Un referente del sector de salud explicó cómo enfretan el problema de los costos y el potencial que tiene la IA
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En un momento de transformación para la industria de la salud, por el auge de la inteligencia artificial y otras tecnologías, un referente de la industria de los prestadores de servicios médicos detalló cuáles son los desafíos que enfrentan y cómo están haciendo para resolverlos.
“El prepago financia la atención médica, que después se desarrolla en sanatorios, centros de diagnóstico y, eventualmente, en el consultorio individual del médico. Esto conforma una cadena de valor, lo que implica que todos sus actores están íntimamente relacionados: lo que le ocurre al prepago repercute enormemente en los demás”, explicó José De All, presidente de Medicus, en el sexto capítulo del Summit de Salud organizado por LA NACION. Según relató, la empresa forma parte de un proyecto familiar iniciado por su padre, un cirujano torácico y cardiovascular que adquirió un tercio de las acciones en 1985. Con el tiempo, la familia pasó a controlar el 100% de la compañía.
De All señaló que, actualmente, existe un desafío en esta industria, a nivel global, vinculado al crecimiento de los costos. “En los países desarrollados, estamos extendiendo las expectativas de vida, gracias a la tecnología, pero esa tecnología hay que financiarla. Y ese es el desafío central, no importa si los fondos son públicos o privados; Inglaterra y Canadá tienen el mismo desafío que tenemos nosotros, Estados Unidos y Australia también”, advirtió el presidente de Medicus.

“Hace 20 años, todo lo que tiene que ver con medicaciones para un financiador –ya sea uno que usa fondos públicos o privados- no era más del 6% de su presupuesto. Hoy, eso está arriba del 25%”, apuntó De All, quien explicó que eso se traduce en calidad de vida y en atención de enfermedades que antes no se podían abordar. Sin embargo, “no hubo menos cirugías, menos atenciones ambulatorias, o sea que, hay una necesidad de que aparezca un financiamiento para estas nuevas tecnologías (medicamentos y cirugías y procedimientos), que tiene que surgir de algún lado”.
El especialista explicó que el sistema de salud tiene fondos limitados y que, de hecho, en muchos países resuelven este problema haciendo un manejo estricto del presupuesto: “En Inglaterra, si te rompés la cadera en agosto y no hay cupo para que te la cambien, y no es una urgencia, tendrás que esperar a febrero o marzo del año siguiente. Y la gente espera. Lo que no pueden ajustar por precio -por el aumento de costos- lo ajustan por accesibilidad”.
De All explicó que, un modelo de referencia para el sistema público suele ser Canadá, Australia y, eventualmente, Inglaterra. “El tiempo promedio en Canadá e Inglaterra para acceder a un especialista está casi en 6 meses, según un paper de The Economist”, ejemplificó el ejecutivo. En la Argentina, los tiempos de espera también existen, incluso para las personas que pagan una prepaga. En ese sentido, De All explicó que “el sistema de salud de la Argentina viene de años y años de estrictísimo control de precios. Cuando uno le pone el pie en la cabeza al precio de la cobertura médica, esa cobertura médica ajusta o por calidad o por accesibilidad. Y cuando uno rompe el sistema, porque estuvo prácticamente destruido -médicos que se fueron, conflictos con centros de diagnóstico- después es muy difícil rehacer ese tejido. El sistema de salud estuvo con control de precios, como consecuencia, bajó la oferta de servicios”.

“A pesar del esfuerzo que hace la gente para pagar su cuota, que valoramos un montón, cuando uno rompe algo es muy difícil rehacerlo”, aseguró De All y agregó más adelante: “No hay magia, esto tiene que tener un precio de acuerdo a los servicios que está dando y los costos que tiene”.
En ese contexto, surge una inquietud evidente: ¿la industria es rentable? “En el mundo, en Estados Unidos, tiene rentabilidad del 1, 2, 3%. En la Argentina los resultados operativos del último año fueron entre bastante malos y desastrosos”, señaló De All, quien explicó que la Argentina está atrasada en tecnología, desarrollo y accesibilidad. “Al comparar la situación local con la de otros mercados -como el caso de Brasil-, al lado nuestro son la NASA. Ellos tuvieron acceso a un financiamiento adecuado para hacer el catch up tecnológico. Si uno gana el 2%, pero apenas paga los costos, ¿cómo accede a un resonador de última generación que vale entre 2 y 3 millones de dólares?“, detalló el presidente de Medicus, quien explicó que, en su caso, cuentan con distintos planes, para lograr alta calidad y accesibilidad. Entre ellos, existe uno que puede bajar hasta en un 40% los precios: ”El riesgo para 25 días de terapia intensiva es algo que para el bolsillo común es inalcanzable. Pero si me tuerzo el dedo, me ve el traumatólogo y me hacen una radiografía, y me pongo un yeso, lo puedo pagar del bolsillo. Usando esa inteligencia para la accesibilidad uno puede bajar un 40% los precios".
En este contexto, la inteligencia artificial aparece como una herramienta que, bien utilizada, “tiene un potencial enorme de ayudarnos a bajar costos”, explicó De All. En su caso, desarrollaron muchos trabajos para el uso de medicaciones de alto costo en pacientes con, por ejemplo, cáncer colorrectal o cáncer de próstata muy avanzados. La IA ayuda en la selección de esos pacientes, para saber -con un estudio muy básico de laboratorio- si esos pacientes se benefician o no de esa tecnología nueva. Por otro lado, en diagnóstico, están usando una herramienta que permite la lectura de lesiones de piel: “Lo hacemos asistiéndonos por un dermatólogo, porque estamos convencidos que la IA no reemplaza al humano, sino que lo ayuda; y la detección temprana de una lesión no benigna de piel, potencialmente cancerígena, genera un ahorro sustancial para el sistema de salud en comparación con una detección tardía”.
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