¿Hacés deporte? El aspecto de la salud que suele quedar fuera del entrenamiento y puede afectar el rendimiento
Caries, encías inflamadas, erosión dental y sequedad bucal pueden convertirse en obstáculos para quienes entrenan. Por qué los hábitos propios de la actividad física aumentan algunos riesgos y qué cuidados conviene incorporar a la rutina.
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Hay quienes registran cada kilómetro, controlan el ritmo cardíaco, planifican las comidas y respetan los días de descanso. Sin embargo, incluso entre los deportistas más disciplinados, existe un aspecto que pocas veces forma parte del plan de entrenamiento: el cuidado de la salud bucal.
Una caries, una encía inflamada o una molestia dental pueden parecer problemas desconectados del deporte. Pero el dolor, las infecciones y la dificultad para comer o descansar también pueden interferir en la preparación, la recuperación y el desempeño durante una carrera.
La salud bucal, en ese sentido, no es un cuidado aislado: forma parte del bienestar general con el que cada persona entrena.
La relación comenzó a despertar el interés de la odontología deportiva al observarse una prevalencia considerable de problemas bucales incluso entre atletas de alto rendimiento.
En un estudio realizado con 352 deportistas profesionales y de elite del Reino Unido, el 49,1% presentaba caries, el 41,4% tenía signos de erosión dental y el 77% registraba sangrado de encías o presencia de cálculo. Además, el 32% afirmó que algún problema relacionado con su salud oral había afectado su práctica deportiva.
Los resultados no significan que una afección bucal determine por sí sola el rendimiento, pero sí muestran algo que suele pasar inadvertido; cuando la boca duele o atraviesa un proceso inflamatorio, entrenar puede volverse más difícil.

Cuando el problema no queda solamente en la boca
El impacto más evidente es el dolor. Una caries profunda, un absceso o una inflamación de las encías pueden afectar la concentración, alterar el descanso y dificultar la alimentación. En una persona que se prepara durante semanas o meses para cumplir un objetivo, una molestia que no fue atendida a tiempo puede obligarla a reducir la carga de entrenamiento o, incluso, interrumpir una competencia.
También se estudia la posible relación entre los procesos inflamatorios bucales y el funcionamiento general del organismo. La gingivitis y la periodontitis son enfermedades inflamatorias, y distintas investigaciones encontraron asociaciones entre una mala salud oral, determinados marcadores sistémicos y la percepción de un menor rendimiento.
Sin embargo, la mayor parte de la evidencia disponible es observacional. Por eso, no permite afirmar que una caries o una enfermedad de las encías causen directamente una lesión muscular o una disminución de la capacidad aeróbica. Sí permite advertir que una boca con dolor, infección o inflamación puede convertirse en una carga adicional para un cuerpo sometido a esfuerzo.
Para los deportistas amateurs, que no siempre cuentan con el seguimiento integral de los atletas profesionales, la prevención cobra todavía más importancia. Mientras los análisis clínicos, los controles cardiológicos y las consultas traumatológicas suelen incorporarse a la planificación, la visita al odontólogo muchas veces queda relegada hasta que aparece una molestia.
Por qué algunos hábitos deportivos aumentan el riesgo
El deporte no perjudica por sí mismo la salud bucal. El riesgo aparece en algunos hábitos que suelen acompañar a los entrenamientos, especialmente cuando son intensos o prolongados.
Uno de ellos es el consumo frecuente de bebidas isotónicas, geles, suplementos y barritas energéticas. Muchos de estos productos contienen azúcares o componentes ácidos que, cuando permanecen repetidamente en contacto con los dientes, pueden favorecer la aparición de caries y la erosión del esmalte.
Un estudio publicado con 120 deportistas jóvenes encontró una asociación entre el consumo de snacks energéticos y chocolate, la presencia de microorganismos vinculados con las caries y distintos indicadores de enfermedad dental. La frecuencia de consumo resulta especialmente relevante: no es lo mismo ingerir estos productos en un momento puntual que exponer los dientes a pequeños sorbos o bocados durante varias horas.
A esto puede sumarse la sequedad bucal. Durante una actividad intensa aumenta la respiración por la boca y puede disminuir el flujo de saliva, sobre todo si la hidratación no es suficiente. La saliva cumple una función protectora porque ayuda a limpiar restos de alimentos, neutralizar ácidos y conservar el equilibrio del ambiente bucal. Cuando esa protección disminuye, los dientes y las encías quedan más expuestos.

El estrés previo a una competencia también puede influir. En algunas personas se manifiesta a través del bruxismo (el hábito de apretar o rechinar los dientes), que puede generar desgaste dental, sensibilidad y molestias en la mandíbula.
Una rutina que también corre
Así como el cuerpo necesita preparación, descanso e hidratación, la boca requiere una rutina constante. No alcanza con reaccionar cuando aparece el dolor: la prevención permite detectar caries, inflamaciones y problemas de las encías antes de que interfieran con la vida cotidiana o el entrenamiento.
Desde GUM proponen incorporar el cuidado bucal completo a la planificación deportiva y llevar esta conversación a los espacios donde entrenan corredores, ciclistas y deportistas amateurs. La idea es sencilla: los kilómetros también se sostienen con aquellos hábitos pequeños que se repiten todos los días.

El cepillado es el punto de partida, pero no siempre alcanza para retirar la placa acumulada entre los dientes, una zona a la que las cerdas no llegan con facilidad. Por eso, la limpieza interdental con hilo, flossers, cepillos interdentales o Soft-Picks puede complementar la rutina. La herramienta adecuada dependerá de las necesidades de cada boca y de la recomendación del odontólogo.

Cinco hábitos para cuidar la boca al entrenar
- Cepillarse dos veces por día durante al menos dos minutos, con una pasta dental con flúor. Después de consumir alimentos o bebidas ácidas, conviene evitar el cepillado inmediato y esperar alrededor de 30 minutos.
- Incorporar la limpieza interdental diaria. Puede hacerse con hilo dental, flossers, cepillos interdentales o Soft-Picks, según el espacio entre los dientes y la indicación profesional.
- Mantener una buena hidratación con agua, especialmente durante entrenamientos largos o en días de mucho calor. Después de consumir bebidas deportivas o geles, tomar agua también ayuda a reducir el tiempo de contacto de azúcares y ácidos con los dientes.
- Sumar la consulta odontológica preventiva a los chequeos deportivos. La frecuencia debe definirse de acuerdo con los antecedentes y factores de riesgo de cada persona, incluso cuando no existen síntomas.
- No naturalizar el sangrado, la sensibilidad o el dolor. Las encías que sangran al cepillarse, el mal aliento persistente, la sequedad frecuente y las molestias al masticar son señales que merecen una consulta.


No se trata de pensar que una boca sana hará bajar minutos en el cronómetro. Se trata de evitar que una infección, una inflamación o un dolor prevenible se conviertan en un obstáculo más. Porque entrenar también es cuidar el cuerpo que hace posible cada kilómetro, incluso en aquellos aspectos que no siempre se ven.
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