Educación ambiental: el único curso que habilita a ser guardián de los parques nacionales

Este año, de la escuela de Embalse se gradúan 43 guardaparques
Este año, de la escuela de Embalse se gradúan 43 guardaparques Crédito: Administración Nacional de Parques Nacionales
En el Valle de Calamuchita, se dicta el curso para trabajar en áreas protegidas del país; los alumnos aprenden desde conocimientos sobre cartografía hasta técnicas para combatir incendios
Gabriela Origlia
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9 de octubre de 2019  

CÓRDOBA. - "La carrera es muy variada. Hay que estar preparados en muchas cuestiones", dice Ana Laura Cufré, que es una de las estudiantes de la única escuela en la que se dicta el curso de formación de guardaparques de áreas protegidas del país.

Este año, los egresados de las promociones 30 y 31 de este curso, que está ubicada en la localidad de Embalse, en el Valle de Calamuchita, serán 43, mientras que los aspirantes a ingresar llegan a los 33. De hecho, en estos días se están tomando los exámenes para seleccionarlos. Quienes acceden, estudiarán durante un año un amplio abanico de materias teórico-prácticas y, además, harán trabajo de campo durante dos meses y medio.

Cufré, la estudiante que vive en Corrientes hace una década, es la abanderada de la promoción. Está haciendo su práctica en el Parque Nacional Talampaya ( La Rioja). Cree que decidió su vocación cuando una maestra de la escuela primaria le habló a ella, y a sus compañeros, de la responsabilidad que tenían con la naturaleza. "Fui cultivando mi amor por salir al campo, por recorrerlo y conservarlo. Con esta carrera, se busca que tengamos las herramientas para ser autosuficientes, pero que a la vez sepamos trabajar en equipo", describe.

Para poder ser seleccionado en el curso, se debe tener un título de pregrado universitario o terciario de guardaparque; de técnico universitario en guardaparque; o de técnico en Conservación de la Naturaleza, en Guarda Ambiental o en Gestión, Manejo y Conservación de Biodiversidad. Además, se debe contar con un certificado de apto psicofísico, licencia de conducir (utilitarios hasta 3500 kilos), saber nadar y cabalgar y demostrar conocimientos sobre el cuidado y atención diaria del caballo.

Marcelo Pietrobon, que hace dos décadas que trabaja en la Administración de Parques Nacionales, es el coordinador del curso. Él busca transmitir a los aspirantes su convencimiento de que es "el mejor trabajo del mundo; una forma de vida". Relata que trabajar en un parque o área protegida nacional es "jugar en primera".

El 60% de los contenidos de la currícula son teóricos. Los estudiantes aprenden sobre cartografía, biología, zoología, monitoreo, administración pública, educación y legislación ambiental. También aprenden a dar primeros auxilios; a luchar contra el fuego e incorporan instrumentos didácticos para cumplir sus tareas de difusión de la naturaleza.

Pietrobon indica que si bien los ingresantes tienen una "base muy fuerte" que les da la tecnicatura, necesitan tener más práctica. "En el año de cursado los terminamos 'de afilar', hacen laborales de más complejidad, se educan en una forma de trabajar. Se busca que tengan autonomía para dar respuesta a la variedad de situaciones a la que se pueden enfrentar", señala.

Con 53 años de edad y 28 como guardaparque, Marcelo Ochoa es el agente más antiguo del país y exdirector de la escuela de Embalse. "La formación es dinámica y se fue adaptando a las nuevas tecnologías; hay que saber usar la brújula pero también los geoposicionadores satelitales. Se fueron sumando temáticas, más conciencia de equipo", grafica Ochoa, que es intendente del Parque Nacional Tierra del Fuego y profesor de Geografía y Ciencias Biológicas.

Para él, la primera condición del aspirante es el "compromiso con la sociedad. Debe ser un facilitador, un nexo entre los procesos de la naturaleza y la cultura con la sociedad. Colaborar para que esas áreas se interrelacionen, para que la comunidad las conozca, las quiera y sea consciente de la importancia de conservar esos sitios".

En los meses de práctica en parques nacionales, los estudiantes se fortalecen en aquellas áreas en las que requieren algo más de preparación. La designación del lugar es sobre la base de la matriz de parques dispuestos a recibirlos. Este año, por ejemplo, recibieron más los de la zonas centro y norte del país.

Una vez que se gradúan, los agentes deben elegir tres destinos donde les gustaría trabajar. Si hay posibilidades, se respeta ese listado; si no, la administración nacional los envía donde hace falta personal. Cufré todavía no decidió, pero tiene en mente "alguno del norte, con yungas; el sur también es interesante por las condiciones de paisaje que yo no manejo y que aprendería".

Pietrobon enfatiza que la formación que da la escuela es general y que, después, ya en terreno, se va aprendiendo lo específico de cada región.

"Hay una valoración social más fuerte sobre las áreas protegidas, sobre los parques, porque hay más conciencia de la necesidad de proteger lo natural y lo cultural -señala Ochoa-. La comunidad comprende la importancia de cuidar su casa". Su esposa también es guardaparque y, coincide con Pietrobon, en que toda la familia se debe acostumbrar a cambiar de lugar y de estilo de vida.

Los estudiantes viven en un campus y su "aula a cielo abierto" es el Parque Nacional Quebrada del Condorito, a 85 kilómetros de la capital.

Celebran hoy su día los guardaparques

Cada 9 de octubre, los guardaparques festejan su día porque en esa fecha, pero en 1934, se sancionó la ley que creó la ex Dirección de Parques Nacionales (ahora conocida como Administración de Parques Nacionales) e impulsó la formación de las dos primeras áreas naturales protegidas de la Argentina, Nahuel Huapi e Iguazú.

Los guardaparques nacionales son los encargados de conservar en el terreno los ecosistemas del país, proteger la flora y la fauna autóctonas, los ríos y los lagos y cuidar a las personas que visitan las áreas protegidas. Su trabajo consiste en conservar la naturaleza, concientizar a las personas para que sean respetuosas con sus entornos, preservar las culturas locales y fomentar el turismo responsable.

Para acceder a trabajar en un área protegida, los guardaparques deben atravesar el curso de formación que se dicta en Embalse, dentro del Parque Nacional Quebrada del Condorito, a 85 kilómetros de la capital cordobesa, en plenas Sierras Grandes. El área fue creada en 1996.

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