
El Dalai Lama traerá al país su mensaje de paz
Hace medio siglo resiste la dominación china de su nación.
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Al igual que los refugiados kosovares que huyen de Yugoslavia, hace cuarenta años, el Dalai Lama debió escapar de su país, el Tíbet, temiendo por la feroz represión de China, que ocupó el territorio en 1949.
En un giro más de su forzado exilio, el Dalai Lama, guía religioso y líder político tibetano, llegará esta noche a la Argentina, en una segunda visita de indudable carácter espiritual, pero con un insoslayable tono político.
Para los argentinos, que ya recibieron al Dalai Lama en 1992, el solo nombre del Tíbet evoca una tierra de misterios, leyendas y magia. El llamado "techo del mundo", refugio sagrado del budismo, rodeado por los Himalayas, las montañas más altas de nuestro planeta; morada de los lamas (maestros budistas) y del mítico y oculto paraíso del Shangri-La.
Pero para los tibetanos es mucho más que eso, muchísimo más. Es su hogar, que ha sido invadido, golpeado y violado por el gobierno comunista de Pekín a lo largo de más de cuatro décadas.
Agresión china
Los informes de organizaciones de derechos humanos estiman que cerca de un millón de tibetanos han muerto por la represión china desde 1951, reportan 1216 prisioneros políticos y señalan que 2827 monjes y monjas han sido expulsados, mientras que unos veinte permanecen "desaparecidos".
Pero la agresión del gigante chino no ha tenido como único blanco a la gente; también se ha ensañado contra la cultura que los representa. Prohibió el idioma tibetano, y destruyó miles de templos y monasterios (de los 6000 que existían en 1949 hoy quedan sólo 13).
Como para sellar su control sobre este milenario pueblo, Pekín ha enviado a miles de tropas y colonos chinos que trabajan en actividades relacionadas con la administración. Además, existen denuncias de que los chinos han utilizado el desolado territorio tibetano para realizar ensayos nucleares y enterrar desechos tóxicos.
Sin embargo, la respuesta del pueblo tibetano ha sido la misma desde el principio: la no violencia. Y el principal heraldo de ese mensaje, esencialmente espiritual, pero de consecuencias políticas, es el Dalai Lama, reencarnación del buda de la compasión.
El budismo, religión nacida de las enseñanzas espirituales del príncipe indio Siddharta Gautama (563-483 a.C.; Buda, "iluminado"), tiene en la actualidad unos 310 millones de seguidores en el mundo. En la Argentina, el número de budistas asciende a 3500.
Si bien el exilio ha significado un terrible sufrimiento personal para el Dalai Lama, su huida del Tíbet, en 1959, ha incrementado el contacto de Occidente con el budismo y sus creencias de paz mediante el autoconocimiento, la transformación interna y el equilibrio con el mundo exterior. En los últimos cuarenta años, el Dalai Lama ha recorrido incansablemente los cinco continentes, llevando el pedido de liberación de su pueblo y su mensaje de amor y respeto mutuo.
La lucha pacífica de este pequeño hombre de 63 años, que recuerda a Mahatma Gandhi, se ha convertido en la forma práctica de la esencia espiritual tibetana, y en un símbolo de perseverancia y tolerancia para toda la humanidad.
Premio Nobel
Fue justamente ese principio de no violencia el que el Comité Nobel noruego reconoció en 1989, al otorgarle el Premio Nobel de la Paz. En su discurso de aceptación, dijo: "Este premio reafirma nuestra convicción de que, con la verdad, el coraje y la determinación como nuestras armas, el Tíbet será liberado. Nuestra lucha debe permanecer no violenta y libre de odio".
En 1950, después de haber proclamado la República Popular China, Mao Tse-tung envió tropas para invadir el Tíbet, considerado parte de la antigua China. Ante la gravedad de la situación, el gabinete regente decidió que el Dalai Lama, que por entonces tenía 15 años, asumiera el poder político.
Tras enfrentar una breve resistencia, unos 80.000 efectivos chinos tomaron el control para "liberar" al Tíbet, y dejaron unos 4000 muertos.
Siempre pragmático, el líder tibetano viajó hasta Pekín en 1954 para entrevistarse personalmente con Mao y encontrar una solución pacífica al conflicto. Mao rechazó cualquier idea de un retiro de tropas, pero aceptó respetar las condiciones de vida locales.
Sin embargo, la figura del Dalai Lama, a quien sus súbditos continuaban jurando lealtad y reverencia, se convirtió en un gran obstáculo para el control efectivo del Tíbet.
En marzo de 1959, una gran manifestación antichina tuvo lugar en Lhasa, la capital. Los chinos la reprimieron tan violentamente que el Dalai Lama, temiendo por su vida, huyó a la India, junto con unos 80.000 seguidores. El gobierno indio le dio asilo político y le otorgó una gran porción de tierra en Dharamsala, desde donde hoy funciona el gobierno en el exilio.
Largas conversaciones llevaron a que las autoridades chinas admitieran que permitirían el regreso del Dalai Lama siempre y cuando renunciara a sus cargos y aceptase que el Tíbet pertenece a China.
Recientemente, el Dalai Lama señaló que estaría dispuesto a renunciar a la independencia de su país y a sus cargos políticos a cambio de que se les permita una "genuina autonomía". Sin embargo, Pekín ha hecho oídos sordos a esa propuesta. Pero el líder no pierde las esperanzas.
Una visita intensa
Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, llegará a la Argentina esta noche. Su intensa actividad oficial comenzará mañana, cuando sea declarado visitante ilustre en la Universidad Nacional de La Plata.
Allí, a las 9.30, el líder religioso y político de los tibetanos, y guía espiritual de los budistas, ofrecerá una conferencia pública sobre "Derechos humanos y globalización". A continuación, se reunirá con legisladores provinciales de la Comisión de Derechos Humanos y, más tarde, se encontrará con el gobernador Eduardo Duhalde.
Por la tarde, ya en Buenos Aires, el Dalai Lama -premio Nobel de la Paz de 1989- dialogará en el Congreso con diputados nacionales.
Pasado mañana comenzará el día recibiendo, a las 10, el título de Visitante Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires de manos del jefe del gobierno porteño, Fernando de la Rúa. Luego se entrevistará con distintas autoridades religiosas. A las 13.30 participará de una mesa redonda sobre "Ciencia y religión" en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a Humberto Maturana, Marcos Aguinis y el padre Domingo Basso, con entrada libre y gratuita.
A las 16, en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UBA, recibirá el doctorado honoris causa de esa casa de estudios y dará una clase magistral sobre "Etica en las profesiones". El sábado a las 10 y el domingo a las 8.30, el Dalai Lama dará dos conferencias en el Teatro Gran Rex (Corrientes 857; entradas en venta con anticipación). La primera será sobre "Felicidad individual y paz en un mundo globalizado" y la segunda, sobre "Sabiduría y compasión, la esencia de la enseñanza de Buda".



