
El camino de los sueños
La inspiración y los anhelos de estos emprendedores resultaron ser resistentes al default y a la devaluación. Algunos encontraron su negocio buceando en sus fantasías. Otros superaron obstáculos y prejuicios para poder ser fieles a sí mismos. Todos lograron, con perseverancia, ser protagonistas. Para estos empresarios argentinos de comienzo de siglo, la crisis significa oportunidad
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Pur sang
Tuerca de exportación
Jorge Anadón (54) supo desde los 5 años qué quería hacer de su vida. El coche de colección en miniatura que le regaló su padre le reveló su vocación: los autos clásicos.
Su pasión tuvo que esperar su paso por la Facultad de Agronomía en Rosario. Sin embargo, no bien se recibió, dejó de lado el estudio de las vacas y los campos, se fue a vivir a Entre Ríos y puso un taller mecánico. Durante 10 años, y bajo la mirada incrédula de su pueblo, destinó sus ahorros y su tiempo libre a llevar adelante un sueño: realizar una réplica perfecta, tuerca por tuerca, de su primer auto clásico, una Bugatti Type 35 Grand Prix que se fabricó en la década del 20 en Francia (en Alsacia, aunque todo el mundo piensa que vienen de Italia). “Todos: mis conocidos y mis familiares decían que estaba loco; les parecía un disparate que perdiera mi tiempo en esto; por eso se trató de una decisión totalmente personal”, recuerda Jorge. La elección del modelo no fue obra del azar o del capricho. Jorge encontró una oportunidad en un automóvil del que había muy pocas unidades en el mundo (sólo 20 originales) y era muy demandado por coleccionistas millonarios.
En 1996 salió a la calle la primera Bugatti Type 35 Grand Prix “by Anadón”. El bólido fue presentado en el Salón de Retromobile, en París (una exposición dedicada a los autos de colección), y desde entonces los fierros que nacían en Entre Ríos comenzaron a dar que hablar en la elite coleccionista del mundo. Jorge Anadón bautizó a su empresa Pur Sang, pura sangre, inmortalizando el seudónimo que utilizaba el francés Ettore Bugatti para nombrar a su criatura.
Pur Sang construyó más de 30 autos que ruedan por las pistas de Europa y de Estados Unidos y se subastan en el Museo de Automóviles Antiguos del principado de Mónaco, en Barret & Jackson y en el Art Gallery. Desde su atelier, Jorge diseñó una línea de autos en miniatura para que los hijos de los fanáticos pudieran desde los 6 años estar al volante de una Ferrari Testarossa, una Baby Brescia o una Bugatti Type 52.
A mediados de 2002, cuando el país frenaba de golpe, Jorge puso quinta a fondo: amplió su planta en 100 metros cuadrados, duplicó su capacidad productiva y agregó a su línea de productos la Grand Sport Bugatti Type 43, que en los primeros días de febrero se lucirá en la Porte de Versailles, en París. “Mi mayor lección es que la producción artesanal argentina, por su calidad de mano de obra y diseño, es muy aceptada en otros mercados. No hay que tener miedo de trasladarse a Europa”, afirma Jorge, mientras prepara sus valijas y sale a venderle al mundo.
La esquina de las flores
Semillas de inspiración
A los 30 años, Angelita Bianculli de Rodríguez (66) se enfrentó a un pronóstico doloroso. Sus articulaciones se cansaron y siendo aún una joven mujer le diagnosticaron un tipo de reumatismo pronunciado. Rápidamente se cansó de los medicamentos y los estudios que la consideraban “incurable”. Angelita se subió al camino de la tenacidad y el esfuerzo para revertir su enfermedad. Así, descubrió un concepto revolucionario para la época, la comida macrobiótica, y una vocación especial, la de enseñar y transmitir a otros una nueva manera de comer sano y rico para tener una mejor calidad de vida.
Primero empezó dando clases de cocina. Angelita propiciaba un modo de alimentarse nuevo que nadie conocía. “Al principio la gente no entendía nada; era la época de mucho asado y poco cereal”, recuerda. En 1979 puso el primer local de venta al público, que abrió con dos tanques de aceitunas y un tablón de mostrador junto al taller mecánico de su esposo. Allí donde se cruzan la avenida Córdoba y la calle Montevideo nacía La Esquina de las Flores: una casa de alimentos para la salud.
