
Utilizar las plantas en estado puro para tratar enfermedades es una tradición muy antigua. Países del Primer Mundo están tratando de recuperarla
1 minuto de lectura'
Un dermatólogo, compañero de trabajo y amigo, me llamaba el médico brujo -cuenta Jorge Alonso, presidente de la Asociación Argentina de Fitomedicina-, un poco con tono de buen humor, un poco con tono de burla. Un día llega a la consulta una joven con psoriasis. Había consultado a varios especialistas y el tratamiento era siempre el mismo: cremas con corticoides. Cansada de deambular sin resultados, vino a verme. Le recomendé una dieta vegetariana, baños termales, actividades recreativas y la aplicación de una fórmula herbaria en forma oral y tópica. Al término de tres meses la mejoría era significativa. Contenta con los resultados, visita a su dermatólogo (mi amigo) para que viera su mejoría. La respuesta fue: ¿Así que se curó con unos yuyitos, Susana? ¿No ve que lo suyo era psicosomático?"
La historia no terminó allí. Por esas ironías de la vida, el doctor Alonso y su amigo dermatólogo coincidieron en un congreso en Misiones. En las horas libres, decidieron hacer una caminata por los senderos lindantes con las cataratas. "El dermatólogo apartó una rama con el machete... y se cortó el brazo. Un lindo tajo. Lógicamente no había ninguna farmacia cerca. Luego de hacer un torniquete le apliqué una compresa con plantas. Para su sorpresa, la herida no sólo cicatrizaba, sino que no parecía infectarse. ¿Cómo se llaman las plantas que me pusiste en la herida?, me preguntó. Eran badana y caléndula, las mismas que había utilizado aquella paciente con psoriasis."
Yuyos del Primer Mundo
La historia ilustra bien a las claras las diferentes actitudes con que la medicina observa el uso de plantas terapéuticas: en unos casos con desconfianza, en otros con franca aceptación. Según la Organización Mundial de la Salud, el 80 por ciento de la población mundial depende para su atención primaria de las plantas medicinales. Las poblaciones de bajos recursos que no tratan a la medicina oficial se atienden con las plantas de su ecosistema.
Durante mucho tiempo, la fitoterapia quedó relegada a los sectores marginales. Pero ahora la ciencia del Primer Mundo está encargándose de rescatarla. En la Universidad de Montpellier (Francia) la fitomedicina es una especialidad reconocida y los graduados pueden ejercerla en toda Europa. Y en los Estados Unidos se puede estudiar cuatro años para llegar a ser un naturópata, especialista que si bien no puede diagnosticar, sí puede tratar a un paciente. En nuestro país, todavía no está reconocida como especialidad, aunque la Asociación Médica Argentina ha inaugurado un comité para que se dedique a la investigación. "Los expertos estudiarán la acción de esta ciencia no tradicional desde una base científica", explicó Elías Hurtado Hoyo, presidente de dicha asociación.
Los primeros entendidos en plantas medicinales fueron los brujos y chamanes de las comunidades indígenas. Personas que por medio del ensayo y el error puestos en práctica en sus propios cuerpos conocieron los efectos del mundo vegetal. Cuando los españoles llegaron a América se encontraron con una medicina aborigen muy desarrollada, que sólo algunos supieron aprovechar. "Por ejemplo, Pedro de Mendoza se curó una sífilis gracias a un chamán local", cuenta el doctor Alonso.
Medicina heredada
"En ese entonces -prosigue-, la medicina europea curaba con arsénico, mercurio y otros grandes tóxicos. Quizás una explicación sea que en ese continente no hay tantas especies de plantas como en América (toda Europa tiene 12.000 especies, y sólo un país americano, por ejemplo Perú, duplica esa cantidad). Otra explicación posible es la gran pérdida de conocimientos sobre plantas medicinales que hubo en la Edad Media con la quema de brujas que produjo la Inquisición. En ese entonces el clero era el encargado de sanar, y las brujas resultaban una competencia molesta. Pero más allá de los rituales e invocación de espíritus, las brujas eran personas que habían heredado los conocimientos sobre plantas."
