiciones climáticas son extremas o el espacio disponible es muy reducido”, explica la investigadora. Además, enfatiza sus ventajas ergonómicas y sanitarias: “Muchos de estos sistemas posibilitan el cultivo en altura, facilitando las tareas de mantenimiento y cosecha de pie, al tiempo que reducen la necesidad de usar agroquímicos”.
Alineados con los principios de la economía circular, los especialistas señalan que los materiales de cultivo no deben descartarse tras la primera cosecha. Puerta explica que “el sustrato utilizado puede reutilizarse en la producción de un nuevo cultivo, transformando un residuo en un recurso valioso”.
Para lograr una reutilización segura en el hogar, propone una secuencia sencilla: “Acopiar, homogeneizar, tamizar, desinfectar y definir el nuevo uso del material”. Respecto de las técnicas ecológicas de desinfección, recomienda la solarización o la biosolarización: “Esta última combina la energía solar con el agregado de restos orgánicos picados, especialmente de coles, que al descomponerse liberan sustancias naturales de control contra plagas y patógenos”.

Finalmente, la integración de bioinsumos complementa el manejo sustentable en el hogar. “Elaborados a partir de microorganismos y extractos vegetales, los bioinsumos mejoran la nutrición y la sanidad vegetal de forma ecológica y totalmente compatible con espacios habitados”, indica Rubio.
Además de alimentar al hogar, estos rincones verdes funcionan como pequeños refugios para insectos polinizadores, estimulando la biodiversidad urbana y fortaleciendo el vínculo vital con los procesos biológicos que nos rodean.
Cinco claves para empezar
- Elegir especies adecuadas a la luz y al espacio disponible.
- Utilizar un sustrato de alta calidad según las necesidades de la planta.
- Regar respetando la demanda específica de cada cultivo.
- Combinar especies florales, aromáticas y hortalizas para diversificar.
- Iniciar con pocas plantas e incorporar experiencia de manera gradual.
Las bases del suelo vivo
¿Qué es un sustrato y en qué se diferencia del compost? El sustrato es el medio físico que sostiene las raíces y aporta aire y agua en macetas o contenedores. El compost es residuo vegetal transformado que aporta materia orgánica y vida microbiana, utilizándose directamente o como ingrediente clave del sustrato.
¿Es posible cultivar de forma eficiente sin utilizar suelo? Sí. Los sistemas hidropónicos y los cultivos en sustrato permiten producir vegetales utilizando agua enriquecida con nutrientes o soportes alternativos, siendo ideales para balcones y terrazas.
¿Cómo sanitizar el sustrato casero para reutilizarlo sin riesgos? A través de la solarización (calentar el material húmedo bajo plástico transparente al sol durante 30 a 45 días) o la biosolarización (sumando restos picados de coles para liberar biofumigantes naturales).
¿Qué son los bioinsumos y por qué usarlos en casa? Son productos formulados a partir de microorganismos beneficiosos o extractos vegetales. Potencian el crecimiento y protegen la sanidad de los cultivos sin recurrir a químicos sintéticos, siendo seguros para la salud en entornos familiares.