
El vértigo y las náuseas que caracterizan el síndrome de este nombre pueden curarse con un procedimiento sencillo. El problema es que no existe aún un diagnóstico preciso del trastorno
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La salud bien, gracias. Los chequeos tradiconales no detectan nada por aquí, nada por allá. Sólo que al momento siguiente todo se inclina, el piso se vuelve un pantano, permanecer vertical demanda enorme voluntad y energía, y no siempre se logra. Una hora después, vértigo, náuseas, vómitos. Durante las próximas dos o tres semanas (aunque la duración de la crisis varía) se tendrá la sensación de estar continuamente viajando en una montaña rusa de última generación, o de haber consumido alcohol como para embriagar a un regimiento.
Paren el mundo que quiero bajar... ¿Qué está pasando? La enfermedad de Meniére. O el vértigo de Meniére , según la denominación clínica aceptada en los últimos cien años. Una disfunción complicada desde el diagnóstico: no hay tomografías computadas, encefalogramas, radiografías ni otras técnicas de análisis que la detecten con seguridad.
Sin reconocimiento certero, los días o semanas pasan y el equilibrio retorna, pero no definitivamente. Algunos afectados entran en crisis una vez al año; otros, diariamente. Con el tiempo se va perdiendo la audición, y periódicamente todo vuelve a girar.
¿Cómo curar lo que no se detecta con facilidad salvo por su vertiginosa manifestación? Alrededor de 800.000 casos estimados -y, en gran parte, no diagnosticados- de este síndrome en la Argentina (300.000 en Buenos Aires) esperan solución. Tal vez puedan obtenerla.
No identificado
"No se ha identificado con certeza el origen del síndrome de Meniére y se conoce muy poco sobre su fisiopatología", explica el otorrinolaringólogo Octavio Díaz Vizzoni, especialista argentino licenciado en Medicina y Cirugía en Madrid, que ha ejercido su profesión en el Hospital de Clínicas, el Rivadavia y el Eva Perón (San Martín, provincia de Buenos Aires) y también en hospitales de Perú y Uruguay.
En principio, la enfermedad parece desarrollarse desde el complejo órgano del oído. El vértigo de Meniére afecta sólo un lado de la audición, aunque con el tiempo puede extenderse al otro. Por eso, cuando el enfermo se marea tiende a inclinarse o caer hacia el lado del oído afectado. "Resulta significativo destacar -afirma Díaz Vizzoni- que cuando el síndrome avanza hasta causar la sordera, el resto de los síntomas desaparece, aunque no en todos los casos. Esta relación entre pérdida del oído y desaparición de síntomas impulsó a suponer que provocando la sordera mediante la amputación del laberinto (órgano auditivo cuya función es mantener el sentido del equilibrio) y la clóquea , desaparecerían los vértigos. Sin embargo, hay casos, algunos de los cuales yo he tratado, en que los vértigos continúan luego de la cirugía."
Díaz Vizzoni atendió su primer caso de Meniére (la enfermedad lleva el nombre del especialista francés que la identificó en el siglo pasado) en 1953, cuando comenzó a ejercer la medicina: "Me desconcertó bastante porque no encontraba solución, así que me propuse estudiarlo. Tres años después, comencé a aplicar un método alternativo que había desarrollado. El tratamiento y los resultados de la experiencia se publicaron poco después en la Prensa Médica Argentina y siguen teniendo validez. Diversos pacientes que he atendido en los últimos 30 años con resultados positivos han fortalecido esta forma de terapia. Aunque no aseguro haber encontrado una cura generalizada."
Bisturí químico
El método del doctor Díaz Vizzoni partió de considerar que la formación de adherencias en las trompas de Eustaquio (conocidas como el bronquio del oído medio porque se encargan de llevar aire hasta esa zona) impide que éstas se abran o cierren normalmente para permitir el paso de aire y se genere así la presión interna que necesita el laberinto para indicar eficazmente el equilibrio. Para corregir esta anomalía, probable causa de los síntomas de la enfermedad, Díaz Vizzoni recurrió a una enzima llamada alfaquimotricina . La sustancia era utilizada entonces por oftalmólogos que investigaban la posibilidad de reemplazar la extracción del cristalino del ojo en casos de cataratas, infiltrando la enzima para que ésta removiera internamente las adherencias que generan la pérdida de visión.
Las propiedades de la alfaquimotricina podrían describirse como las de una tijera o bisturí químico. Y, lejos de perder vigencia, su campo de acción se amplía. Por ejemplo, desde hace cinco años es utilizada en desarrollos e investigaciones genéticas para interrumpir ( cortar ) cadenas de ADN (ácido desoxirribonucleico).
Díaz Vizzoni introdujo la enzima a través del tímpano y, de allí, al oído medio, a través de las trompas de Eustaquio: "A los 10 segundos, el paciente sufre un vértigo más intenso que los que había tenido hasta ese momento, pero entre los 30 y 45 segundos ese vértigo provocado desaparece junto con el ocasionado por el Meniére. Los resultados se han mantenido a lo largo de toda mi experiencia clínica, lo que indica un alcance y eficacia significativos en el tratamiento de esta enfermedad. A mi criterio, el mayor problema radica ahora en la falta de identificación y diagnóstico de la población afectada por esta enfermedad", afirma el especialista.
Hay terapia pero no diagnóstico
Aplicar terapias -comprobadas en los últimos 40 años- para el vértigo de Menière resulta posible, aunque no suficiente. El problema radica en la cantidad de pacientes sin diagnóstico o con un diagnóstico probablemente erróneo y, por lo tanto, sin posibilidad de acceder a una cura efectiva. La combinación de síntomas dispares confunde a los propios médicos, que pueden derivar al paciente hacia especialidades que parecen estar relacionadas con los síntomas, como por ejemplo la neurología. En la práctica, muchos neurólogos conocen el Menière y cómo diagnosticarlo porque han tenido que diferenciarlo de aquellas enfermedades propias de su especialidad.
Lo cierto es que el conjunto de síntomas (que raramente se da en niños o adolescentes) no se verifica a través de análisis químicos o de diagnóstico por imágenes lo que complica la rápida y eficaz identificación de la dolencia.





