
El ingeniero Santos, un caso testigo
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El 16 de junio de 1990, cuando el ingeniero Horacio Santos ultimó con dos disparos a los dos sujetos que habían robado el estéreo de su Renault Fuego, en Villa Devoto, se ganó el calificativo de "justiciero".
Desde entonces, cualquier hecho parecido recibe el mismo calificativo. Aun en los casos en los que se trata de una reacción en defensa propia.
Ese día, Santos vio cómo Osvaldo Aguirre y Carlos Daniel González se alejaban en una Chevrolet dorado después de que le hubieran robado el pasacassette de su auto, que estaba estacionado frente a su domicilio, en Espinosa al 3500.
Se subió a su automóvil y persiguió a los delincuentes por la calle Pedro Morán. Los alcanzó en la esquina de Campana y, con dos precisos disparos, mató a los dos ladrones.
Desde aquel día, su vida quedó marcada para siempre y, en los anales policiales, hay un antes y después del caso Santos.
El ingeniero fue procesado por el juez Luis Cevasco, quedó detenido en la comisaría 45a. y, después, fue trasladado a la cárcel de Caseros.
Fue internado en un sanatorio por sufrir una afección cardíaca y el 27 de julio de ese año el mismo juez ordenó la libertad por falta de mérito. La resolución se basó en la inconsciencia transitoria con la que habría actuado Santos, estado que fue provocado por la ira de haber sido varias veces víctima de robos similares, por las burlas de los ladrones y por su enfermedad cardíaca.
Seis años más tarde, la Justicia lo sobreseyó definitivamente, ya que se consideró que su caso era inimputable.





