
Investigadores de la Facultad de Psicología de la UBA descubrieron que todos conocen a los personajes de la campaña, pero que no interpretan el mensaje de la misma manera
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Fleco y Miroli, el dibujito del flequillo y el doctor concienzudo de la última campaña nacional para prevención de la drogadicción, no han pasado inadvertidos. De hecho, según una investigación realizada por un equipo de especialistas de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, casi todos los jóvenes los conocen. Lo que no se sabe es cómo impacta en ellos este tipo de campañas.
"En nuestro país no hay un seguimiento del efecto que producen las campañas de prevención -explican Graciela Zaldua y Hugo Leale, investigadores de la mencionada facultad. Más allá de su continuidad o discontinuidad, si pensamos en el costo del minuto televisivo, podemos tener una idea aproximada de lo que significa para todos nosotros mantener una campaña como ésta. Por eso quisimos conocer sus efectos."
La investigación se realizó en tres colegios secundarios para conocer las diferentes interpretaciones que hacen los jóvenes según el sector sociocultural y el género al cual pertenecen. Una de las escuelas corresponde a un área marginal urbana, cuyo alumnado tiene un bajo nivel socio-económico, con un índice elevado de necesidades básicas insatisfechas (NBI). La otra es de nivel medio-bajo; el tercer caso corresponde a un colegio universitario (los alumnos en su mayoría pertenecen a un nivel económico medio, medio-alto). En todos los casos se tomaron alumnos de 2º año o su equivalente provincial: noveno del EGB.
Personajes conocidos
"Trabajamos primero con una encuesta que administramos a todos los jóvenes. Luego, se formaron grupos para recoger las opiniones, fantasías y escenas temidas vinculadas con las drogas. Por último, utilizamos una técnica de producción gráfica grupal", comentan los especialistas.
A partir de las respuestas, no cabe duda del impacto, todos los adolescentes conocen a Fleco y Miroli, aunque en cada uno impacta de forma diferente.
En este sentido conviene señalar que no es posible hablar de un joven tipo. Hay grandes diferencias de un grupo a otro que es necesario tener en cuenta a la hora de organizar una campaña. Por ejemplo, los jóvenes con más deventajas sociales están anclados a lo concreto y tienen dificultades para hacer las mediaciones simbólicas propias de su nivel de escolaridad. Esto muestra que la escuela pública ya no es suficiente para sacar a los chicos marginales de su situación de desventaja sociocultural.
Además, cambia su proyección hacia el futuro. Los chicos y chicas del colegio universitario pueden pensar un proyecto de vida en términos de diez años por lo menos. Para los jóvenes de bajos recursos, el tiempo está más ligado al presente o a un futuro inmediato. En ellos irrumpe la incertidumbre por la superviviencia, lo que pone al descubierto su vulnerabilidad social.
Poco lugar para Male
Pero, ¿cómo interpretan los distintos grupos los mensajes que salen de la pantalla? Los investigadores observaron diferencias por género. Algunas chicas, desde el lugar de mamás reproducen los mensajes preventivos mecánicamente. En el mismo sentido, mientras ellas ven en la asociación droga-muerte un sinónimo de amenaza a su proyecto de maternidad, para los hombres la muerte se liga a la policía o los vendedores. En este punto es interesante analizar cómo se impone el estereotipo sexista en el personaje femenino: Male, la contrafigura femenina de Fleco, pasa casi inadvertida.
En las dos puntas del espectro social los jóvenes criticaron la campaña. Los chicos de más bajo nivel socioeconómico denunciaron que "la policía y los políticos están con los narcos". Así se percibe la combinación de problemas legales, de represión (gatillo fácil), y lo paradójica que resulta la estrategia de la abstinencia como ideal, en relación con la prevención y la asistencia. Su postura crítica se tradujo en frases como: "Mirá si estará volado Miroli, que habla con un dibujito".
Además, los gráficos permitieron observar que estos jóvenes tienen una relación más directa con el problema. Por ejemplo: dibujaron adictos con los ojos inyectados en sangre, lo cual no se ve en el mensaje televisivo. Otro rasgo sobresaliente de sus dibujos fue que incluían zapatillas y vestimenta deportiva de marca reconocida y cara, dejando entrever la fuerte relación que hay entre droga, poder y sociedad de consumo.
Primero, evitar los daños
Los alumnos del colegio universitario también asumieron una postura crítica: "El flaco nunca se acerca a un chico drogado. Es una campaña discriminatoria porque sugiere que no hay que acercarse a los drogadictos". Pero tal vez porque son más niños, su relación con la droga es más distante. Por otro lado, aunque justamente en las escuelas de los sectores más pobres es donde los jóvenes están más expuestos a la droga, sólo las autoridades del colegio universitario mostraron interés en plantear el tema de la drogadicción y las campañas de un modo más interactivo y menos estereotipado.
"En este sentido, la primera crítica que podemos hacer es que las campañas, aun suponiendo su continuidad en el tiempo, no sirven como dispositivo único, sino como marco a otras acciones. Deben encuadrarse en un contexto más general, que considere las fuertes contradicciones en la identidad de los jóvenes. Deben, además, abrir las puertas al cuestionamiento: ¿cuál es la relación que se establece entre el objeto droga y el sujeto que consume?, ¿es la droga un objeto valioso que ofrece a los jóvenes identidad?, ¿demarca terrenos de inclusión o exclusión?", cuestionan Zaldua y Leale.
"Podemos decir que la campaña nacional presenta estrategias de prevención de tipo normativo sobre el deber ser y el daño que producen las drogas -continúan-. Critica las sustancias y recurre a lugares comunes, como asociar la droga con la muerte o a un sujeto pasivo que es accionado por una droga activa. Es una campaña de estereotipos tradicionales definidos desde lo moral y no posibilita que los sujetos cuestionen su relación con la sustancia, qué significa para ellos y para su grupo de pertenencia, así como el placer y el goce que tiraniza a los consumidores", reflexiona Zaldua.
Diferentes estrategias
En este momento existe una fuerte discusión en cuanto a las estrategias de prevención.
Una corriente sostiene que la clave es la abstinencia. Su representante, EEUU, es el país de mayor número de consumidores abusivos. Europa, en cambio, apunta a evitar conductas temerarias.
Específicamente en el caso de las drogas más fuertes, aunque en nuestro país suene casi como apología de la droga, buscan desalentar el consumo endovenoso y evitar los daños sobreagregados por el uso de sustancias de mala calidad. En la Argentina la reducción de daños sólo se implementa en pocos lugares públicos.
Las campañas que apuntan a la reducción de daños pueden compararse con las que buscan disminuir los riesgos frente al consumo de alcohol: si bebe, no maneje .
Las campañas contra el Sida que involucran personalidades del espectáculo y del deporte, también sirven como punto de comparación.




