
Sus síntomas ceden tras una sola sesión de tratamiento
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En la fiesta de 25 años de egresados del colegio secundario me reencontré con muchos compañeros que el destino había separado. El asiento vacío de Miguel, uno de mis mayores amigos de esa época, a pesar de haber confirmado su asistencia al encuentro, me produjo una gran pena.
Conseguí su número de teléfono y al comunicarme con él me contó que el motivo de su ausencia era un extraño mal que padecía su esposa, Susana, desde hacía unos meses, después de su cumpleaños número 45.
Susana padecía severas crisis en las que sentía ser devorada por un torbellino; éstas eran tremendamente intensas, aunque breves, y muchas veces se presentaban acompañadas por náuseas y vómitos. Después de las crisis quedaba cansada y con una sensación de embotamiento que a veces persistía durante todo el día.
Le expliqué que existen muchos trastornos que pueden expresarse con ese tipo de síntomas, pero que una adecuada evaluación podría ayudar a acercar un diagnóstico y, probablemente, también un tratamiento.
Fue en ese momento cuando muy apenado me dijo que Susana ya había consultado al médico, pero que todos los estudios efectuados habían arrojado resultados normales.
También me informó que encontraba extraño que su esposa se descomponía principalmente estando acostada y alguna vez tendiendo la ropa.
Aliviado y contento por lo que me sugerían esos detalles, le expliqué que probablemente Susana padeciera una enfermedad extremadamente frecuente, que se llama vértigo posicional paroxístico benigno.
Este trastorno es producido por unos cristales microscópicos que se desprenden dentro del oído interno. La buena noticia, le comenté, es que a pesar de tener síntomas muy incapacitantes cuenta con un tratamiento rápido, sencillo y efectivo.
Dicho tratamiento consiste en hacerle realizar al paciente una serie de precisos movimientos de la cabeza, que permiten reposicionar los cristales. Gracias a éstos los síntomas desaparecen completamente. Es más, la mayoría de los pacientes con vértigo posicional paroxístico se cura en la primera consulta.
* * *
A los pocos días de la charla telefónica, Susana acudió a mi consultorio. Tras revisarla, corroboré mis sospechas: tenía efectivamente vértigo posicional paroxístico benigno. Ella respondió favorablemente a las maniobras de reacomodación de los cristales. Hoy, gracias a sólo una sesión de esas maniobras, el vértigo es solamente un mal recuerdo.
El autor es médico del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires.





