El calvario que viven las mujeres después de una violación
Sufren ataques de pánico e insomnio, viven medicadas y temen salir a la calle
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Una víctima es la mujer del sodero de Padua que olvidó cerrar una reja. Otra, la hija de una familia de clase media de Villa del Parque que tomó un subte para encontrarse con su madre. La tercera, una manzanera de Tristán Suárez que viajó en tren a Constitución para comprar el cotillón para el cumpleaños de su hijo.
No se conocen, pero desde aquel día comparten una misma pesadilla. Luchan contra sombras. Contra ruidos. Contra olores que cuando las encuentran distraídas las asaltan por la espalda.
Varias veces al día los recuerdos las golpean con violencia, las despojan de la identidad que intentan reconstruir y las convierten en mujeres que no se reconocen a sí mismas. Que no pueden comer, ni vestirse, ni salir a la calle solas. Que luchan hora tras hora, desde el día en que fueron violadas, para seguir con sus vidas.
La hija de Mabel vive desde hace 17 días en ese infierno, cuando dos hombres la arrancaron del subte en la estación Callao de la línea B. Laura Gómez lleva un mes desde que un sujeto la bajó a punta de puñal del tren en Constitución y la violó en la calle paralela a la estación. Para Lina Castro ya van cuatro años de calvario. Sólo el martes pasado se animó a ir sola a la panadería cuando ya había oscurecido. Era el día después de que el violador serial José Antonio Vergara -más conocido como Satanás- fue condenado a 37 años y medio de prisión.
Los psicólogos definen ese infierno de pesadillas e insomnio como síndrome de trauma de violación, una reacción aguda ante una situación que desbordó las posibilidades normales de reacción.
"Aunque la persona haga lo imposible por alejar el suceso de su mente, este aparece como flashback , como sueños o pensamientos. En todo ese tiempo, su personalidad queda totalmente aplastada y le cuesta mucho volver a una rutina", explica el médico Federico Aberastury, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
El síndrome de trauma de violación tiene una primera fase, en la cual son evidentes los síntomas físicos, el pánico y la desorganización de distintas facetas del funcionamiento cotidiano, explica Silvia Chejter en "Mujeres víctimas de violencia sexual", una publicación del Centro de Encuentros Cultura y Mujer. "El impacto de la violación puede ser tan fuerte que provoque estados de confusión y de shock", señala el documento.
Los relatos de las mujeres abusadas que accedieron a contar a LA NACION cómo viven desde entonces lo confirman. Laura no puede dormir y oye voces. Lina lucha cada día contra la depresión. Evitar que la desborden situaciones como una cocina desordenada o las camas sin hacer es un verdadero triunfo para su marido.
Es frecuente que las víctimas tengan trastornos de comportamiento y también signos somáticos y psicológicos. Algunas de ellas pueden exteriorizar aquello que están viviendo, con llanto, risas, insomnio, ataques de pánico. Pero otras desarrollan una reacción controlada o contenida, con sentimientos de miedo, ira y angustia ocultos, que, en general, se traducen en depresión y abulia.
Aberastury explica que ésa es la manera en que reacciona la psiquis de una persona, tras un hecho inesperado, sorpresivo y en el cual la persona quedó imposibilitada de toda respuesta.
La segunda etapa comienza dos o tres semanas después del ataque y puede llevar años, señala Chejter. La víctima comienza a reorganizar paulatinamente su vida. Y volver a hacer lo que antes se hacía resulta traumático. Desde cocinar, ir a trabajar o reanudar la vida sexual. "Pueden aparecer trastornos o malestares sexuales, sobre todo si la pareja presiona", apunta Chejter.
"Es importante que el entorno sea muy comprensivo. El estado en el que se encuentra la víctima de una violación es el resultado de una humillación muy grande, y algunas mujeres o sus familias comienzan a preguntarse qué hicieron ellas para que esto les ocurriera. Pero no existe una respuesta. Es importante que la persona acceda a la atención médica y psicológica y sobre todo que no se oculte el hecho", dice Aberastury.
Otros ataques sexuales
En el barrio de Núñez
8/5/2006
En la madrugada, dos jóvenes volvían de una fiesta y, en Deheza y O Higgins, fueron abordadas por un hombre que, pistola en mano, obligó a las dos chicas a subirse al automóvil que conducía. Dentro del vehículo, éste habría abusado sexualmente de una de las jóvenes y luego escapó.
En Palermo
13/5/2006
Una joven de 25 años denunció que fue violada por un hombre frente al predio de la Sociedad Rural de Palermo. El hecho ocurrió cerca de las 2, cuando la chica, empleada de una sucursal de McDonald s, regresaba a su hogar y fue interceptada por un individuo, mientras esperaba el colectivo 161, en Las Heras y Lafinur, frente al Jardín Botánico, a una cuadra de la comisaría 53a.
En Villa Santa Rita
15/6/2006
Una joven de 25 años denunció que fue violada en su casa del barrio porteño de Villa Santa Rita por un hombre que la sorprendió cuando se bañaba. Fuentes policiales informaron que el hecho ocurrió cerca de las 2, cuando el delincuente ingresó en la casa por los fondos y, tras romper una puerta, accedió a la vivienda y sometió a la mujer.
En el Centro
16/6/2006
En pleno mediodía una chica de 22 años denunció haber sido víctima de abuso sexual en la estación Callao de la línea B de subterráneos. La Asociación de Víctimas de Violaciones reveló que el hecho había ocurrido el mismo día y en la misma estación de subtes en que otra chica había sido violada por dos individuos, pero con diferencia de dos horas y media.
En Villa Lugano
26/6/2006
Un adolescente de 14 años fue detenido sospechado de haber abusado sexualmente de una joven indigente de 15, en Villa Lugano. El episodio se inició en la madrugada en las inmediaciones de la plaza Miserere, en Balvanera, donde el delincuente conoció a su víctima.
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