
Se halla en el hipotálamo y es del tamaño de la cabeza de un alfiler
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NUEVA YORK (The New York Times).– El área del cerebro responsable de causar la fiebre se podría ubicar en un lugar del tamaño de la cabeza de un alfiler, afirman investigadores del Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston, Estados Unidos, que aseguran haber identificado con exactitud las células del hipotálamo que causan que la temperatura corporal se eleve como respuesta a la inflamación.
La fiebre y otros síntomas que habitualmente la acompañan, como dolores y malestar, pérdida de apetito y el deseo de acostarse y cubrirse hasta la cabeza con las frazadas, "pueden parecer incómodos en el momento –dijo el doctor Clifford B. Saper, neurólogo y neurocientífico cuyo laboratorio dirigió el nuevo trabajo–. Pero esos síntomas son parte de una respuesta de adaptación, coordinada por el hipotálamo, para ayudar a sobrevivir a la infección".
"Si se eleva la temperatura del cuerpo unos pocos grados, los glóbulos blancos se vuelven más activos; en realidad, lo que sucede es que están luchando más duramente. Pero la mayor parte de las bacterias no crece de la misma manera." Por esa razón, aseguró, la fiebre puede ayudar a que el cuerpo anule a la infección bacteriana.
En forma similar, la pérdida de apetito puede ayudar a privar a la bacteria de la glucosa que le es necesaria. Los dolores y malestares pueden hacer que la persona afectada se acueste y conserve así su energía.
El doctor Saper describió su trabajo como parte de un esfuerzo para "disecar molecularmente lo que sucede en el cerebro cuando se tiene esta respuesta". La investigación fue publicada online el domingo en la revista Nature Neuroscience.
Respuesta defensiva
La fiebre aparece como respuesta a la inflamación que puede acompañar a las infecciones bacterianas, a algunas infecciones virales y hasta a algunas enfermedades no infecciosas como la artritis y la enfermedad gastrointestinal llamada enfermedad de Crohn. Estos estados provocan que el cuerpo libere hormonas llamadas prostaglandinas, que se introducen en el cerebro y son responsables de la fiebre, de dolores y otros síntomas.
"Cuando se tiene fiebre, si se toma alguna aspirina y la fiebre se va, la razón es que dicha droga evita que el cuerpo produzca prostaglandinas", dijo el doctor Saper.
En años recientes los investigadores encontraron que las prostaglandinas se ligan a una clase específica de receptor llamado EP3 para causar fiebre. También descubrieron que esta unión se produce en el hipotálamo, un área que coordina muchas actividades básicas relacionadas con la supervivencia, como el hambre y el impulso sexual.
"Se trató de las prostaglandinas que trabajan con el receptor EP3 en algún lugar del hipotálamo, pero eso dejó todavía otros lugares posibles", afirmó el Saper. En el presente trabajo, él y su equipo identificaron la ubicación precisa al crear un modelo de ratón en el que un gen para el receptor EP3 podía ser quitado de un pequeño lugar del cerebro por vez.
Un importante experto en fiebre, el doctor Andrej A. Romanovsky, director del laboratorio de inflamación sistémica del St. Joseph’s Hospital de Phoenix, Estados Unidos, dijo que la técnica de remover un gen de un sitio del cerebro por vez era "muy nueva" y "muy sexy" y agregó que los nuevos descubrimientos eran convincentes e importantes.
En la presentación escrita, el equipo de Saper informa que las células que desencadenan la fiebre de ubican en una parte del hipotálamo llamada núcleo preóptico medio, justo detrás de los ojos, donde los nervios ópticos atraviesan conductos al entrar al cerebro. El equipo demostró que cuando el gen del receptor adecuado de prostaglandina fue borrado de las células específicas, el ratón no desarrolló más fiebre.
A largo plazo, esos detalles moleculares podrían demostrar ser útiles para el desarrollo de drogas. "Es posible bloquear los receptores específicos de prostaglandina que son responsables sólo de la fiebre, o sólo aquellos responsables del dolor, o los del aletargamiento o los de la pérdida de apetito" aseguró Saper.
Por ejemplo, "es posible que en una infección bacteriana se necesite la fiebre pero uno no quiere sentirse dolorido o decaído. O puede ser que con enfermedades no infecciosas como la artritis o la enfermedad de Crohn, donde la fiebre no es útil, uno quiera bloquearla también".
"Consideramos este estudio como la llave que abrirá muchas cerraduras del cerebro –dijo Saper–, para que nos cuenten cómo trabajan algunos de los sistemas del cerebro y lo que podemos hacer al respecto."




