
Cómo es el grupo en las redes sociales de fanáticos de masacres en el que participaba el menor que mató a un estudiante
El adolescente inimputable planificó el ataque en una singular comunidad digital
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ROSARIO.- Gino C. llegó en bicicleta a las 7.10 a la escuela Mariano Moreno, de San Cristóbal, con una escopeta calibre 12/70 desmontada dentro de la mochila, con un cinturón portacartuchos, y con un destino definido. Entró al baño de la Escuela Normal N°40 de esa localidad de 16.000 habitantes, armó la escopeta, se ciñó la cartuchera con decenas de municiones, salió, y gritó “sorpresa” antes de disparar cuatro tiros. Provocó la muerte a Ian Cabrera, de 13 años, y dejó ocho heridos, dos de ellos aún están internados. El crimen que el lunes 30 de marzo conmocionó a la Argentina fue planificado de manera minuciosa por este joven de 15 años, según investigación inicial, que apunta a desentrañar que ekl menor pergeñó previamente el tiroteo a través de grupos en la red Discord, que idolatran a asesinos, como los adolescentes que llevaron adelante en Colorado en 1999 la masacre en el instituto Columbine, donde murieron 12 estudiantes y un profesor.
Este viernes Gino C. fue imputado de “homicidio doloso agravado por el uso de arma de fuego”, pero en el mismo trámite fue sobreseído porque es menor no punible. Aún no está en vigencia la nueva ley, que establece la responsabilidad penal en 14 años. En la conferencia de prensa, los fiscales Carlos Vottero y Luis Schiappa Pietra advirtieron que la investigación es “muy compleja”, que tiene “múltiples aristas” y que el episodio “habría tenido cierto grado de planificación”. Confirmaron además que los vínculos del adolescente en redes sociales forman parte del expediente y siguen bajo análisis.
En la rueda de prensa, Schiappa Pietra sostuvo que en la investigación se cuenta con “información muy contundente sobre la manera en que venían dando estas estas comunicaciones, y relaciones con otras personas que obviamente no tenemos al día de hoy la posibilidad de determinarla, justamente porque es una forma de comunicarse en redes muy compleja, con mecanismos de ocultamiento y de identidad. Son comunidades de redes muy cerradas”.
En los días posteriores al crimen, mientras San Cristóbal velaba a Ian Cabrera y la provincia procesaba el horror, los investigadores comenzaron a rastrear su actividad en internet, luego de allanar su casa y secuestrar su PC. Lo que encontraron no era el perfil de un chico que había perdido el control en un momento de furia. Era el rastro de alguien que llevaba meses navegando en comunidades digitales que glorifican los tiroteos masivos.
Gino pertenecía a la True Crime Community, conocida en ese entorno como TCC. Se trata de una red de usuarios — mayoritariamente adolescentes — que orbita en torno a la fascinación por crímenes reales, asesinos en serie y, en sus sectores más extremos, por los autores de masacres escolares. La referencia fundacional de esa cultura es la masacre de Columbine, que se produjo en 1999 en Colorado por dos estudiantes que mataron a trece personas. El “efecto Columbine” — la fascinación por los autores que se convirtieron en una suerte de ícono morboso — lleva décadas sembrando copias en distintos países.
La TCC opera principalmente en plataformas como Discord, donde grupos privados se organizan en servidores temáticos, y en TikTok, donde el contenido circula con mayor visibilidad, pero también con mayor exposición.
La TCC es parte de lo que se denomina la “edge sphere” online, que comenzó a tomar forma entre 2018 y 2020 como un conjunto de comunidades que se dedican a la erosión deliberada de las normas sociales y la glorificación de la violencia. Los “Columbiners” —grupos de fanáticos de los tiradores de 1999— son considerados el precursor directo del TCC. Entre 2024 y 2025, al menos siete tiroteos escolares y nueve atentados frustrados en Estados Unidos fueron presuntamente llevados adelante por individuos vinculados al TCC.

