Cansados de esperar: Más argentinos viajan a Italia para gestionar su ciudadanía

Con los consulados cerrados en la Argentina por la pandemia y todas las citas postergadas, cada vez son más quienes aguardan la apertura de fronteras con papeles en mano
Con los consulados cerrados en la Argentina por la pandemia y todas las citas postergadas, cada vez son más quienes aguardan la apertura de fronteras con papeles en mano Crédito: Gentileza
Lucila Marti Garro
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15 de octubre de 2020  • 11:29

Tramitar la ciudadanía italiana en la Argentina se ha vuelto una misión imposible. Conseguir turno es una odisea, y las citas se otorgan incluso años hacia adelante. Los argentinos apurados en emigrar encontraron un atajo:hacer esas diligencias en Italia, lo cual toma un promedio de cuatro meses. Con los consulados cerrados en la Argentina por la pandemia y todas las citas postergadas, cada vez son más quienes aguardan la apertura de fronteras con papeles en mano.

Pero esta corriente tuvo un precursor. La historia comenzó en 2014, cuando Sebastián Polliotto, ingeniero en sistemas de Córdoba, se cansó de su vida y se compró un pasaje a Italia. Por un problema familiar antes de su partida, sus finanzas quedaron en quiebra. Partió con apenas 300 euros a vivir en un lavadero prestado en la ciudad de Parma. Quería tramitar allí su ciudadanía italiana.

Las cosas no se dieron como esperaba. De tener un buen trabajo, volar por la Argentina y hospedarse en hoteles cinco estrellas, pasó casi sin escala a comer de la basura. Consiguió un acolchado en la calle y dormía de más para tener menos hambre. El techo tenía una ventana, y en invierno entraba nieve. Un día fue a ofrecer ayuda a una iglesia, y en Cáritas le dieron un trabajo sirviendo comida. Con el estómago lleno y un poco de idioma recién incorporado, empezó los trámites para hacerse italiano.

Pero su vida cambió un día en una librería, cuando agarró una tablet gratis y puso en Google "cómo ganar plata en Internet". Leyó sobre blogs y así puso el suyo: 1000 cosas interesantes. "Escribía pavadas que no leía nadie. En ese tiempo me salió la ciudadanía, que me tomó dos meses. Y lo conté en mi blog. De 30 personas que lo leían pasé de golpe a 2000. Empecé a escribir más sobre el tema y se multiplicaron los mails. Otros chicos querían replicar mi experiencia. Empezaron a llegar mis lectores a Roma y los acompañé en sus trámites. Al cabo de tres años ya me seguían 40.000 personas. Hoy somos un equipo enorme, tenemos colaboradores desde México hasta la Argentina para apostillar o hacer traducciones. Escribí un libro que va por la tercera edición y tiene más de un millón de descargas. Quise contar mi experiencia para que otros no repitan mis errores", cuenta Polliotto a LA NACION.

Cuando viaja a la Argentina lo hace para dar conferencias. Hoy tiene más de 100.000 seguidores entre Facebook, Instagram y YouTube, y 300.000 visitas semanales, el 90% desde la Argentina.

Sebastián Polliotto
Sebastián Polliotto Crédito: Gentileza

Polliotto afirma que en las últimas semanas su teléfono suena todo el día. "Aumentaron muchísimo las consultas. Creo que son varios motivos: la gente está más en su casa y tiene tiempo; también soy más conocido; y por último, aumentó la cantidad de gente que se quiere ir del país. Hace un mes fue increíble: con la nueva disposición del Gobierno de subir los impuestos, la cantidad de emails fue exponencial. Desde marzo venía creciendo en referencia al 2019 entre un 50% a 80%. Pero en septiembre trepó un 500%. Yo hago un vivo en Instagram y YouTube tres veces por semana. Hoy hay cinco veces más gente que a principio de año", cuenta.

A aquellos que consiguen la ciudadanía y postean su experiencia en las redes, Polliotto les aconseja que no digan a qué comuna fueron, de lo contrario, dicha oficina zonal colapsa. "Pasa todo el tiempo. Hay comunas chiquitas, que tienen 1000 habitantes, con un solo empleado que hace todo. Va un argentino y le sale rápido. Esa persona lo cuenta y caen diez atrás. No es una multitud pero a ese empleado se le multiplicó el trabajo. Colapsan, y empiezan a tomar un trámite por mes, lo cual demora todo".