De a poco, La Esquina de las Flores empezó a hacerse conocida. Comenzó a crecer en locales y en 1981 adquirió una panificadora. Pero, contra todos los pronósticos, lo que se generó junto a la Esquina de las Flores no fue sólo un buen negocio. De la mano de Angelita nació una asociación civil destinada a dar servicios a la comunidad y a educar.
Hoy, La Esquina de las Flores cuenta con una planta en Valentín Alsina que tiene panificación orgánica certificada. Allí se elaboran comidas, se realiza la molienda integral y también se hace la selección y el fraccionamiento de granos y harinas. La pequeña tienda de Córdoba y Montevideo cuenta con 6 clones (3 franquiciados) que ofrecen almacén de comida sana, delivery y restaurante. Además, sus productos se encuentran en las góndo
las de los supermercados Norte, Jumbo, Wall-Mart, Coto y Auchan, y cruzaron las fronteras de Estados Unidos, Canadá y Brasil.
En La Esquina de las Flores no se va sólo para mimar el apetito; también hay clases de cocina y consultorio médico gratuito, y más 200 voluntarios que trabajan ayudando en geriátricos, en dos escuelas de ciegos y en el hospital Muñiz. Además, Angelita cumplió su sueño de montar un hogar de niños. Durante 2002, más de 40.000 personas aprendieron a hacer platos deliciosos a base de soja. Y junto con 50 voluntarios recorrió el país enseñado a comer mejor.
Renacida icono de la comida natural, ella es una emprendedora de raza que nos demuestra que las empresas socialmente responsables no existen sólo en la teoría. “Los sueños hay que vivirlos más allá de los resultados, y del fracaso. Yo tuve la satisfacción íntima de vivir un sueño.” Desde La Esquina de las Flores su misión es abrir conciencias: “El hombre se equivoca al pensar que parte de su vida tiene que ser para el trabajo y otra para el placer: ambas deben conjugarse diariamente –profesa Angelita–. En este momento se necesita creatividad y cultura de trabajo. Es como dice el refrán: ora y labora”. Con 66 años, Angelita Bianculli de Rodríguez confiesa que su pasión surge de contactarse con su propia alma y que está dispuesta “a seguir en La Esquina hasta que Dios disponga”.
Hijas de la Luna
Colores de la tierra
Cuenta la leyenda que la Luna enseña a las mujeres a concebir y a tejer. Sentadas al borde un árbol, las mujeres indígenas solían tejer bajo la luz de la luna, y los rayos de luz eran como hebras que se urdían desde su vientre. Con ese mismo espíritu ligado a la tierra Andy Fuchs (39) y Majo Mage (33) utilizan diseños, iconografía y técnicas tomados de la cultura andina y consiguen productos de altísima calidad y un refinado estilo. Hijas de la Luna trabaja con casi 200 familias indígenas de la Puna y la quebrada de Humahuaca encargadas de hilar la fibra, teñirla y tejer ponchos, mantos, bufandas, gorritos, fajas y otros productos similares.
La de estas emprendedoras es una historia de encuentros. En 1994, Andy Fuchs dijo basta. Después 8 años en el mundo de la moda trabajando para marcas como Levis y Diesel abandonó y prefirió encontrarse con la energía de las culturas ancestrales. “No soportaba más la producción masiva; lo industrial sin alma”, recuerda Andy. Viajó varias veces a Guatemala, estudió junto a Ludovica Squirru el calendario y la cultura mayas. En 1995 hizo un viaje relámpago a Salta y Tilcara, y fue amor a primera vista. Quedó fascinada con el lugar, con la Puna y con un hombre, que sería su esposo.
Instalada en medio de la puna jujeña, Andy empezó a aprender técnicas ancestrales de tejido y teñido de la mano Asunción Alankay, una mujer andina que había aprendido de sus abuelos. La idea inicial era realizar réplicas, con grupos de tejedores, de piezas antiguas que fueran como obras de arte y se mostraran en museos y exposiciones. Pero por insistencia de la gente y de sus amigos, Andy empezó a aplicar todo su conocimiento en la industria de la moda para hacer productos más comerciales.