En San Cristóbal, un joven que compartía ese espacio virtual con Gino declaró en un video en Tik Tok que entre el 18 y el 22 de marzo — días antes del ataque — el tirador estaba activo en el grupo y participaba de conversaciones, según publicó DiarioAR. “Se lo notaba serio a la hora de escribir”, dijo. “Como todo chico que está en esta comunidad, lo que quieren hacer siempre es cometer tiroteos, matar a cuantos puedan y después acabar con su propia vida”. El último comentario que ese joven recuerda de Gino giraba en torno a si su madre creía que él podía matarse en su propio cuarto con el arma del abuelo.
En Instagram, el único rastro público de Gino era un posteo de 2021 con una imagen del manga “Aku no Hana” — Las flores del mal, en japonés —, una obra sobre adolescentes que cometen actos transgresivos y oscuros como forma de ruptura con la normalidad.
El fiscal Vottero reconstruyó con detalle la secuencia del ataque. La primera versión que circuló en los minutos posteriores al hecho — que Gino había escondido la escopeta en un estuche de guitarra — fue descartada por la investigación forense. El arma estaba en la mochila escolar, junto al cinturón portacartuchos. Gino entró al establecimiento, preguntó a unos compañeros dónde estaba el baño — una pregunta que los propios testigos señalaron como desconcertante — y se encerró allí para ensamblar el arma.
El primer disparo se produjo dentro del baño, donde había al menos tres alumnos. La dispersión de perdigones hirió a tres personas, entre ellas Ian Cabrera. El segundo disparo lo ejecutó a tres o cuatro metros de la puerta, cuando Ian intentaba escapar herido. Ese tiro lo mató. Luego recargó la escopeta y efectuó dos disparos más desde un ventanal hacia el patio exterior. No hirió a nadie en esa instancia. El portero del colegio, Fabio Barreto, lo interceptó cuando vio que recargaba el arma y se abalanzó sobre él. “Si lo dejaba, iba a ser un desastre”, dijo Barreto. Lo contuvo hasta que llegó la policía.
La pregunta sobre el baño, la escopeta desarmada en la mochila, el cinturón preparado, los cuatro disparos en sectores distintos del colegio en apenas unos segundos. Todo eso es consistente con lo que la Fiscalía denominó este viernes “cierto grado de planificación”.
Gino C. tiene 15 años. Nació en septiembre de 2010. Y por eso, al menos en términos penales, la Justicia argentina no puede condenarlo. La nueva Ley Penal Juvenil aprobada por el Congreso a comienzos de marzo — impulsada en parte por el crimen de Jeremías Monzón en Santa Fe — reduce la edad de imputabilidad a los 14 años. Pero el decreto 138/2026 fijó su entrada en vigor 180 días después de la publicación en el Boletín Oficial. Eso significa que la ley recién rige a partir del 5 de septiembre. El crimen de San Cristóbal ocurrió el 30 de marzo.
“No tenemos ninguna pretensión punitiva porque es no punible ante la ley”, dijeron los fiscales Vottero y Schiappa Pietra este viernes. Lo que pueden hacer es judicializar la situación bajo el régimen juvenil santafesino y disponer medidas de protección, tanto para el agresor como para las víctimas. En ese marco, Gino continuará alojado en un instituto de menores de la ciudad de Santa Fe, donde un equipo interdisciplinario lo evalúa. La fiscalía ya anticipó que pedirá que no regrese a San Cristóbal.
Los fiscales confirmaron que en la investigación sobre las redes sociales avanza. El celular de Gino será peritado. Y lo que se detecte en ese análisis — conversaciones, grupos, contenidos consumidos, mensajes enviados los días previos al ataque — podría ser la pieza que termine de explicar cómo un chico de 15 años, nacido y criado en una ciudad de 16.000 habitantes en el norte de Santa Fe, decidió convertir una mañana de clases en una masacre.
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