Femicidio: la lucha de una sobreviviente para llevar a juicio al asesino de su amiga

Ana Laura González, con la imagen de su amiga Emma Córdoba
Ana Laura González, con la imagen de su amiga Emma Córdoba Crédito: Santiago Hafford
Ana Laura González fue atacada junto a Emma Córdoba en 2017 y el agresor fue detenido de inmediato, pero ella tuvo que juntar firmas para adelantar el debate
Gastón Rodríguez
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9 de mayo de 2020  

Ana Laura González es una sobreviviente. Hace casi tres años, un hombre se metió en la casa de su amiga Emma Córdoba, en Punta Lara, y las sometió a las dos a todo tipo de vejámenes. Después de violarlas e intentar matarlas a golpes, incendió el lugar para no dejar rastros del horror. Solo Ana escapó. Desde entonces no dejó de luchar para conseguir justicia por las dos: identificó al responsable, consiguió que adelantaran el juicio y ahora busca ser aceptada como particular damnificada para tener un rol más activo en el debate oral y lograr la máxima condena. "De alguna manera siento el empuje de Emma, ella me impulsa a pelearla hasta el final", explicó.

Ana y Emma se conocieron trabajando en un local de comida rápida del centro de La Plata. Pronto el compañerismo se transformó en amistad y Ana empezó a pasar mucho tiempo en la casa de Emma, una construcción antigua sobre la calle 126 que le había quedado grande luego de la separación. "Estábamos juntas casi todos los fines de semana. Emma estudiaba Medicina y yo Magisterio, pero ella era un 'bocho' y me ayudaba a mí. Ya estaba por mudarme a la casa de ella", recordó Ana.

El 8 de julio de 2017, después de las 23, Ana, entonces de 25 años, abrió la puerta que daba a la calle para dejar entrar a los perros de Emma. Cuando reaccionó era demasiado tarde. Ariel Báez, un vecino, ya estaba adentro empuñando un arma de fuego (luego se supo que era un revólver calibre 38) y apuntando contra las dos.

"Lo único que esperaba era que fuera un robo, que se llevara lo que quisiera. Pensaba en no resistirme porque, si puedo, siempre voy a preferir salir viva. De hecho, le decía a Emma: 'No nos resistamos que nos va a matar'", confió Ana.

Báez no sintió compasión. Según lo relatado por la víctima en la causa, las obligó a quitarse la ropa y tocarse entre ellas. Luego, en una de las habitaciones de la planta alta, las sometió sexualmente, sujetándolas con cables. Cuando terminó, les ordenó que se quedaran quietas sobre la cama mientras prendía fuego una frazada. Desesperadas por las llamas y el humo asfixiante, las jóvenes lograron desatarse y bajar. Báez las golpeó varias veces con el filo de una pala. Cuando creyó que las había matado, llenó una mochila con objetos de las víctimas y las dejó encerradas bajo llave.

"La verdad que todavía hoy no sé por qué logré sobrevivir. Sé que yo fui la más pasiva de las dos. Siempre recuerdo que Emma se resistía mucho, fue la que dio más lucha. También recuerdo estar recibiendo un montón de golpes hasta que en un momento escuché que la puerta se cerraba. Recién ahí levante la cabeza".

Sin duelo

Ana todavía tenía las manos atadas, así que agarró un cuchillo y cortó el cable. Miró a Emma, que estaba tirada en el piso con los ojos abiertos y respirando con dificultad. Ana intentó tomarle el pulso, pero no pudo. Se concentró en salir de la casa y pedir ayuda. Encontró un manojo de llaves y abrió la puerta. En la vereda ya estaba la policía porque un vecino había llamado al 911 cuando notó el humo. Mientras se la llevaban les gritó que sacaran a su amiga, pero las llamas obligaron a esperar a los bomberos. Ana se subió a la ambulancia sin saber que su amiga ya estaba muerta.