La principal razón de aquellos que hacen su ciudadanía en Italia tiene que ver con los tiempos. En la Argentina puede llevar de uno a siete años. "El tema es que los chicos quieren irse ya", dice Polliotto desde Roma. La mayoría de los que emigran tienen entre 24 y 35 años.

Turnos imposibles, esperas eternas

La pandemia retrasó los planes de muchos que estaban listos con sus papeles para asentarse en Italia. Y también impulsó a aquellos que pensaban hacer el proceso en la Argentina.

Es el caso de Carla González, salteña de 24 años. Su familia había pedido un turno para tramitar su ciudadanía en el consulado de Córdoba, donde le correspondía por su domicilio. "Nos dieron fecha para presentar carpeta cuatro años después. ¡Cuatro años! Imaginate lo que fue la espera. Mi turno era el 25 de marzo pasado, pero seis días antes, el presidente decretó cuarentena obligatoria. Hasta el día de hoy los consulados no abrieron y sigo esperando para presentar la carpeta. Entonces con mi familia decidimos viajar, no esperar más y hacerla directamente en Italia. Nos iremos apenas abran las fronteras", sintetiza. Entre las razones por las que emigra menciona la inestabilidad del país.

Desde el Consulado italiano en Mar del Plata, el cónsul Darío Cortese confirmó que no se están otorgando nuevos turnos debido a la pandemia, y que no disponen de estadísticas que reflejen un número de ciudadanías emitidas al año. En otras sedes consulares del país no contestaron a las consultas de LA NACION.

Sam Silvero también está recalculando sus planes. En diciembre pasado pidió turno en el consulado de Capital Federal y se lo dieron para mayo de este año. Con las puertas cerradas por la pandemia, el consulado italiano le pospuso ya dos veces su cita, que ahora queda para 2021. "Me lo patearon tanto que estamos evaluando si mi marido puede viajar a Italia a hacer el trámite, para acelerar los tiempos. Si tuviera la oportunidad de irme, ya lo hubiera hecho", afirma.

Pero se encuentra en una trampa, dice. No puede viajar porque aún no es ciudadana, y no puede empezar allí los trámites porque la frontera está cerrada. "Aún si me atendieran el año que viene en el consulado de Capital, se pueden tomar hasta dos años para respondernos. El problema de hacer los papeles en Europa es que ahora nuestra moneda no vale nada y hay que mantenerse unos meses. Me siento presa", relata.

Polliotto coincide en que hay mucha gente contenida que no puede aún salir de la Argentina. "No sé qué va a pasar cuando se abra todo. Hay chicos que estaban por venir en marzo, abril, mayo. Ya tenían todo listo. Y hay otro grupo de gente que decidió partir durante la pandemia", sostiene.

Emiliano Greco
Emiliano Greco Crédito: Gentileza

Emiliano Greco, de 34 años, hizo su ciudadanía en Italia tras sentirse frustrado de intentarlo en el consulado en Mar del Plata. "Estuve dos años y medio sin éxito tratando simplemente de conseguir un turno. Un amigo me contó sobre una charla que dio Seba Polliotto y se me abrió un mundo de posibilidades. Armé la carpeta para llevarla sin dudarlo", cuenta Greco. En suelo italiano a los seis meses ya contaba con su nueva nacionalidad.

Giuli Serra pasó casi un año intentando conseguir cita para tramitar la ciudadanía en el consulado italiano de Córdoba, el que le correspondía por vivir en Tucumán. Fue inútil. "Como ya tenía la idea de irme a vivir a Europa me propuse hacerla en Italia. Era un pasito más en el camino de emigrar. Llegué el 14 de febrero, un par de semanas antes de que explote todo con la pandemia. Fui muy afortunada, con lockdown y Covid de por medio el trámite me llevó solo tres meses. Lo hice en una comuna chica cerca de Parma", cuenta.

