
"Caminamos 33 km hasta el cementerio del pueblo"
Stengel, el argentino que decidió no esperar
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"El domingo [por el 24 de este mes] subimos a Machu Picchu y bajamos ese mismo día. Cuando fuimos a tomar el tren en Aguas Calientes para volver a Cuzco, nos dijeron que no podíamos bajar y allí comenzó la odisea. Era imposible que nos pudieran rescatar a todos. Por eso decidí bajar caminando", recordó Francisco Stengel, de 37 años, uno de los dos argentinos que regresó ayer a las 6.05 en el vuelo 1365 de Aerolíneas Argentinas, tras recorrer 33 kilómetros a pie junto a seis personas más.
Con la mirada cansada y la piel del rostro y los pies agrietada por las exigencias que sufrió su cuerpo durante los últimos días, relató a LA NACION cómo fue la travesía que hizo junto a su amigo, el médico Adolfo Etchegaray, de 37 años, cuatro brasileños y un alemán, que comenzó el martes al mediodía y terminó ayer en Buenos Aires.
"Cuando hablé con el alcalde de la ciudad, me dijo que, si decidíamos irnos a pie por las vías era bajo nuestra propia responsabilidad. Nosotros lo aceptamos. Esto fue a las diez y media de la mañana y pasaron dos horas hasta que nos dejaron partir", recordó Francisco.
"Estábamos impacientes porque sabíamos que necesitábamos unas siete horas de caminata para llegar a un pueblo que estaba en el kilómetro 82 de la ruta", explicó Stengel y aclaró que Aguas Calientes está en el kilómetro 115.
"El trayecto hasta llegar a ese lugar, que no tenía ni luz, y del que nunca supe el nombre, nos tomó ocho horas finalmente y allí negociamos con un poblador que nos dejó tirar las bolsas de dormir dentro de su casa", explicó.
"El camino era riesgoso. En una parte del trayecto veníamos al final con mi amigo y comenzó a desmoronarse el cerro. Nos caían piedras. Creo que corrimos los 80 metros más rápidos de nuestras vidas", aseguró Francisco.
"En la mañana del miércoles [por anteayer] nos levantamos temprano e hicimos una caminata de media hora bajo una intensa lluvia hasta el cementerio del pueblo, donde nos tomamos una combi que nos llevó unos 15 kilómetros hasta el siguiente derrumbe. Lo cruzamos a pie y nos tomamos una segunda combi que nos dejó muy cerca de Ollantaytambo. Ya desde ahí pudimos ir directo hasta Cuzco", explicó Stengel.
"Desde ese lugar seguí sólo con mi amigo. Nos tomamos el avión hasta Lima, donde llegamos a las seis de la tarde", dijo, y agregó: "Nos acercamos hasta Aerolíneas, que nos dejó subir en el vuelo de esa noche y a las 7 de ayer ya estaba en mi casa con un sabor amargo por cómo terminó el viaje, pero sano."
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