
Deodoro Roca, el reformista irónico e indomable
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ONGAMIRA, Córdoba. La reforma universitaria que este año cumple un centenario tuvo diversos protagonistas, todos en general provenientes de apellidos instalados en la sociedad cordobesa, la mayoría egresados del Colegio Nacional de Monserrat -dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)- e inclinados por carreras humanísticas. Entre todos, el más destacado –tal vez por escribir el Manifiesto Liminar y por ser considerado uno de los grandes pensadores argentinos- es Deodoro Roca.
"Estamos pisando una revolución, estamos viviendo una hora americana", repetían los reformistas. Para José Ortega y Gasset, Roca fue el "argentino más eminente" que conoció. Desde su infancia tuvo contacto con los intelectuales de la época que desfilaron por la casa de la calle Rivera Indarte al 544, en pleno centro cordobés, donde nació y murió. Hoy es un taller de motos y sus dueños se definen "hartos" de pedidos para bajar al sótano, un lugar mítico, ya que allí Roca trabajaba y pensaba cómo cambiar el mundo.
En 1990 –al cumplirse 100 años del nacimiento de Roca- el Partido Socialista Popular colocó una placa en el lugar a modo de recordatorio; de su biblioteca mucho se perdió y algo conserva su familia (tuvo dos hijos, ambos ya fallecidos) hay documentos suyos en el Museo de la Reforma (al lado del Hospital Nacional de Clínicas, el cierre de cuyo internado en diciembre de 1917 fue el inicio de la movilización de los estudiantes), en el del Moserrat y en el que lleva su nombre en Ongamira, donde pasó buena parte de su vida.
Estudió en el Monserrat; siguió Abogacía en la UNC, donde también se recibió de doctor. Quienes lo conocieron mencionaban su buen humor, su osadía y su ironía. En 1910 fue presidente del centro de estudiantes de su facultad y, aunque escribió el manifiesto de la reforma, su firma no está porque ya estaba recibido.
En 1915 fue el orador principal de un acto celebrado en el Teatro Rivera Indarte (hoy Libertador) en contra de la guerra y apenas se iniciaron las movilizaciones contra las autoridades universitarias Roca fue cesanteado del Museo Histórico Colonial, donde trabajaba. Se casó con María Deheza, la hija de Julio Deheza, el rector de la UNC que los reformistas depusieron y al que Roca fustigaba en sus escritos y discursos.
Militó algún tiempo en el Partido Socialista a principios de los ’30, pero después no se le conoció pertenencia partidaria. Sí conversaba y debatía con figuras como Hipólito Yrigoyen, Lisandro de la Torre, Alfredo Palacios, Leopoldo Lugones (cuando todavía era socialista), con el venezolano Rómulo Betancourt (dos veces presidente de su país) y con Víctor Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana y líder del Partido Aprista Peruano.
Todos ellos pasaron por el sótano de su casa, donde también estuvieron Ortega y Gasset, Pablo Neruda, Hermann Keyserling, Rafael Alberti, Juan Filloy, José Ingenieros, Macedonio Fernández, Manuel Gálvez y Eugenio d’Ors.
Gregorio Bermann –médico y también reformistas- calificaba a Roca como "tránsfuga de su clase", alguien que perteneciendo a las clases altas, renegó de ellas para defender a los oprimidos. Otros de sus amigos, coincidían en que no renegaba de su clase, sino que luchaba contra el autoritarismo y el oscurantismo.
Horacio Sanguinetti -rector durante 23 años del Colegio Nacional de Buenos Aires, miembro de la Academia Nacional de Educación y autor del libro "La trayectoria de una flecha" sobre Roca- se confiesa admirador del cordobés. Lo define como un gran escritor y político, "un hombre libre y espontáneo". "La Flecha" era el nombre del periódico fundado por Roca.
