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WASHINGTON.- Durante más de 50 años, Ron Petersen estudió el envejecimiento saludable, la cognición y la demencia.
La investigación de Petersen estableció el concepto de deterioro cognitivo leve, que se sitúa entre el envejecimiento cognitivo saludable y la demencia. Esta idea cambió la forma en que médicos y científicos estudian la salud cognitiva al poner el foco en la detección temprana y los cambios en el estilo de vida. Petersen escribió junto a otros autores más de 1500 artículos revisados por pares y trabaja a tiempo completo en investigación clínica como director del Estudio sobre el Envejecimiento de la Clínica Mayo, donde también atiende pacientes.
A los 80 años, Petersen señaló que hay cosas sencillas que todos podemos hacer para lograr un envejecimiento cognitivo más saludable.
“El envejecimiento no tiene por qué ser un proceso pasivo”, indicó. “Podemos influir en él. Podemos involucrarnos. Y ahí es donde entra en juego el estilo de vida”.
Quería saber cómo el amplio conocimiento de Petersen sobre la demencia y el envejecimiento influye en sus propias rutinas y hábitos diarios. Así que hablé con él por teléfono desde Chicago, donde recientemente recibió un premio a la trayectoria de la Academia Nacional de Neuropsicología. (La semana siguiente tenía previstos otros viajes a San Diego y luego a Fort Lauderdale, en Florida).
Esto es lo que recomienda y hace para lograr un envejecimiento cognitivo saludable.
“Si alguien me arrinconara y me dijera: ‘Tenés que hacer una sola cosa. ¿Cuál sería?’”, expresó Petersen. Su respuesta sería el ejercicio.
Cuando no está de viaje, hace ejercicio entre tres y cuatro días por semana, a menudo con su esposa en un gimnasio. “Hago caminatas rápidas. A veces uso la cinta de correr con algo de inclinación y voy cambiando la velocidad”, señaló.
También juega al golf y realiza entrenamiento de fuerza, como prensas de piernas y ejercicios para la parte superior del cuerpo, además de ejercicios de flexibilidad. Estos últimos, según dijo, son fundamentales para ayudar con el equilibrio y prevenir caídas, “un verdadero problema del envejecimiento”.
El trabajo de Petersen y las investigaciones posteriores encontraron que el ejercicio puede retrasar el deterioro cognitivo, reducir el riesgo de Alzheimer y favorecer una mejor salud cerebral.
Petersen recomienda 150 minutos de ejercicio aeróbico por semana. Incluso una pequeña cantidad, como 10 minutos de trote muy lento, ayuda, según muestran las investigaciones. “Simplemente hacer más de lo que hacés ahora es probablemente el mejor consejo individual que puedo dar”, afirmó.
Petersen se mantiene ocupado con su trabajo. Por eso intenta relajarse cuando no está trabajando.
No es de esas personas que hacen sudoku, crucigramas o juegos de entrenamiento cerebral, aclaró. No ve mucha televisión, pero cuando la mira suele elegir noticias o deportes. (Como vive en Minnesota, alienta a los Vikings, los Twins, los Timberwolves, los Lynx y a los equipos de sus nietos. La noche anterior a esta entrevista, su nieta mayor jugó un partido definitorio de un torneo regional de fútbol bajo la lluvia y con una temperatura cercana a los 9°C. “Se fueron a doble tiempo suplementario y ganaron”, contó Petersen).
“No leo tanto como debería, como podría o como me gustaría, pero me gusta mucho más la no ficción que la ficción”, aseguró. “Ahora estoy leyendo un libro llamado The Gales of November, sobre el naufragio del Edmund Fitzgerald en el lago Superior. Es fascinante”.
Mantenerse mentalmente activo —aprender un idioma, escuchar música, participar en pasatiempos o usar nuevas tecnologías— tiene beneficios para el cerebro tanto a corto como a largo plazo, según muestran las investigaciones.
