
La disciplina, que se juega con una pelota ovalada en equipos de nueve contra nueve, promueve la destreza, el equilibrio y la velocidad; hay una liga en la Argentina
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Por usar una pelota ovalada y su ritmo vertiginoso, a simple vista podría confundirse con el rugby. Por su nombre, muchos podrían asociarlo al fútbol tradicional. Sin embargo, el global footy es una variante segura y adaptada del fútbol australiano que ha encontrado en la Argentina un laboratorio de experimentación.
En un país donde la cultura de la pelota es religión, esta disciplina propone cambiar la red por cuatro postes y el pase de manos por un golpe de puño, todo bajo una dinámica que premia la acrobacia y la resistencia.
Su origen se remonta a la mente de Brian Clarke, un australiano que entendió que, si bien el footy (deporte nacional de su país) tenía una mística inigualable, enfrentaba dos grandes barreras para hacerse más popular a nivel global: un contacto físico extremo y dimensiones de campo desmesuradas. Clarke diseñó entonces el global footy, una versión de 9 contra 9 jugadores con contacto limitado, capaz de adaptarse a las canchas de fútbol o rugby tradicional, popularizando así su práctica fuera de las fronteras.
En nuestro país, el desembarco llegó de la mano de Ricardo Acuña, presidente de la WASG (World Alternative Sports & Games), quien plantó la semilla en 1998, como uno de los ocho deportes fundadores de Codasports (Comisión de Deportes Alternativos de Argentina).
Su mirada es la de un gestor deportivo que ve en lo “no convencional” una herramienta de transformación social: “Descubrí este deporte debido al gran Nicanor González del Solar en su programa Deporte en acción; automáticamente lo adopté y comenzamos a jugarlo en mi círculo de rugby”, recuerda. Esa curiosidad inicial lo llevó a especializarse en Perth, Australia, dentro del prestigioso Club West Coast Eagles.
Entre 2002 y 2009, el Club Daom en la ciudad de Buenos Aires inauguró una liga de cuatro equipos que sentó las bases en suelo porteño. Hoy, el deporte cuenta con unos 60 jugadores federados en Córdoba, Chubut, Santa Cruz y Buenos Aires. “El salto de calidad se dio gracias a la diplomacia deportiva: entre 2008 y 2011, equipos como los Santiago Saints y los Australian Convicts visitaron la Argentina para disputar test matches, donde los locales pudieron aprender a jugar a otro nivel”, sigue Acuña.
Campo y el puntaje
El campo se organiza de manera simétrica: cada equipo utiliza tres defensas, tres medios y tres ataques. El objetivo es sumar puntos mediante dos vías: el gol y el behind. Se utilizan las metas de rugby (“H”), pero se les añaden dos postes más cortos a los costados. Si el balón es pateado y pasa por el centro de los postes centrales, se grita un gol (6 puntos). Si pasa entre un poste central y uno lateral, o si toca un poste central antes de entrar, se suma un behind (1 punto). Esta estructura mantiene el marcador en movimiento constante y genera incertidumbre hasta el final.
A diferencia del rugby, el pase se realiza con golpes de puño cerrado. El jugador puede correr con la pelota, pero solo puede progresar hasta cinco metros; si desea continuar, la pelota debe tocar el césped y volver a sus manos. Este rebote obligatorio convierte cada corrida en una prueba de destreza motriz, considerando la forma ovalada del balón.
Como particularidad, la jugada que define la identidad estética del footy es sin dudas el mark, que se produce cuando un balón es pateado y vuela más de diez metros sin tocar el suelo. Si un jugador lo atrapa limpiamente en el aire, el árbitro habilita un tiro libre directo a los postes. “El mark es la jugada más espectacular. Para alcanzar el balón en el punto más alto, los atacantes pueden utilizar a los rivales como plataforma de altura, apoyando sus rodillas o manos en la espalda del oponente para impulsarse”, describe Acuña la espectacularidad del juego.
Más capacidad pulmonar
Desde una perspectiva médica, la doctora Jimena Pérez Pelliser destaca algunos de los beneficios para la salud que implica su práctica regular: “El global footy es uno de los deportes más exigentes. Su práctica mejora excepcionalmente el sistema cardiovascular y metabólico; al combinar sprints de alta intensidad con carreras de larga distancia, el corazón se vuelve más eficiente y la capacidad pulmonar aumenta”, señala.
Además de combatir el sedentarismo, mejora la sensibilidad a la insulina y fortalece la densidad ósea. “Al involucrar movimientos en 360 grados, desarrollamos un equilibrio dinámico que protege el cuerpo en la vida diaria. Debido a la velocidad, las lesiones frecuentes son esguinces de tobillo, problemas en ligamentos cruzados de rodillas y desgarros. La clave no es evitar el contacto, sino preparar el cuerpo para absorberlo, como un ‘atletismo con balón’”, añade la especialista.
Sugerencias previas
Algunos consejos médicos para una práctica segura:
- Evaluación cardiovascular: es imperativo realizar un chequeo cardiológico y una prueba de esfuerzo dada la alta demanda de pulsaciones.
- Fortalecimiento del core: el trabajo de abdominales y lumbares actúa como armadura contra impactos y protege la columna durante los saltos.
- Calzado: botines con buen agarre que permitan cierta rotación para no comprometer los ligamentos de las rodillas.
- Entrenamiento de propiocepción: practicar el aterrizaje tras los saltos en superficies inestables entrena a los tendones y minimiza esguinces.
- Hidratación: el desgaste es masivo. Se recomienda hidratación con sales minerales antes, durante y después del encuentro, respetando los períodos de descanso.
Respecto de sus valores formativos, Acuña señala que al no existir todavía una estructura de alto rendimiento que “corrompa el juego”, la experiencia se enfoca en la estrategia grupal y el respeto por el oponente.
Actualmente, su práctica se expande en lugares tan diversos como San Fernando, Benito Juárez o la Patagonia. Así, dentro del mapa deportivo tradicional, el global footy emerge como una propuesta fresca. Basta con una pelota ovalada, cuatro postes y una buena preparación física.




