
Una disposición oficial prohibió la fabricación y venta de chiches de PVC blando, porque contienen sustancias tóxicas
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Pedrito está en plena etapa oral: se lleva todo lo que encuentra a la boca. Y ahora que le están empezando a salir los primeros dientes, chupa, muerde y frota contra sus dolorosas encías todos los coloridos mordillos de plástico suave, con forma de helados, chupetines o llaves, que encuentra a su paso. Tampoco quedan sin sus mordiscos los patitos con los que juega en la bañera y los libritos de plástico blando con que su mamá intenta iniciarlo en el mundo de la lectura.
Pero el plástico del que están hechos todos esos juguetes no es tan inofensivo como parece. Una resolución del Ministerio de Salud vigente a partir de fines de marzo de este año prohíbe la venta de juguetes de policloruro de vinilo (PVC) blando para menores de 3 años, pues contienen aditivos peligrosos que constituyen un riesgo para la salud de los niños.
Contra la salud
Todo comenzó a causa de una denuncia presentada por la organización no gubernamental Greenpeace, que alertó sobre los riesgos de la presencia de altos niveles de ésteres de ácido ftálico (EAF) en el PVC blando utilizado en la fabricación de mordillos y juguetes para niños menores de 3 años. Tal presentación sostuvo que, siendo los EAF sustancias de toxicidad conocida, y dado que se encuentran libres en la matriz polimérica de PVC, los niños menores de 3 años pueden extraerlos desde los mordillos o juguetes mediante la succión o mordedura.
La solicitud de Greenpeace se apoyaba en estudios realizados a su pedido sobre una muestra de 71 juguetes y mordillos adquiridos en 17 países. Sesenta y tres (89%) de los 71 productos eran de PVC o contenían secciones de PVC. En 12 de los 63 no se pudo detectar ftalatos, mientras que en los restantes 51 productos se hallaron uno o más.
"El PVC es, en sí mismo, un plástico quebradizo y requiere de aditivos que lo estabilizan, otros que lo hacen resistente a la llama, a los hongos y las bacterias, y en este caso, otros que le dan flexibilidad: es un cóctel de tóxicos -sentencia Verónica Odriozola, bióloga coordinadora de la Campaña de Tóxicos de Greenpeace-. Los aditivos que se denunciaron son unos compuestos químicos conocidos genéricamente con la denominación de ftalatos, y se admite que por el tipo de unión química que tienen al PVC se desprenden." La integrante de Greenpeace explica la lógica que llevó a la institución a iniciar la demanda. "Nos llamaba la atención -dice Odriozola- que según las normas de la Unión Europea de manipulación de sustancias químicas en las etiquetas de los envases de estos ftalatos que se venden como drogas para usar en la industria dice claramente que hay que evitar el contacto, porque pueden causar cáncer... ¡Y el juguete tiene el 40% de su peso de esa sustancia, que el chico ingiere directamente!"
Un informe de la Dirección de Promoción y Protección de la Salud del Ministerio de Salud de la Nación sostiene -sobre la base de trabajos elaborados por la Asociación Toxicológica Argentina (ATA)- que "la toxicidad crónica de los EAF ha sido demostrada en estudios experimentales con animales de laboratorio, y consiste en alteraciones de los órganos reproductores, alteraciones hepáticas, renales, del sistema nervioso periférico, embriotoxicidad, teratogenicidad y, en el caso del di 2-etilhexil ftalato (DEHP), carcinogénesis".
En este punto aclara que la extrapolación de riesgo de cáncer en los seres humanos no es clara, pero que "los EAF no son sustancias inocuas".
Hasta nuevo aviso
"A partir de la denuncia pública, en septiembre de 1997, la primera reacción, particularmente de los gobiernos europeos, fue recomendar a los padres que no los compraran y a los comercios que los retiraran de la venta, medidas más bien voluntarias -comenta la coordinadora de campaña de Greenpeace-. Las recomendaciones se fueron traduciendo en prohibiciones en la mayoría de los casos, Austria y Dinamarca a la cabecera."
La resolución del Ministerio de Salud de nuestro país suspende por un año la fabricación, importación, exportación, comercialización o entrega gratuita de artículos de puericultura y juguetes realizados con el material cuestionado y destinados a ser llevados a la boca por niños menores de 3 años.
"La prohibición es por un año hasta establecer una técnica reproducible de migración de ftalatos a la boca, es decir, la cantidad de producto que podría extraerse a través de la saliva", explica María del Carmen Villarruel, bioquímica a cargo del informe de la Asociación Toxicológica Argentina.
Esta campaña dejó en evidencia el vacío existente en la Argentina en lo relativo a la seguridad en juguetes. La licenciada Leticia Lahitte, antropóloga del programa de Prevención de Accidentes del Ministerio de Salud, explica que se estableció una comisión para la elaboración de un proyecto de ley que normatice las características de los juguetes que pueden constituir riesgos para la salud de los chicos.
Cómo reconocerlos
Para evitar que su bebe esté expuesto a los aditivos tóxicos del PVC hay que observar con atención cierto tipo de juguetes: las partes blandas de los mordillos, juguetes con chifles -que se aprietan y emiten un ruido-, patos y otros muñecos para el baño, y pequeños libros de plástico blando. Fíjese en el envase de esos productos ya que frecuentemente informan sobre el tipo de plástico con el que han sido fabricados.
"Más que pensar en qué juguetes están hechos de PVC blando habría que pensar al revés: ¿cuáles son los juguetes que los chicos se llevan a la boca?... y evitar los de PVC -comenta Verónica Odriozola, de Greenpeace-. A veces, si la etiqueta está escrita en inglés dirá Vinyl (vinilo) en lugar de PVC.
"Durante todos estos años hemos recomendado a la gente que directamente elimine el PVC porque es altamente probable que la mayoría de los juguetes que son de PVC contenga ftalato", concluye.




