El Jubileo de los niños
Juan Pablo II pidió que no se olvide el sufrimiento de los más pequeños.
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ROMA.- En el primer acto jubilar del 2000, dedicado a los niños de todo el planeta, definidos como "esperanza de la humanidad", el Papa exhortó ayer al mundo a no olvidar el sufrimiento de los chicos. Desde los que padecen "hambre y violencia" hasta los que son víctimas de "viles formas de explotación", y a los muchos pequeños a quienes "hasta se les niega el derecho de nacer".
Juan Pablo ingresó triunfalmente por la mañana a bordo de su jeep blanco en la Plaza de San Pedro, una vez más llena, pero de una categoría de fieles muy especial: unos 30.000 niños, de entre 6 y 14 años, venidos de cientos de diócesis italianas y de más de 30 países del mundo, presentes para el Jubileo dedicado justamente a ellos, el primero del año 2000.
En un clima de fiesta, hasta el Papa se dio cuenta de esta particular multitud y en un momento, desde el palco montado en frente a la Basílica, dijo, con mucho humor: "Somos muchosÉ Desde aquí no se ve hasta dónde llega la gente, quizá hasta el Tíber, o más allá del Tíber".
Un mar de gorras blancas -parte del kit del peregrino donado a los chicos-, banderas que se agitaban, pancartas, globos, cantos, campanas y gritos de júbilo recibieron al Papa, que apareció en buena forma y con aspecto feliz.
La presencia en el Vaticano de más de 150.000 personas -no sólo niños, sino también acompañantes, turistas y peregrinos-, superó todos los pronósticos, y causó varios problemas de organización: muchos pequeños no pudieron ingresar en la basílica para asistir a las dos misas que tuvieron lugar durante la jornada y quedaron a la intemperie, donde seguía haciendo mucho frío.
Siete personas, cinco de ellas chicos, fueron hospitalizados a causa del frío y la deshidratación, reconoció la agencia oficial del Jubileo, mientras otras 22 tuvieron que ser atendidas en el lugar por diversos malestares.
Algunos peregrinos protestaron contra los organizadores, que no previeron el hecho de brindar comida y bebidas calientes a los chicos, muchos de ellos presentes en el Vaticano desde el amanecer. A eso se sumó el caos de tránsito en las calles aledañas, llenas de ómnibus.
Mensaje multilingüe
Antes de la oración dominical del Angelus, Juan Pablo II leyó una serie de saludos en italiano, francés, inglés, español y polaco.
Cuando habló en inglés, quizá la parte más fuerte de su discurso, el Pontífice condenó los sufrimientos que la humanidad inflige a los más pequeños: "Cuando la gente -señaló- quiere construir un mundo ignorando a Dios y a su ley, de hecho crea una situación de cada vez mayor sufrimiento e injusticia".
"El Jubileo de Dios nos invita -agregó- a corregir estas estructuras cooperando con el gran plan que El tiene para cada persona y para la raza humana entera."
"En el inicio del año nuevo, queridos niños y jóvenes, no podemos olvidar a todos aquellos de vuestra edad que sufren el hambre y la violencia, y que son víctimas de viles formas de explotación."
"¿Cómo podemos olvidar -añadió- a los muchos niños a quienes hasta se les niega el derecho a nacer?" En su saludo multilingüe a todos los pequeños presentes en la plaza, antes del Angelus dominical el Papa también exhortó a decir "sí" al mensaje de Jesús: "El cansancio y el malestar que tuvieron que enfrentar les habrá hecho entender que seguir el Evangelio requiere sacrificio, pero llena de gozo".
Entre un saludo y otro, Juan Pablo II hizo comentarios improvisados, algo que no sucedía desde hace tiempo.
Cuando habló en español, destacó que esa comunidad siempre es muy numerosa en los encuentros papales, mientras que en inglés indicó a la joven multitud que ellos pertenecen "al tercer milenio, no al viejo".
Al dirigirse a los niños polacos, el Pontífice definió a los chicos como "esperanza de la humanidad".
Y cuando llegó el momento del Angelus, bromeó pidiendo excusas porque debía "hablar en latín".
Inmediatamente después de la oración dominical, el Papa entregó el Premio Internacional de la Paz Juan XXIII al movimiento francés "Socorro ante toda desgracia. Cuarto Mundo".
Los chicos soldados
Durante la celebración, también se pidió apoyo a la ONU para que haya paz en todo el mundo y para que no haya más "niños-soldados".
Monseñor Giorgio Biguzzi, de la diócesis de Makeni (Sierra Leona) presentó a diez chicos de este país africano que vivieron junto a los rebeldes y que fueron obligados a combatir.
"Son ellos -explicó monseñor Biguzzi en la atestada Plaza San Pedro- las primeras víctimas, aquellos que sufrieron violencia por años. Hasta ahora hemos rescatado a 250 niños, pero todavía hay 6000 niños-soldados."
"Nosotros intentamos -dijo- buscar a sus familias y facilitar su reencuentro, pero es necesaria una paz completa y duradera. Por esto hay que apoyar la intervención internacional de la ONU, hay que controlar el flujo de armas y cancelar la deuda externa de los países más pobres."
"Ustedes están aquí para soñar y construir un sueño de paz -finalizó-, para que no haya más un niño que tenga que crecer sin cuidados y sin alegría."
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