Haciendo una producción de ponchitos para bebes para Cheeky, una tienda de ropa para niños, Andy tuvo otro encuentro singular: conoció a Majo. Ella era la responsable de productos de Cheeky, pero siempre tuvo la idea de desarrollar algo independiente. Después de unas conversaciones con la almohada, aceptó la invitación de Andy para sumarse a este proyecto tan noble y único.
Juntas se encargan de diseñar productos. Majo es responsable de la comercialización y Andy, desde Tilcara, maneja la producción. Por ahora tienen algunos canales de distribución, venden en los free-shops de los aeropuertos, en Cat Ballou y en Milán. Sin embargo, “nuestro mayor desafío –cuenta Majo– es que sea sustentable para que el proyecto tenga continuidad”. Su objetivo principal es rescatar el arte y la tecnología de los antiguos como una herramienta de recuperación cultural. “Rápidamente notamos que el trabajo artístico y cultural van de la mano de la realidad económica, pues si los jóvenes migran a las ciudades en busca de trabajo no hay tarea artística posible.”
Hijas de la Luna es un proyecto social con un costado comercial que integra el respeto por la cultura y la innovación del diseño. Dos emprendedoras, jóvenes, extravertidas y con empuje pudieron cambiarles la vida a más de 200 familias de una región del país muchas veces postergada. En el proceso, además, ellas cambiaron su visión del mundo: “Volver a las raíces. Volver a la tierra. Volver a trabajar con el alma”, explica Andy Fuchs, con una sonrisa que le dibuja la cara.
Prodental
Apretar los dientes
Podría decirse que Marcelo (37 años, emprendedor serial) y Lisa Bonder (31 años, odontóloga) están locos. Es la única manera de entender por qué habrían de concebir su propia empresa durante 2002 con una Argentina acorralada, sin crédito y el dólar acomodándose en los 4 pesos. Como si esto fuera poco, también encontraron tiempo para criar a sus dos hijos: uno de cuatro años y otro de uno.
Todo empezó con un audaz viaje a Estados Unidos en julio de 2001. El fin era evaluar la posibilidad de mudarse al Norte en busca de un lugar más seguro donde vivir. Sin embargo, el resultado fue lo opuesto: volvían para quedarse y para montar la primera cadena de centros odontológicos que pondría el cuidado de los dientes al alcance de todos.
“Descubrimos un sector muy maltratado. Odontólogos que, presos del sistema de salud, cobraban mal y una sociedad para la cual el cuidado de los dientes es una necesidad básica.” Marcelo y Lisa vieron la oportunidad de construir una cadena de centros odontológicos que contara con los mejores profesionales, altísima calidad de materiales y precios accesibles. Pero además tenían en mente otra cosa: ir al odontólogo tenía que ser fácil, cómodo y seguro.
Dedicaron 6 meses a estudiar sus ideas intuitivas y en abril de 2002 (sí, leyó bien, abril de 2002) abrieron el primer Prodental en el Carrefour de San Fernando. Durante el primer mes atendieron a 380 personas, que arreglaron sus caries a $ 20, en vez de hacerlo a $ 100, el precio estándar del sector. En octubre abrieron un segundo Prodental, en el Shopping Soleil. Hoy ya son casi 1000 los clientes que mensualmente se relajan en el sillón masajeador de Prodental y se olvidan de lo que pasa dentro de su boca mientras observan por la tele cómo sus hijos se divierten con la niñera.
Para Marcelo y Lisa, 2002 fue un año de prueba y consolidación. Y 2003 promete ser un año de expansión: el objetivo es abrir 4 centros más. ¿Cuántos Prodental sueñan con abrir?: “No son 10, no son 20. Hoy no tenemos tope”, afirma Lisa.
Cada vez que vea un local de Prodental en un shopping, en una calle céntrica, recuerde que todo eso, empresa, empleos, marca, fue el resultado de un matrimonio común y corriente en el mismo país donde vivimos. Marcelo cree que “la Argentina es un país muy rico con un potencial enorme y sólo mal administrado”. Los hacedores de Prodental son la prueba fehaciente de que “¡Se puede! ¡Todo es posible!”. Ellos son los que apuestan sin dudar, porque si pueden amalgamar razón, pasión y esfuerzo, el futuro les pertenece.




