9 cosas que NO debés hacer si querés disfrutar el verano en familia

Podés convertir este tiempo en memorable para todos... siempre que no cometas algunos deslices
Podés convertir este tiempo en memorable para todos... siempre que no cometas algunos deslices
Carolina González
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9 de enero de 2016  

Una serie de desaciertos produce el desastre de la vuelta a casa enojados, sin hablarse, pensando que hubiese sido mejor no tener vacaciones juntos. Parece el guión de una película de Ben Stiller, pero… si el protagonista sos vos, no te va a provocar nada de risa.

El desencuentro, los enfrentamientos o el aburrimiento también pueden resultar frecuentes entre tanto ocio compartido. Si estás sumergido en la hazaña de convivir 24/7 con tus seres queridos, tené en cuenta estos errores comunes y lográ que el acercamiento familiar sea tan exitoso que den ganas de repetirlo pronto.

1-Confundir descanso con desidia

Termina el día de playa, te calzás los auriculares y empezás a caminar con destino incierto olvidando el vendaval de pertenencias que dejás atrás. Da por hecho que será un eje de conflicto con el resto de tu tribu. Ni los más hiperactivos e inquietos se sienten cómodos ordenando el caos ajeno o yendo a buscar el agua para que otro tome mate tirado en la reposera tres veces por día. Relajarse no es siempre descansar en que el otro hará lo que vos no tenés ganas, y menos aún pensar que las vacaciones son una regresión a un estado embrionario.

Solución posible: Si naturalmente tu espíritu es haragán, conviene que preguntes si podés colaborar en algo. La buena voluntad la mayoría de las veces es bien celebrada.

2-Planear en modo autorreferencial

¿Sos de los que arman una planilla de actividades para los 15 días vacacionales? Promediando el día ocho te podrías encontrar las valijas en la puerta con un pasaje de regreso para vos solo. El calor no es lo único que sofoca: las personas excesivamente controladoras y programadoras logran el mismo efecto. Aunque te cueste, evitá cronometrar los tiempos y querer contagiar a otros para que se sumen a todos tus planes. Viajar en soledad es la única forma de libertad total, de lo contrario hay que consensuar, dialogar y negociar.

Solución posible: Un buen ejercicio es reducir la agenda al día a día, considerando el ánimo, el clima y la disponibilidad de cada integrante.

3-Gastar sin pausa

Encontrar en esos benditos días de descanso anual el paraíso del libre consumo puede ser dañino para la salud de todos. No sólo porque después de comerte todo te vas a sentir pésimo, sino porque lo que hagas sin límite será un mensaje desmedido que recibirán también tus hijos. ¡Después no te quejes si quieren tomar un helado de siete sabores y bañado en chocolate o comprarse veinte shorts iguales de distintos colores! No se trata de tener o no tener liquidez para solventar las compras, sino de preservar la conciencia acerca de los gastos.

Solución posible: Manejarse con un presupuesto, que se puede tornar flexible, pero logra que las compras se produzcan en el marco de un límite respetuoso.

4-Encapricharte con la comida

Compartir no es un aprendizaje exclusivo para niños de preescolar, sino también un hábito familiar que se potencia aún más cuando se vive mucho tiempo juntos. Los momentos donde todos se reúnen en la mesa dejan entrever algunas cuestiones de índole egoísta o caprichosa. Entonces, si te encontrás pataleando porque no se come pizza todos los días, es posible que tengas que superar berrinches aunque estés promediando los treinta. De lo contrario andá pidiendo vacante para volver al colegio.

Solución posible: Combinar gustos y elecciones a modo de juego. ¿Elegiste la comida principal? Vale cederle la decisión del postre a otro. Antes de servirte la última fracción de la cena preguntá si alguien quiere compartir la mitad de lo que queda.

5-Recibir visitas sin parar

"Las puertas están abiertas", es el cartel que imaginariamente reza en la entrada de tu alojamiento. Ni organizar una pijamada diaria para los chicos, ni armar asado tras asado con los amigos ocasionales que te hacés en la playa: equilibrar un poco las cosas para no omitir el agradable (y necesario) descanso reparador. Está bueno entender que un lugar con efecto de trasnochada permanente se vuelve nocivo después unos días y principalmente no funciona para lograr vincularidad familiar.

Solución posible: Si son sociables y les gusta juntarse con otras personas, fijen horarios diurnos o de cena temprana algunos días. La regla es que todos colaboren aunque no sean sus invitados.

6-Romper el reloj

Llegan el primer día y deciden que los levante el alba. Una visión romántica te hizo pensar que se van a despertar con el canto de los pájaros a desayunar bajo un árbol que huele a jazmín. Resulta que terminan durmiendo hasta la hora del almuerzo y perdieron el primer medio día de vacaciones roncando con las persianas bajas. No es necesario tener el despertador sonando a primera hora de la mañana como el resto del año, pero tampoco es conveniente olvidarse de todo hasta llegar a preguntarse si será de noche cuando abren los ojos. Las vacaciones pueden tener una rutina agradable sin que eso conlleve a padecer los horarios.

Solución posible: Cambiá el ringtone y consensuá con todos cuál es el momento en que quieren arrancar. Un buen plan siempre estimula a salir de la cama.

7-Tomarte las cosas muy en serio

Los chicos no quieren salir del agua en pleno mediodía y proponés una junta de letrados para que accionen sacándolos con la fuerza pública de la exposición solar. A continuación te ponés a revisar la economía de todo el año en la sobremesa y a todos los integrantes les sugerís un replanteo de gastos. Por más que pidan torta de chocolate de postre, van tener un gusto amargo. El humor es un buen recurso que afloja las tensiones y permite abordar los temas más ásperos.

Solución posible: En vez de usar tanta energía para recargar sobre los otros los temas que te preocupan, pensá una estrategia cómica que logre posicionar ciertos diálogos más complicados de un modo más ameno.

8-Usar demasiado la tecnología

Comparten un montón de cosas, pero no desde el diálogo sino a través del icono del celular que manda links a todas las redes. Algo anda mal. ¿Hablar? Sí, un montón, con mensajitos de voz de WhatsApp. Algo anda muy mal. ¿Les agarró un ataque de nervios porque se les quedó sin batería la tablet? Estamos ante un caso grave de dependencia a la tecnología. Los malos hábitos que se arrastran durante el año, por ejemplo comer iluminados por el destello de la pantallita, hay que tratar de detenerlos (o revertirlos) durante las vacaciones. La única conexión que es positiva e irremplazable se logra favoreciendo la charla verbal cara a cara.

Solución posible: Tampoco se trata de aislarse del todo, pero sí se puede crear un espacio una vez al día de poco tiempo tecnológico donde cada uno esté pendiente de sus cosas sin entorpecer los encuentros.

9-Excederse en las elecciones

Salís con el auto de tu casa y no arranca. Te agarrás la cabeza pensando en el motor, en si se murió la batería o se cortó el cable del embrague. Lamentablemente resulta que el coche está tan excedido en peso que no hay modo de que vaya para adelante. La onda de trasladar la casa a cuatro ruedas no va a funcionar y casi como un final anunciado todos se empiezan a echar cosas en cara y terminan dos valijas en el living junto con el perro que no entró y se queda al cuidado de la tía. Las medidas drásticas nunca son bienvenidas: mejor evitar el exceso y tomarse tiempo para organizar una manera de viajar cómodos.

Solución posible: Evitar las cosas sueltas y contemplar, con antelación, cómo entra el equipaje. Casi como una condición todos tienen que respetar un límite de medida preestablecido.

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