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Dos ingenieros argentinos construyen la sala de conciertos más moderna de Chile

Víctor García
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24 de junio de 2019  • 16:44

SANTIAGO, Chile.- Al momento del casting, de elegir a los expertos, no hubo muchas dudas, la solución estaba al otro lado de la cordillera. Dos de los mejores especialistas acústicos argentinos recibieron el llamado desde Chile para asesorar la construcción de la sala de conciertos más moderna del país, bajo una premisa que les resulta familiar: la búsqueda del sonido perfecto al interior de un auditorio.

"Siempre es bueno que a uno lo consideren", dice con una sonrisa pícara Gustavo Basso, ingeniero electrónico, violinista profesional y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata.

Junto a él, y sentado en la misma mesa de una oficina con vista al Cerro San Cristóbal, en la comuna de Providencia, está Rafael Sánchez Quintana, un ingeniero acústico de 80 años y que ha acumulado diversos hitos con Basso: la puesta en valor del Teatro Colón, el diseño de La Ballena Azul del CCK y del Teatro del Bicentenario San Juan, entre otros.

Ambos profesionales argentinos fueron convocados para intentar emular el éxito de aquellos trabajos en uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos que posee la Universidad de Chile, la principal casa de estudios trasandina: el VM20, un complejo de tres edificios articulados, con una superficie total de 36.671 m2, y que alojará diversas unidades académicas, centros de extensión, y cumplirá un anhelo histórico: una sala de conciertos con condiciones acústicas extraordinarias.

"El Colón es un multiuso. Acepta tocar una orquesta, acepta tocar un cuarteto, pero está preparado para la voz porque es un teatro lírico, pero acá en Chile estamos trabajando en la acústica de un teatro para música sinfónica, que tiene otras variables, y cuyo proyecto es muy interesante", apunta Sánchez.

La sala, que se proyecta para ser entregada el primer semestre del 2021, está en su etapa de excavaciones y en plena construcción de la obra gruesa. Los ingenieros argentinos viajan cada seis semanas a Chile y en terreno verifican que se vaya cumpliendo el modelamiento digital que crearon específicamente para la sala de conciertos. También lidian con contingencias normales para su trabajo, que van desde el chequeo de materiales que se utilizarán y hasta el uso de cualquier otro elemento que pueda cambiar el balance acústico de la sala y que serán analizados mediante una cámara reverberante.

"En el caso de las butacas, es vital que vacía u ocupada tenga un comportamiento acústico similar. Y eso se logra con mediciones en laboratorios. La idea es que cuando el teatro esté vacío, la butaca se comporte como una persona sentada. Eso lo conseguimos con diversos tipos de textiles", sostiene Basso.

-¿Cómo se han adaptado a las normas sísmicas que existen en Chile para la construcción?

-Eso es llamativo. La cantidad de condicionantes que genera una zona sísmica son muy grandes y eran desconocidas para nosotros en un principio. Los arquitectos chilenos nos enseñaron qué cosas se podían hacer o no y, luego de eso, el diseño siguió normal. Por ejemplo, preguntábamos si una pared se podía hacer de ladrillo, de mampostería, y nos decían que tenía que ser de hormigón por cuestiones sísmicas. O lo mismo para correr un tabique, por el tema de la elasticidad. Hay lógicas que, obviamente, no son las de Buenos Aires, aunque sí teníamos la experiencia de San Juan.

"Será un teatro moderno, con tecnología del Siglo XXI, parecido probablemente a La Ballena Azul, pero ninguna sala es igual a la otra. Ya que estamos en Chile, y tienen tan buen vino, podemos hablar que existen distintas cepas, pero lo importantes es que el vino sea bueno y eso queremos en Santiago, que sea un producto de muy buen nivel. En las mejores salas del mundo, la gente siente que está envuelta en el sonido y es lo que buscamos", anticipa Basso.

Desde la propia universidad, la presencia de los ingenieros argentinos en el proyecto generó expectativa entre las autoridades. Dicho entusiasmo se expresa en el hecho que el inmueble albergará y entregará espacios de ensayo y presentación a los cuerpos estables del país y que por ley están a cargo de la U de Chile, como la Orquesta Sinfónica, el Ballet Nacional Chileno, el Coro Sinfónico de Chile y la Camerata vocal

"Este espacio contará con la sala de conciertos de mejor calidad de nuestro país, gracias al trabajo colaborativo que han desarrollado un grupo de especialistas acústicos argentinos. Y como universidad hemos incorporado a esta iniciativa con el objetivo de aprender de la tradición y experiencia argentina que han desarrollado en proyectos emblemáticos como el Teatro Colón, reconocido mundialmente por su calidad acústica", sostiene Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile.

Justamente, la referencia de sus trabajos en la preservación de la calidad acústica del Teatro Colón de Buenos Aires, durante los trabajos de restauración, fue uno de los aspectos que más entusiasmó a la Universidad de Chile. Como será sinfónico, se prescindirá de una torre escénica con telón o bambalinas.

"Como ha cambiado mucho el modo de oír de la gente, ahora son salas que piensan en los jóvenes donde se busca que los sonidos muy débiles tengan presencia. Pasa en todo el mundo. Y para que los jóvenes vuelvan a las salas hay que darles algo más, como pasa en el cine con el sorround. Con la música tiene que ser así. Y hay que lograr que cada decibel que genera un instrumento, llegue con claridad a cada oyente", sostiene Basso.

-¿Tomaron algún elemento del Colón para implementar en la sala de Chile?

-El Colón es una maravilla acústica mundial, es una evolución de cuatro siglos y toda la gente que lo alaba lo dice y es cierto. Es un modelo muy diferente a una sala sinfónica, pero tiene cosas que son replicables. En La Ballena Azul, por ejemplo, muchos de los elementos que usamos para diseñar, los tomamos del Colón. El Colón tiene muy buena baja frecuencia. Los sonidos graves son espectaculares, y encontramos algunos detalles del Colón que ayudaban a esa baja frecuencia, como la ausencia de ciertos efectos como el pozo de los asientos. Pero lo interesante es que en una obra de esta envergadura, siempre se puede hacer una cosa nueva. No se copia y no es un modelo que se vaya replicando. No hay dos teatros que sean iguales en el mundo. El objetivo es buscar un estándar de calidad. Eso es lo que hacemos en la Argentina, y es lo que ahora nos pidieron hacer en Chile.

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