
Por Gabriela Navarra De la redacción de La Nación
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Las infusiones no cumplen una función nutritiva; más bien, ofician de puente comunicativo entre las personas. Al consumirlas, el organismo recibe líquidos. Pero como al mismo tiempo aumenta la diuresis (eliminación por orina) no desempeñan una auténtica hidratación.
Tanto el café como el mate y el té contienen cafeína en distinta cantidad, una sustancia que puede producir adicción física y psíquica. Por eso el organismo puede desarrollar tolerancia y pedir más.
En cuanto al café, es un estimulante del sistema nervioso central por su alta concentración de cafeína. Esto significa que después de tomarlo se pueden realizar mayores esfuerzos intelectuales, pero sin embargo disminuye la capacidad de retener y asimilar lo aprendido: es excitante, pero superfluo.
El efecto del café sobre el aparato circulatorio supone un aumento leve de la presión arterial; en dosis elevadas puede producir taquicardia y arritmias. También aumenta la secreción de jugos gástricos y, en ese sentido, puede ayudar a una mejor digestión, pero al mismo tiempo provoca acidez, gastritis y favorece la úlcera gastroduodenal y las colitis.
Entre otras condiciones, está contraindicado durante el embarazo y la lactancia. La cafeína puede disminuir el crecimiento del feto, pasa a la leche materna y no es precisamente una sustancia ideal para un bebe. Además, se desaconseja tomar café (en especial, muy cargado) inmediatamente después de las comidas, porque disminuye la absorción de dos minerales importantísimos para el organismo: el hierro y el calcio. La recomendación es esperar al menos una hora y media, y no tomar más de 2 a 3 tazas diarias.
Si bien el mate no tiene efectos tan marcados como el café, su consumo habitual también produce dependencia y tolerancia, y un exceso es capaz de ocasionar irritación nerviosa, palpitaciones, taquicardia y alteraciones gastroduodenales. Consumido con bombilla, al estilo criollo, está en concentraciones más elevadas que como infusión y por eso no se lo aconseja cuando se padece gastritis o hernia hiatal. En esos casos conviene consumir mate en saquitos, y nunca más de 3 tazas diarias. Si se toma con bombilla, se recomienda no utilizar agua muy caliente (aumenta el riesgo de cáncer bucal y de esófago).
Respecto del té, aporta menos de la mitad de la cafeína que el café y por su contenido en unas sustancias llamadas taninos se utiliza en casos de diarreas y colitis. Los excesos, sin embargo, pueden conducir al trastorno opuesto: la constipación. El té verde, que se vende en dietéticas, es muy consumido entre los pueblos chinos y japoneses, donde la incidencia de cáncer de esófago, estómago e intestino es menor. Una taza de este té brinda tanta vitamina C como media taza de jugo de naranja. Se recomienda no consumirlo con el agua hirviendo, sino a punto de hervir, para evitar la pérdida de vitamina. Algunas investigaciones afirman, además, que el té verde disminuiría el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.





