
Por Gabriela Navarra De la redacción de La Nación
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Las personas mayores, aunque estén sanas, suelen enfrentar algunas situaciones problemáticas en su alimentación cotidiana.
Una dificultad habitual radica en la salud de la dentadura. Aunque se disponga de una excelente prótesis, la masticación se vuelve más complicada; hay una menor secreción de saliva y no siempre se forma bien el bolo alimenticio. Esto puede generar alteraciones digestivas.
Los intestinos perezosos son, a menudo, motivo de preocupación: con los años, el contenido de agua del organismo disminuye. Esto influye en los procesos de eliminación.
Para mejorar los problemas masticatorios y digestivos, es necesario comer trozos pequeños y elegir modos de preparación que no exijan trabajo a la dentadura. Además, el funcionamiento intestinal mejora consumiendo líquidos. También puede agregarse salvado de trigo grueso en el yogur, el caldo o mezclado con los alimentos.
Agua, jugos, caldos e incluso gaseosas están muy indicados en todo momento del día. No convienen tanto el café (irrita el estómago y puede traer nerviosismo) ni los tes en hebras o saquitos, porque interfieren en la absorción de nutrientes. Atención con los tes de hierbas que anuncian supuestas acciones terapéuticas: no siempre lo natural es sinónimo de inocuo.
En cuanto al mate, la recomendación es no tomar los 3 o 4 primeros, que son los que tienen una mayor concentración de yerba. A partir de allí, si no causa irritación, es posible tomar mate sin restricciones.
Para prevenir anemia o un descenso crucial de los depósitos de hierro, pueden consumir una porción de carne a diario, alternando entre las vacunas, de pollo y de pescado. Sin embargo, la más rica en hierro es la carne roja, unas 3 veces por semana.
Las verduras y las frutas equilibran el aporte de vitaminas, minerales y fibras. Pueden consumirse crudas o cocidas, según la tolerancia. Pero no hay que dejar de hacerlo ningún día.
Los hidratos de carbono complejos (pan, pastas, arroz) son alimentos que deben integrar la alimentación diaria de las personas mayores. Los lácteos no tienen que faltar, por su buen aporte en calcio, pero es conveniente elegir versiones descremadas.
En cuanto al huevo, si bien no puede decirse en forma terminante que las personas con alto colesterol no deben consumirlo, se recomienda prudencia (por ejemplo, no más de 2 por semana) y preferir la clara a la yema, ya que la porción transparente es la proteína más completa de todas las conocidas. Se la puede integrar en distintas preparaciones.
En materia de condimentos, se recomienda disminuir el consumo de sal, si es posible consumir aceite de oliva y tener en cuenta todas las especias que gusten al paladar.
Si la persona siempre tomó vino, puede consumirlo con las comidas principales. Hay abuelos y abuelas que se vuelven locos con los dulces. La clave no es prohibirlos, pero ser prudentes. Y entre un rico postre o caramelitos, que prefieran los primeros: los caramelos dan más trabajo a los dientes, no aportan ningún nutriente y quitan el apetito. Justamente por eso es preferible que coman pequeñas porciones, no menos de 4 comidas diarias.
En cuanto al huevo, si bien no puede decirse en forma terminante que las personas con alto colesterol no deben consumirlo, se recomienda prudencia. Pero, además de todo lo recomendado, en la nutrición de los mayores no debe faltar un ingrediente fundamental: el cariño de las personas que los rodean. Un llamado telefónico para saber si comieron y qué comieron, una visita para llevarles frutas, verduras, pan, un trocito de carne o un bizcochuelo preparado especialmente para ellos son demostraciones de amor. Y, en este tipo de alimentos, nunca se imponen restricciones.






