
"Yo solía tener migrañas, pero mi psicoanalista me curó. Ahora me salen unos sabañones espantosos." Woody Allen
Para evitarlos, había que eludir el frío. Al menos, ésa es la única fórmula que recuerda mi abuela. En sus tiempos de juventud, los sabañones eran tan comunes como el lechero a domicilio. Hoy -aunque todavía hay quienes los sufren- parecen rendirse ante una realidad que les da batalla con inviernos menos crudos y aparatos de calefacción.
Los sabañones producían hinchazón en las manos, los pies, las orejas y alteraban la paciencia del más pacífico de los mortales. Razones más que valederas para inspirar un folklore medicinal que dio a luz los más grandes hits en el rubro de recetas caseras.
Crudos como el frío de antaño o bien cocidos, los árboles y plantas constituían el ingrediente principal, como ocurrió con la encina, los frutos de un vegetal llamado berenjena del moro o las raíces de apio hervidas en agua. El objetivo era dilatar los vasos sanguíneos que se contraían a causa de las bajas temperaturas. En efecto, el eritema pernio (denominación científica del problema en cuestión) es -según el doctor Carlos Gatti, presidente de la Sociedad Argentina de Dermatología- "aquel que provoca enrojecimiento por congestión de los vasos sanguíneos de las zonas distales del cuerpo, prurito (picazón) localizado e hinchazón".
Y si bien "hoy contamos con vasodilatadores de baja toxicidad, que se administran por períodos cortos y tienen acción selectiva (dilatan sólo los vasos periféricos afectados)", no faltan quienes ofrecen por Internet recetas de baños de pies y manos "utilizando el líquido que se obtiene de hervir 25 g de flores de manzanilla, 25 g de hojas de nogal, 30 g de corteza de encina, 20 g de caléndula y 20 g de cola de caballo".
La baja incidencia de sabañones en nuestros días no es obra de la casualidad, sino "de los fríos menos intensos y duraderos, y de la posibilidad que tenemos de combatirlos, ya sea por el uso de ropa adecuada como por los artefactos para calefaccionar los hogares -dice Gatti-. De todos modos, los sabañones se siguen observando en pobladores de zonas con bajas temperaturas y también en otros grupos, como el de las amas de casa, que están en contacto permanente con el agua fría sin tomar la precaución de utilizar guantes".
El doctor Alberto Alvarez, cirujano vascular periférico del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, explica que "en el campo, donde existe una mayor exposición al frío y a las heladas, estas alteraciones que involucran a los vasos periféricos se dan con más frecuencia que en las grandes ciudades", y recomienda "cubrir bien las zonas más sensibles al frío, al tiempo que conviene evitar la ropa y el calzado muy ajustados, para no alterar el flujo sanguíneo". Gajes de la especie: como seres homeotermos, mantenemos constante nuestra temperatura corporal y podemos regularla cuando el clima externo nos desafía. Pero el trabajo no siempre se logra a la perfección y es entonces cuando los sabañones y otras dolencias se activan.
De otro tipo de desencadenantes no fisiológicos -como los que imagina Woody Allen- ni mi abuela ni los médicos han tenido noticias. Lo que sí saben todos es que el recalentamiento del planeta está provocando la aparición de nuevas enfermedades y -en muy pocos casos, como éste- la extinción de otros problemas de salud que las generaciones más jóvenes casi no llegarán a conocer. Sí: mi abuela tiene razón. Sabañones... eran los de antes.