Sus primas, con quienes comparte la línea de ascendencia planean ir a hacerla el año que viene. "Mi consejo es simple y para todos: ¡anímense! Vivir en el exterior te abre la cabeza y te obliga a salir de tu zona de confort". Ahora Serra reside en Inglaterra.

Según Polliotto, el 98% de los argentinos que tramita su ciudadanía no piensa quedarse en Italia. Se van a España, Irlanda o Dinamarca, por ejemplo. Otros la usan para emitir visa de Working Holiday para Nueva Zelanda o Australia, porque con el pasaporte argentino hay un cupo de 500 al año. Con el europeo no hay límite.

Gonzalo Biaggioni sacó la segunda nacionalidad en dos meses en Siracusa, previas experiencias anteriores en comunas donde no sabían hacer el trámite. "Cada comuna es un mundo, no todas funcionan bien. Algunos me miraban con desconfianza porque a nuestros antepasados cuando llegaban a la Argentina les cambiaban tal vez unas letras del nombre. Si bien fue algo común, en Italia no lo saben", cuenta.

Gonzalo Biaggioni
Gonzalo Biaggioni Crédito: Gentileza

Hoy vive en Dinamarca. "Acá te pagan si estudiás. Los comunitarios pueden cobrar este subsidio estatal, deben tener al menos un trabajo part time. Hay mucha oferta de estudios en inglés, sobretodo en masters y doctorados", explica.

Con casos tan disímiles, Polliotto menciona que la más afortunada fue Sabrina, una de sus lectoras, que en una semana se convirtió en italiana. "Fue en la isla de Cerdeña. El empleado público, muy simpático, le hizo prácticamente todo en el día y mandó el mail a la Argentina como se hace en todos los casos. Se lo contestaron al día siguiente, lo cual no ocurre nunca. A las 48 horas tenía su carta de identidad, y en cinco días la ciudadanía. Esto pasó solo una vez", cuenta.

Al igual que aquellos ancestros que llegaron de Italia con una mano atrás y otra adelante, más de 100 años después, la historia se repite, pero al revés. Los jóvenes ya no viajan en lentos transatlánticos ni pierden de vista su pasado. La conectividad los hace ciudadanos del mundo. Pero hacen similares sacrificios, económicos y de los otros.

Lo dejó plasmado Diego, un argentino que recorrió el camino inverso de su bisabuelo. "El día que me otorgaron la ciudadanía, quería abrazar a todos mis amigos y familiares, pero estaban lejos. Hay que venir fuerte a Italia y aceptar las distancias".

Consejos para tramitar la ciudadanía en Italia

  • No hay límite de generación. La gran mayoría de los italianos que llegaron fueron los bisabuelos y tatarabuelos de las actuales generaciones.
  • Es importante saber algo del idioma. Si la ciudad es turística como Roma o Milán, puede ser que hablen español o inglés. En ciudades no turísticas solo hablan italiano.
  • Antes de viajar, lo ideal es contar con las actas de nacimiento y matrimonio del avo (antepasado) hasta llegar al solicitante. Algunas comunas también piden actas de defunción. Deben estar traducidas al italiano y apostilladas.
  • Elegir la comuna es la primera decisión. Hay más de 5000, y se puede ir a cualquiera, no importa de qué región sean los ancestros. Conviene que la oficina sepa hacer el trámite, de lo contrario demoran más. Se puede enviar un email antes consultando.
  • Se debe empezar el trámite enseguida para no permanecer ilegal.
  • Conseguir dónde establecer residencia. Una vez fijado un domicilio, hay que esperar entre dos y 45 días que un oficial, el vigile, pasa a controlar el lugar de residencia. Al rentar suelen pedir garantías o recibo de sueldo, lo cual quienes emigran no tienen. Por eso, a veces exigen varios meses por adelantado. No se puede fijar residencia en hotel, bed and breakfast, ni ninguna propiedad que esté destinada al uso vacacional, pero sí ser hospedado por un familiar o conocido.
  • Una vez chequeada la residencia, la comuna hace los controles necesarios con los consulados en la Argentina. Este tiempo es relativo, y depende del nivel de demanda que tenga cada consulado, e incluso imponderables como un nombre mal escrito en un mail, o un empleado que esté de vacaciones.

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