Aconseja a las personas que las actividades intelectuales pueden beneficiar la salud cerebral, ya sea leyendo el diario, asistiendo a conferencias o simplemente conversando con otros. Pero recomienda “encontrar una actividad que sea divertida, que disfrutes hacer y que esperes con ganas cada día”.
Es difícil saber si una dieta en particular es mejor que otra para el cerebro, indicó Petersen, pero seguir una alimentación saludable para el corazón —como la dieta mediterránea o la dieta MIND— es una buena idea. Los estudios demostraron que priorizar alimentos como verduras, frutos secos, porotos, frutas y mariscos puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, especialmente entre las personas que ya presentan un mayor riesgo.
“Lo que deberíamos hacer por la salud del corazón también es bueno para el cerebro”, señaló.
Por su parte, Petersen se define como “omnívoro”. A menudo desayuna granola y yogur con frutos rojos. El almuerzo suele resolverlo sobre la marcha, aunque a veces también come fruta, yogur y granola. No consume mucha carne roja: aproximadamente una vez cada dos semanas. Por eso, en la cena suele priorizar el pollo y el pescado, aunque admite que también come algo de comida chatarra, sobre todo cuando está de viaje.
En cuanto al alcohol, los investigadores encontraron una relación entre su consumo —especialmente en grandes cantidades— y un mayor riesgo de demencia. Sin embargo, Petersen toma “un poco de alcohol”, por lo general los viernes y sábados, cuando sale con familiares o amigos. (Prefiere la cerveza, especialmente la Red Lager o la Original de Leinenkugel, elaboradas en Wisconsin).
“Siempre existe un componente de disfrute. Los pacientes me preguntan: ‘¿Debería tomar alcohol?’. Y yo respondo: ‘Bueno, si no tomás, no empezaría a hacerlo. Pero si tomás y disfrutás de un cóctel a la tarde o una copa de vino con la cena, probablemente esté bien’”.
Dormir se vuelve más difícil a medida que envejecemos. “Por lo general, lo que sucede es que la cantidad aumenta y la calidad disminuye”, explicó Petersen. “Entonces podemos pasar más tiempo en la cama, pero nos despertamos y no podemos volver a dormir”.
Dormir es importante para consolidar los recuerdos y eliminar sustancias de desecho del cerebro. Los trastornos del sueño, incluidos el aumento de la somnolencia o el insomnio crónico, se asociaron con un mayor riesgo de demencia y deterioro cognitivo.
Petersen sigue los consejos habituales: evita los estimulantes, como la cafeína, por la noche; se acuesta aproximadamente a la misma hora (alrededor de las 22.30); se levanta más o menos a la misma hora (6.30) y toma una taza de café. (Aunque los fines de semana puede dormir un poco más).
Señaló que es importante prestar atención a los trastornos respiratorios asociados al sueño, como la apnea del sueño, y que las siestas en general se consideran beneficiosas, siempre y cuando no sean demasiado largas.
“Algunas personas pueden dormir entre 10 y 15 minutos y, listo, recuperarse de inmediato y sentirse renovadas. Y creo que eso está bien. Me preocupa un poco más cuando dormís una hora, dos horas o algo así en mitad de la tarde”.
Eso podría ser una señal de un trastorno del sueño y debería comentarse con un profesional de la salud.
Petersen tiene dos hijos y seis nietos que viven relativamente cerca y se reúne con ellos todas las semanas. La familia, la conexión social, mantener vínculos y pasar tiempo con amigos son muy importantes, afirmó. Los estudios demostraron que los sentimientos de soledad pueden aumentar el riesgo de demencia; por el contrario, contar con vínculos sociales sólidos es clave para la salud cognitiva.
“Es fácil aislarse cuando uno envejece”, concluyó Petersen. “‘No voy a salir. No, no tengo ganas de hacer esto. Mejor nos quedamos en casa’, ese tipo de cosas. Y creo que luchar contra esa tendencia es una recomendación que vale la pena”.




