
Celebra sus cien años el Club de Pescadores porteño
Con 1100 socios, festejará con coro, música sinfónica y de tango
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En 1948, corrió la versión de que el Gobierno iba a expropiar la sede del Club de Pescadores para entregársela a la Marina, cuyo objetivo era instalar allí su casino de oficiales. La estrategia para impedirlo, que incluyó olvidar la posición francamente antiperonista de la entidad, consistió en tratar de ganar el apoyo de una figura de decisiones incuestionables: Eva Perón.
La comisión directiva -encabezada por el entonces presidente del club, Enrique Sessarego- obtuvo una entrevista con la señora. Se acordó dar un rodeo, alegando que el propósito era distinguirla nombrándola "socia honoraria". Ella agradeció la entrega del carné, pero también mostró su sagacidad: "Y, ahora, ¿qué es lo que realmente quieren?", preguntó.
Era un buen pie que Sessarego no desaprovechó. Le hizo ver la inquietud por el proyecto, y trató de provocar una reacción favorable: "Claro que tal vez, a esta altura, la señora ya no pueda hacer mucho...". No había terminado y ya ella estaba pidiendo una comunicación con la Marina. La expropiación quedó desactivada.
Es una de las tantas anécdotas del Club de Pescadores, en las que no escasean acciones reveladoras de esfuerzos y voluntades inclaudicables.
Fundado el 3 de agosto de 1903 , sus inicios se debieron a un grupo de amigos que pescaba en un viejo muelle al final de la calle Ayacucho. Ese día, en una precaria casilla que construyeron para guardar sus equipos, labraron el acta constitutiva. La primera adversidad ocurrió el 10 de agosto de 1905, cuando una fuerte crecida se llevó el muelle y la casilla.
Lo que no se llevó fue la tenacidad de estos pioneros. Se reunían en puntos alternativos, sin abandonar el sueño de poseer una ubicación óptima. Lo intentaron a lo largo de 23 años. Hasta que en 1928, el presidente Marcelo T. de Alvear firmó el decreto que otorgó el permiso para construir "su muelle y edificios sociales" en la avenida Rafael Obligado, en Costanera Norte.
El sector ha pasado por no pocos contratiempos,incluyendo la embestida de un barco a la deriva. Pero en soleados fines de semana, se dan cita allí hasta más de 200 aficionados, intentando "levantar" una boga, un pejerrey o, con más suerte, un patí o un dorado.
A fines de la década del 30, el ingeniero Julio Quartino tuvo a su cargo la construcción del espléndido edificio de líneas normandas -una postal única en la ribera porteña-, réplica de un castillo belga, que consta de dos plantas y una torre, alquilada en 1939 a la agencia informativa Reuters, que desde allí transmitió por primera vez al país la noticia del fin de la Segunda Guerra Mundial. El edificio fue remodelado en 1960, con el aporte societario. El 11 de junio de 2001 el club fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Su fecha fundacional fue elegida por la Asociación Americana de Pesca, con sede en los Estados Unidos, para consagrar el 3 de agosto como Día del Pescador Deportivo. En 100 años tuvo sólo 16 presidentes -incluido un militar, el general Félix Benavídez, en 1923-, "lo cual habla de una gran estabilidad en la conducción", señala su titular, el doctor Adolfo Márquez.
"El siglo nos encuentra con el privilegio de estar entre las pocas entidades deportivas que sobrevivieron a la crisis", apunta Márquez. Del 4 al 8 del actual (a las 20.30), en su magnífico salón se podrán escuchar recitales del Coro Polifónico Nacional, de la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires y de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Radio Nacional, o presenciar "El pedido de mano", de Antón Chejov, por el elenco de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
De odas, estetoscopios y veteranos
El cardiólogo Roberto A. Schena tiene 74 años y 47 de socio del Club. "He ido al muelle con la caña en una mano y el libro sobre cardiopatías en la otra", ilustra. De ese entusiasmo, surgió su insólita "Oda a la boga" que no figura entre las variadas fuentes de inspiración de Neruda ni se les ocurrió a Les Luthiers. "En el festejo por los 100 años, voy a leer mi «Soneto al Club de Pescadores», comenta el doctor Schena. En su maletín iba el estetoscopio con un surtido de anzuelos y boyas. Luis Aguilera es otro veteranísimo, con 78 años de edad y 36 en la entidad. Cuenta su historia, comenzando por advertir que había empezado a pescar en el mar y que "como muchos, desconfiaba de lo que podía sacar en el Río de la Plata". Se encontró con un ingeniero que guardaba el coche en su edificio y vio que bajaba del baúl 40 pejerreyes. "¿De dónde sacó eso?", le preguntó. "Del río, en el Club de Pescadores", le respondió. El ingeniero lo invitó a acompañarlo como "visitante". "Ese mismo día me inscribí", concluye.
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