Sin embargo, la verdadera decadencia de la fitoterapia se dio a partir de la aparición de la industria química, con la Revolución Industrial. Hoy ambas escuelas tienden a amigarse, porque cada una puede ser eficiente en un aspecto de la enfermedad. Muchos investigadores se están internando en las selvas en busca de yuyitos . Y es justo: solamente se conoce un 10 por ciento de las propiedades de la flora mundial.
A cada uno su cada cual
La farmacología trabaja mayormente con combinaciones químicas que se logran en forma artificial en el laboratorio. La fitomedicina, en cambio, trabaja con compuestos que se pueden encontrar en la naturaleza sin necesidad de alterarlos. En algunos rubros, la fitomedicina brinda grandes ventajas. "Muchos fármacos sintéticos causan efectos adversos o adicción -afirma Alonso-. En trastornos como el insomnio, el stress, la depresión o de inmunidad, la fitomedicina tiene soluciones muy equilibradas. En el insomnio, por ejemplo, aunque el fármaco natural tiene menos poder de acción que el sintético (una quinta parte de la acción de un barbitúrico), se obtiene un excelente resultado sin exponerse a efectos adversos. Lo mismo sucede con los trastornos de ansiedad. La valeriana, la pasionaria, el lúpulo y la melisa, combinadas en dosis adecuadas, pueden ser un gran remedio."
Si bien muchos desconfían de los principios activos de las plantas, hay otros que caen en el extremo opuesto de adorarlas. "A veces vienen a verme en busca de la planta milagrosa que cure todo. Y no existe. También hay pacientes que vienen huyendo de la medicina tradicional y ése es otro gran error. Por ejemplo, en el caso del cáncer. Mi deber es insistir en el tratamiento convencional, porque ambas medicinas se complementan: yo ayudo a paliar los efectos colaterales, como las náuseas y la caída de cabello u otros síntomas que hacen a la calidad de vida."
Jarabes, tisanas y pomadas
La fitomedicina trabaja con distintas herramientas: jarabes, pomadas, aceites, tinturas, extractos secos y fluidos, tisanas y aromaterapia. Muchos de estos elementos requieren una combinación personal, según la necesidad de cada paciente; las receta un médico y las amasa y mezcla un farmacéutico.
Según el trastorno, la personalidad, las ocupaciones y el estado de ánimo del paciente, se elige el tratamiento y la forma de suministrarlo. "Si son personas con mucha actividad, lo más probable es que se les indique compuestos a través de pastillas con componentes naturales; es que un tratamiento que incluyera infusiones o inmersiones tres veces por día no sería práctico. Además hay que prestar especial atención a las emociones. Tanto la depresión como el stress bajan las defensas y predisponen a la enfermedad."
Otro error es creer que las plantas son inofensivas. Las tóxicas pueden causar la muerte. "Por ejemplo -aclara el especialista-, el té de tilo se toma para dormir o para relajarse. Y esto está muy bien. Pero pocos saben que si se toman más de cinco tazas genera el efecto adverso: insomnio. O el aceite de eucalipto, que se usa como broncodilatador. En exceso, produce un efecto vasoconstrictor (asma). O mucho peor todavía: la ruda, que se utiliza como antiparasitario, en mujeres embarazadas puede ser abortiva."
Consejos naturales
- Menopausia: consumir vegetales con fitoestrógenos, como la soja y los brotes de alfalfa.
- Para el mal aliento: perejil en ensaladas o infusiones (seco, dos cucharadas). También infusiones de cardo mariano, muy común en la provincia de Buenos Aires. Ambos favorecen la actividad del hígado.
- Para la acidez o la gastritis: agregar en la dieta jugo de repollo, arroz cocido, banana y queso de soja.
- Para endulzar: la yerba dulce (ka´ a he´ e, en guaraní) que crece en el Norte es un edulcorante natural, no tiene efectos adversos, no engorda y puede ser utilizada por diabéticos.
- El ajo: es un excelente anticoagulante. Cuando se cuece, produce compuestos hipolipemiantes (disminuyen los lìpidos), hipoglucemiantes (disminuyen el azúcar) y antiparasitarios.
- Náuseas y vómitos: el jengibre.
- Para aliviar el enrojecimiento de la piel por quemaduras solares: aplicar rodajas de tomate, vegetal rico en licopeno, un antioxidante que frena el deterioro de la piel.






