
El desgarro espontáneo de diafragma es una lesión frecuente pero poco conocida. Un especialista argentino lo describió por primera vez
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En carne propia
El mismo Furman padeció el síndrome luego de sufrir intensos vómitos debido a una intoxicación alimentaria. Cuando el problema fue identificado y solucionado, encontró que día tras día se presentaban cuadros similares. Así, caracterizó el síndrome.
"Lo que suele conocerse -explica el especialista- es el desgarro traumático del diafragma, que suele producirse como consecuencia de caídas de grandes alturas, accidentes, peleas con cuchilladas o lesiones quirúrgicas. En este caso, el desgarro es espontáneo y bastan vómitos violentos, una caída o el intento de evitarla, o un acceso de tos brusco prolongado para producirlo."
El diafragma, un músculo delgado y aplanado que separa el corazón y los pulmones de las vísceras abdominales, comparte con el miocardio una condición muy especial: ambos son los únicos que trabajan sin descanso durante toda la vida, aun la vida intrauterina. El diafragma es el músculo de la respiración por excelencia, ya que le infringe fuerza a los pulmones, pero también interviene al toser, bostezar, reír, estornudar, vomitar, digerir los alimentos y eliminarlos.
El desgarro no se produce en el músculo en sí, sino en sus inserciones, es decir, los puntos donde el diafragma se sostiene: esternón, las últimas 3 costillas y algunas zonas de la columna vertebral. "Por eso -aclara el doctor Furman-, los dolores, que suelen acrecentarse a última hora de la tarde, asumen la forma del recorrido de un cinturón, especialmente del lado derecho del abdomen: duele la zona del riñón, la vesícula, el hígado, el estómago. Se acompaña de falta de aire al inspirar, taquicardia, náuseas, falta de apetito, depresión y problemas de sueño.
El diafragma tiene dos orificios para permitir el pasaje de la aorta y del esófago. El orificio aórtico es inextensible (si no, habría peligrosas compresiones y dilataciones sobre la arteria) y el desgarro no lo afecta; pero el orificio del esófago sí es alcanzado por la lesión, se endurece y tiende a cerrarse: de ahí, la dificultad para comer y la disminución de peso.
Los tratamientos
La mayoría de los pacientes llegan a la consulta con una larga historia de análisis de todo tipo y un arsenal de analgésicos. Pero el tratamiento no es precisamente medicamentoso.
"Como en todo desgarro -indicó el doctor Furman-, las aplicaciones de hielo son un aliado invalorable; los dolores en las inserciones se tratan con laserterapia y otros recursos fisioterapéuticos; las manipulaciones vertebrales calman los dolores en forma de cinturón. En cuanto a la lesión en torno del esófago, que es el lugar adonde resulta más difícil acceder, se realizan aplicaciones de infrasonido, con aparatología de última generación."





