
Un estudio de la OMS se propone dilucidar de una vez por todas cuáles son los efectos de las radiaciones electromagnéticas de los numerosos aparatos que albergamos en lo más íntimo de nuestros hogares y lugares de trabajo
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Probablemente, usted asocia la contaminación con agentes agresivos que están fuera de su casa o del lugar donde trabaja. El smog, los escapes de los autos, los ruidos ensordecedores...Sin embargo, la contaminación también podría estar bien cerca. ¿Dónde? Dentro de su propia casa.
Tal vez, usted es de los que se duerme con el televisor encendido. O, quizá, para no tener que levantarse, ubicó el teléfono inalámbrico y el contestador al lado de la cama. Seguramente en su trabajo utiliza computadoras o fax.
Todos estos aparatos tienen algo en común: se alimentan de corriente eléctrica. Y si bien son muy útiles -a esta altura diríase que imprescindibles- emiten radiación electromagnética, cuyos efectos sobre la salud humana vienen estudiándose desde hace años, sin dictamen final.
"Existe una controversia en la materia -explicó el ingeniero Nicolás Cristea, titular de la cátedra de Electromagnetismo y Medios de Enlace de la Universidad Nacional de La Matanza y miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York-. En los últimos 40 años se han realizado unos 10.000 estudios para determinar si las radiaciones electromagnéticas dañan la salud humana. Pero no hay acuerdo en materia de resultados." El ingeniero Cristea agregó que el riesgo es una controversia, pero que sin embargo algunos lo admiten en forma fehaciente. En la Unión Europea, por ejemplo, todos los electrodomésticos y los equipos eléctricos y electrónicos tienen un control de emisiones, con un doble propósito: evitar las interferencias electromagnéticas y asegurar el buen funcionamiento de los equipos, y proteger a las personas de las potenciales afecciones producidas por dichas radiaciones.
"La acumulación de estas emisiones genera un fenómeno llamado electrosmog -afirma la arquitecta Tetela Castro, especializada en calidad del aire interior de la vivienda y el lugar de trabajo-. Más allá de un determinado umbral y por efecto acumulativo se piensa que las radiaciones pueden desencadenar enfermedades autoinmunes, alergias, fatiga crónica, anemias, trastornos del sistema nervioso y hasta distintos tipos de cáncer. Existen normas internacionales de control de emisiones, pero en la Argentina no se aplican. Tampoco se siguen criterios para reducir el tiempo de trabajo frente a las computadoras, pese a que numerosos estudios indican que sus radiaciones agreden el sistema neuroinmunoendocrino."
Ladronas de melatonina
El ingeniero Cristea explicó que se realizaron experiencias con animales de laboratorio irradiados con campos electromagnéticos intensos y se comprobó un brusco descenso de la hormona melatonina, la hormona que segrega la glándula pineal. Una disminuciónde la melatonina, que regula la alternancia del sueño y la vigilia, produce una alteración del ritmo biológico.
"Estos resultados no se pueden extrapolar a seres humanos -advirtió el especialista-. Pero es muy frecuente que luego de trabajar un turno completo frente a una computadora las personas sientan molestias visuales, cefaleas, cansancio, dolores articulares e irritabilidad, y no puedan recomponerse fácilmente de ese stress."
El ingeniero Cristea indicó que en experimentos con células humanas in vitro sometidas a radiaciones electromagnéticas se comprobó el aumento de la velocidad de la división celular. Esto podría asociarse al desencadenamiento de enfermedades como el cáncer en personas predispuestas o Mal de Alzheimer, que supone un envejecimiento precoz de las células nerviosas.
El especialista agregó que la Organización Mundial de la Salud realiza una investigación internacional para disipar las dudas que existen sobre los riesgos de contaminación electromagnética. Los resultados estarán en el 2002.
Lo que es una controversia respecto de las personas no lo es, sin embargo, en el mundo de la industria. En ese ámbito, se sabe que las radiaciones de algunos aparatos pueden afectar a otros. Los productores cumplen con normas de compatibilidad electromagnética que, de no seguirse, pueden perjudicar el funcionamiento de los equipos. "Por eso actualmente el Ente Regulador de la Energía (ENRE)impone normas de compatibilidad" , explicó Cristea, quien integra la comisión de compatibilidad electromagnética del Instituto Racionalizador de Materiales (IRAM).
Una nueva higiene
La arquitecta Tetela Castro utiliza un pequeño aparato para medir el campo electromagnético que emiten los aparatos que existen en la gran mayoría de las casas: televisores, videocassetteras, computadoras, contestadores telefónicos, radios, microondas, faxes, relojes digitales, electrodomésticos de cocina y los mismísimos enchufes.
Grande es la sorpresa al comprobar que aun apagados -pero no desenchufados- continúan emitiendo radiación. "Hay que aprender a convivir con la tecnología con una nueva higiene -dice la arquitecta-. La opción no es rechazarla, sino utilizarla bien, minimizando sus riesgos". Y, para esto, aconseja:
- Dormir a 60 centímetros como mínimo de los aparatos eléctricos; sino, desenchufarlos.
- Limitar la utilización de secadores de pelo y afeitadoras eléctricas.
- Si se es usuario de telefonía celular, elegir aparatos de baja radiación.
- Frente a la computadora, ubicarse a 60 centímetros del monitor y a 1,50 metros de las paredes laterales y traseras de otras computadoras. Si el tamaño del lugar no permite esta distancia, dividir los puestos de trabajo con chapas de hierro común de 1 a 2 mm. de espesor, que ofician como un corto circuito para el campo magnético.
- Todos los aparatos deben conectarse a un mismo cable a tierra para lograr la equipotencialización (que el campo generado sea uniforme).
- Todas las noches, realizar una ducha (no baño de inmersión). Esto ayuda a descargar el cuerpo de radiaciones electromagnéticas.
- Cuando se trabaje frente a la computadora, tomarse un descanso de 10 minutos por hora, caminar, mirar un punto lejano, estirarse.




