
En estos casos, el tratamiento psicoanalítico es de gran utilidad
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Roberto, ejecutivo de una importante empresa, está sentado frente a mí en su primera entrevista con un psicoanalista y me confiesa que ha llegado cinco minutos tarde porque estaba seguro que de llegar puntual algo terrible sucedería.
Pero ésta no es su única obsesión: dos veces por noche, antes de dormirse, debe revisar las llaves de gas y controlar que esté bien cerrada la puerta de la heladera; algunas veces intentó no hacerlo, pero le resultaba imposible dormir. Por la mañana, siempre calza primero el zapato derecho y cuando se va de su casa no puede dejar de revisar tres veces si cerró bien la puerta.
Toda su vida esta atravesada por múltiples rituales que constituyen una verdadera religión privada. Una poderosa fuerza interior lo obliga a cumplir meticulosamente cada una de sus obsesiones. Así, su mundo interior es un verdadero infierno plagado de exigencias, amenazas e inexplicables sentimientos de culpa.
La neurosis obsesiva -ése es el nombre del padecer de Roberto- es un cuadro clínico que afecta a un porcentaje altísimo de personas. Esto no siempre es evidente porque los enfermos se esfuerzan por brindar una apariencia de normalidad y porque muchos de sus síntomas pueden ser confundidos con simples rasgos de carácter.
Nadie elige voluntariamente y sin motivo postergarse en la vida y mucho menos atenazar su existencia entre órdenes contradictorias y compulsiones irracionales; estos enfermos, cualquiera que sea la gravedad de su síntomas, se sienten impulsados a actuar como lo hacen porque es la única manera que han encontrado de defenderse de sí mismos.
Rituales mágicos
Los rituales mágicos, el exceso de virtud y la duda constante son los instrumentos con los que el neurótico obsesivo se defiende de su propia interioridad, a la que percibe peligrosa, y de los impiadosos castigos con los que se amenaza a sí mismo.
En el fondo, todo lo que hacen estas personas responde a la necesidad de escaparse de sí mismos y en ese esfuerzo tienden a apegarse a las formalidades y tratan de entender y satisfacer a la perfección las expectativas depositadas sobre ellos.
Es por eso que a pesar de la enfermedad, muchos logran destacarse, pero una inagotable exigencia de triunfo inculcada desde la infancia los llevan a sentirse fracasados y en deuda cualquiera que sean los logros que hayan alcanzado en la vida. La exigencia de hacerlo todo a la perfección y el afán de satisfacer a los demás sumados a la creciente distancia respecto de sí mismos los lleva a percibir a su propia existencia como vacía y carente de sentido.
Durante el tratamiento psicoanalítico de estas personas se revisan los sentimientos de amor, odio y rivalidad, estudiando pormenorizadamente la peculiar manera como se expresan; se analizan las exigencias familiares o sociales a las que el paciente está sometido y trata de ponerse de manifiesto la irracionalidad e ineficacia de las defensas usadas.
Se devela también el sentido oculto de cada uno de los rituales y obsesiones liberando así una gran cantidad de energía que puede ser volcada a objetivos más útiles.
Se obtiene entonces un importante alivio y la posibilidad de otorgar un nuevo y más placentero sentido a la vida.
El autor es psicoanalista Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina.