"Me acuerdo de que me ingresaron a la guardia y mientras los médicos me iban atendiendo, la policía entraba y me preguntaba cosas. Yo sabía que había sido un vecino y que Emma le decía 'Ari', pero no lo conocía. Me subieron a una habitación, me tomaron la declaración y al rato, en esa madrugada, me mostraron una foto y lo reconocí".

Báez volvió a su casa, lavó la ropa manchada con sangre que había usado y se puso un pijama. Después se acostó con su hijo recién nacido. Cuando la policía golpeó su puerta, dijo haber estado durmiendo. No pudo explicar el lavarropas funcionando ni la computadora y la tarjeta SUBE, entre otras cosas, de las víctimas. Tampoco la cocaína y los elementos de fraccionamiento que delataban su intención de venderla. Fue encarcelado de inmediato y acusado por el femicidio y el ataque sexual.

A fines de 2018, y en plena recuperación, Ana fue notificada del comienzo del juicio proyectado para mayo de 2021. "Ya se me había hecho larga la espera de una fecha, y pensar que faltaban tres años más después de todo lo que sufrimos era una eternidad. Se me ocurrió impulsar el adelantamiento y hacerlo público. Lo hablé con mi abogado y con la familia de Emma, y empezamos a juntar firmas en la plataforma Change.org para tener más peso".

En su carta al Tribunal Oral Criminal Nº 5 de La Plata, Ana justificó su pedido en que "el paso del tiempo constituye un flagelo para mí. No solo en lo que concierne a los hechos que tuve que padecer sobre mi cuerpo, sino también frente a la realidad del asesinato de mi amiga María Emma Córdoba".

Hace unos días, el hermano más chico de Emma le avisó a Ana que la Justicia les había dado la razón, adelantando el juicio para agosto de este año. "Hasta que no se haga justicia no voy a poder elaborar el duelo como corresponde. Siempre tengo el foco en el juicio porque necesito saber que este tipo por unos cuantos años no va a volver a salir a la calle, que no va a ser el vecino de ninguna otra chica".

Una víctima que busca ser escuchada por la Justicia

La terapia psicológica y el apoyo de la familia y su pareja fueron fundamentales para que Ana Laura González lograra reconstruir una vida luego de lo sufrido. Hoy trabaja de entrenadora profesional y, si bien todavía no es capaz de salir sola de noche, se siente con la fuerza necesaria para enfrentar en un juicio a Ariel Báez, el hombre que la atacó en 2017 y que mató a su amiga Emma Córdoba. "En su momento no estaba preparada -contó- porque era todo muy reciente, ni siquiera sabía cómo iba a sobrevivir cuando saliera del hospital, pero ahora es la meta que me propuse".

En el escrito presentado ante el tribunal, Ana argumentó que "la naturaleza especial de los delitos de los que he sido víctima han implicado un menoscabo no solo de mi integridad psicofísica, sino también de mi subjetividad. En dicho sentido, el aturdimiento que sobrevino a la exposición a los niveles de letalidad que desplegó el imputado y autor penalmente responsable, Ariel Osvaldo Andrés Báez, redundaron en que no pudiera optar libremente en todo lo que concierne a mi rol en el proceso. Concretamente, a presentarme en forma oportuna a ser tenida como particular damnificada".

Pero el deseo de Ana se contrapone con los tiempos procesales. "El Código prevé que se puede aceptar la figura de particular damnificado hasta la elevación a juicio, después de esa instancia dice que hay que rechazarla. Nosotros sostenemos que los derechos de la victimas deben ser comprendidos en forma amplia y dinámica. En segundo lugar, el proceso debe tener una dimensión reparatoria para la víctima; consideramos que los femicidios son una violación de los derechos humanos y, en algún punto, el Estado está siendo responsable porque la Justicia es parte del problema de la alta tasa de femicidios", explicó Jerónimo Guerrero Iraola, abogado de Ana.

"Quiero que mi situación -concluyó Ana- sirva para que las chicas no tengan miedo de denunciar, que salgan de donde tengan que salir, que luchen porque no nos pueden seguir matando así".

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