
¿Por qué algunos ven el lado luminoso de las cosas, mientras otros sólo perciben las dificultades y la frustración? Según un especialista, a ser optimista también se aprende
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El término optimismo (del latín, optimus , lo mejor) se usa habitualmente para designar el estado de ánimo de aquellos que ven siempre lo mejor de todos los sucesos o acontecimientos, o están siempre dispuestos a considerar las cosas desde su lado más positivo y favorable.
Ahora, ¿de dónde surge o dónde se sostiene esa actitud? ¿Por qué frente a un mismo hecho algunos son optimistas y otros no? ¿Es que acaso el optimismo, tan ponderado culturalmente, es una negación de la realidad?
Un elemento característico que hace del optimismo algo subjetivo, es decir propio de un individuo, es que involucra el modo en que se interpreta la realidad. De eso, precisamente se trata la vivencia psíquica: de la experiencia surgida en la interpretación de la realidad. Ahora, ¿qué es lo que hace que alguien vea con satisfacción que la botella está medio llena y no medio vacía ?
En primer lugar, es la disposición frente al estímulo: para el optimista la vida es básicamente un desafío; evalúa y, frente a lo dado, opera positiva y creativamente.
En segundo lugar, demuestra capacidad de adaptación frente a lo novedoso. Todo lo que se presenta como nuevo -es decir, aquello de lo que aún no sabemos o no sabemos tanto- impone un esfuerzo de adaptación. En este intento de adaptarse no hay garantías de éxito. Sabemos que la vida nos exige exámenes permanentes, desafíos, opciones y decisiones.
Pero, además -y en tercer lugar-, el optimismo es un modo de entender la propia experiencia.
La biología
Una semilla que luego será árbol en medio del espeso monte tendrá que luchar para trepar en altura y alcanzar la luz del sol.
Las raíces deberán afianzarse en la profundidad. Habrá experiencias negativas a las que deberá enfrentarse: suelos rocosos o poco profundos, sequías, inundaciones, plagas, heladas. Estos estímulos negativos le exigen adaptabilidad y mejor aprovechamiento de los aspectos positivos -o, para ser moderados- de lo dado.
Teniendo en cuenta la realidad, los seres vivos han aprendido a subsistir, desarrollarse y evolucionar hasta el presente, y lo seguirán haciendo (fascinante interrogante: ¿hacia dónde va la vida?). Ser optimista es un esfuerzo, un modo psíquico de entender y verse en el contexto. El optimismo, como emergente psíquico individual (o social), no desestima las dificultades permanentes que las personas tenemos que enfrentar a diario, sino que las asume y las enfrenta con lucidez, con creatividad, jugando con las posibilidades.
Es por eso que no todos somos optimistas. Tal vez algunos aún no se lo han propuesto, o tal vez -aunque sea antipático decirlo- no quieran.
Por lo pronto, no hace falta ser optimistas para vivir una buena experiencia, pero aquellos que lo son cuentan con una actitud muy afortunada, que generalmente resulta ser muy eficaz para los momentos en que los caminos parecen angostarse.
A veces, la realidad es claramente opuesta a algún deseo y entonces habrá que asumir la frustración. La persona optimista también vive frustraciones, sufre el dolor, enfermedades y miedo, pero sin eludir lo trágico de la vida puede sentir naturalmente su tendencia a buscar nuevas experiencias, insistir, empezar de nuevo, asumir la vida y sus riesgos.
Hipercríticos
Sin embargo, hay muchos elementos que pueden destruir esa tendencia instintiva hacia la vida. Encontrar en personas hipercríticas dosis de optimismo es casi imposible. Es que el afán exagerado de perfección impide ver lo bueno.
La experiencia clínica ha enseñado que cada uno de los factores decisivos para sentir la vida de tal o cual manera son particulares, pertenecen a la artesanía genética y al talento individual.
El optimismo no tiene en cuenta las dificultades, sino que funciona a partir de las necesidades y el deseo como estímulos vitales. El optimista está interesado en seguir adelante y entonces puede aprender, se hace más perceptivo y desarrolla poderosos estímulos para la inteligencia creadora. Es realmente interesante ver cómo, en las personas optimistas, las dificultades potencian y desarrollan aún más su confianza.
Los seres humanos desarrollamos el optimismo como un perfil más del psiquismo, que evoluciona, se desarrolla y cambia. Desde que nacemos, las necesidades de aprender y corregir son incesantes. Podemos aprender a ser optimistas como podemos aprender a ser libres. Son opciones que no todos ponderan genuinamente. Seguramente no todo será dicha y tranquilidad. Pero vale la pena el intento de vivir cada vez mejor.
El autor es psicoanalista del Hospital Italiano y coautor del libro Pensando las adicciones