No hay libros del cordobés; los seis que circulan con su nombre son recopilaciones póstumas, cartas, discursos y notas procedentes de las dos publicaciones que dirigió, "La Flecha" y "Las comunas".
En un texto, que se titula "Autobiografía", señala: "No he intervenido en la vida de mi país desde la estrechez de partidos políticos pero he hecho al margen de ellos y desinteresadamente una intensa y riesgosa vida pública, la haré hasta que muera porque me interesa hasta la pasión el destino de la patria y el destino del hombre".
A Ernesto "Che" Guevara lo conquistaron los ensayos de Roca y fue un gran amigo de Gustavo, uno de sus hijos. Durante los años que vivió en Córdoba pasó muchas horas en la biblioteca del reformista.
SU RINCON EN EL MUNDO
A los 10 años, por primera vez, Roca llegó a Ongamira con su hermano Héctor (filósofo y amante de la arqueología, 15 años mayor). Paraje agreste a 125 kilómetros de la capital cordobesa en el Valle de Punilla, está
Ubicada a 122 km. de la ciudad de Córdoba, Ongamira es un pequeño paraje situado al norte del Valle de Punilla, asentado en un marco natural y agreste, está a unos 65 kilómetros de Villa El Totoral, donde la familia Roca pasaba sus veranos. Una tormenta los obligó a hacer noche en la zona, donde están las cuevas y aleros, donde vivieron (y resistieron a los españoles) los sanavirones y comechingones, pueblos originarios cordobeses.
Pidieron albergue a Felipe Supaga, un sirio dueño del almacén de ramos generales que con el tiempo anexaría un hotel. Humberto Feliciano, su bisnieto, es quien compró la vieja pulpería del pueblo (tenía a fines de 1800 unos 800 habitantes) y la convirtió en el Museo Deodoro Roca.
"Esa vez Deodoro y su hermano se quedaron varios días y él nunca más dejó de venir. Cada verano hacían cabalgatas desde Totoral con sus amigos y se quedaban varias jornadas y, en febrero de 1918, se instaló con todo el grupo de reformistas a darle cuerpo a lo que tenían en mente", cuenta Supaga.
En la casa –que guarda piezas arqueológicas, utensilios de casas de la zona y pinturas del austríaco Karl Zewy (su nuera, Marien de Vries donó una sala)- está la máquina de escribir Continental donde Roca escribió el Manifiesto Liminar, fotografías, pinturas (era una de sus actividades preferidas), la cama que tuvo toda su vida y algunas mayólicas de su vivienda cordobesa.
La máquina de escribir la tenía en su estudio Gustavo, el hijo de Roca, pero en un procedimiento ordenado por el jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, queman el lugar; una vez controlado el fuego otro grupo de tareas regresa y lo vuelve a incendiar. "Un secretario de Gustavo recuperó algunos documentos de Deodoro y la máquina que, muchos años después, un nieto de Roca me regala".
También está el escrito judicial de lo que fuera el "primer juicio ecológico" argentino: Deodoro Roca defendió a un toro de Supaga que había atacado a un turista. "Ganó el juicio porque demostró que el hombre invadió el ambiente del animal".
Supaga relata que, después de la reforma, y con el camino de tierra construido en 1935 para llegar a Ongamira desde Totoral, Roca "pasaba más tiempo en este lugar, venía hasta dos veces por semana".
El reformista murió en junio de 1942 en su casa; su sepelio fue uno de los más concurridos en la historia de Córdoba. Sus dos hijos, junto al ex gobernador Santiago del Castillo y al futuro presidente Arturo Illia llevaron a pulso el ataúd. Lo despidieron 16 oradores, entre ellos el poeta y amigo Enrique González Tuñon: "Galopan despavoridos potros negros. El misterio despierta en su hueso. Cae el sueño con suavidad de cauce. Morir será un pretexto para verte".
También el español Alberti le dijo adiós con la "Elegía a una vida clara y hermosa" que le entregó a Gustavo, el hijo, en España.
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