
El Súper Niño está a punto de desatar un caos climático: hay que prepararse ahora
Los científicos creen que este fenómeno podría convertirse en uno de los más intensos registrados y provocar sequías, inundaciones, incendios forestales y olas de calor en distintas regiones del planeta
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NUEVA YORK.- En marzo, los sensores satelitales comenzaron a detectar una enorme ola que viajaba hacia el este a lo largo del ecuador, bajo la superficie del océano Pacífico. A medida que se desplazaba hacia la costa de América del Sur, la ola elevó la altura y la temperatura del mar mientras calentaba y humedecía el aire por encima. Se desarrollaron imponentes tormentas eléctricas que produjeron ondas a gran escala en la atmósfera. Esas ondas pronto se extendieron por todo el planeta y comenzaron a alterar la temperatura, las precipitaciones y el movimiento de los sistemas de tormentas.
El Niño generado por esa ola colosal calentó desde entonces una porción del océano Pacífico ecuatorial central y oriental más de 3 grados Celsius por encima de su promedio. Los pronósticos indican una probabilidad superior al 80% de que este El Niño, un fenómeno climático natural que ocurre cada pocos años, permanezca muy fuerte durante el resto del año y pueda convertirse en el más intenso registrado.
Existen más de dos docenas de modelos climáticos de agencias de todo el mundo que pronostican las condiciones de El Niño, y a menudo no coinciden. Pero este año están más alineados que nunca al predecir que las condiciones de El Niño durarán hasta finales de 2026. Este alto nivel de certeza significa que muchos de los impactos esperados —lluvias intensas en algunas regiones, sequía e incendios forestales en otras y un aumento del calentamiento global— son muy probables.
También significa que los gobiernos, las empresas y las comunidades pueden beneficiarse de esta previsión científica inusualmente clara. Todavía hay tiempo para prepararse.
Sabemos, a partir de episodios anteriores de El Niño, cuáles son muchos de sus efectos más probables. Es más probable que el sur de África y la India experimenten una reducción de las precipitaciones y sequías que pueden afectar el suministro de alimentos y alterar la generación de energía hidroeléctrica. Las condiciones secas en Indonesia ya provocaron incendios forestales, y es muy probable que ese riesgo persista. El próximo verano en el hemisferio sur, durante nuestro invierno, puede ser muy caluroso, con una mayor probabilidad de olas de calor en Australia y partes de Brasil.

Otras áreas, como Kenia, el este de China y el sur de Estados Unidos, tienen más probabilidades de recibir lluvias superiores a lo habitual. Los pronósticos actuales indican una probabilidad superior al 70% de que las precipitaciones estén por encima de lo normal en sectores del sudeste de Estados Unidos entre octubre y diciembre, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
Los eventos de El Niño también están asociados con saltos en la temperatura de la superficie terrestre. El 70% de esa superficie es océano, por lo que los mares absorben una gran parte de la energía atrapada por los gases de efecto invernadero y, como resultado, se calientan. Los eventos de El Niño permiten que parte de esa energía vuelva a liberarse hacia la atmósfera.

Los últimos tres grandes eventos de El Niño, en 1997, 2015 y 2023, estuvieron acompañados de marcados aumentos de la temperatura superficial. Cada uno de esos años fue el más cálido registrado hasta ese momento, y las temperaturas en los años siguientes se mantuvieron elevadas. De hecho, cada uno de los años posteriores (1998, 2016 y 2024) fue incluso más cálido que esos máximos históricos anteriores.
Estas temperaturas más altas pueden producir fenómenos meteorológicos más extremos. Las olas de calor son más frecuentes e intensas, hay más oportunidades para la sequía, un mayor riesgo de incendios y una intensificación de la actividad de las tormentas, con lluvias más fuertes y frecuentes. Todo el planeta se ve afectado, y eso significa que 2027 podría presentar condiciones climáticas difíciles para muchas regiones del mundo.
Los cambios provocados por el llamado Súper Niño afectarán la agricultura, la energía y la seguridad hídrica, los ecosistemas, las cadenas de suministro, las finanzas, los viajes y la salud. Los gobiernos, las comunidades y las empresas deben evaluar su capacidad de respuesta frente a esas disrupciones y poner en marcha recursos y planes para afrontarlas.
Podemos asumir que el verano de 2027 será inusualmente caluroso en el hemisferio norte. Dado esto, los sistemas de salud y los hospitales deben prepararse para oleadas de pacientes con golpes de calor, eventos cardiovasculares y enfermedades renales. Los gobiernos locales y municipales deben revisar sus procedimientos para responder al calor extremo, incluidos los sistemas para controlar a las personas mayores y enfermas, los espacios comunitarios para resguardarse del calor y los protocolos para advertir a la población cuando resulte riesgoso permanecer al aire libre. También necesitarán planes para gestionar el suministro eléctrico y garantizar que los residentes más pobres no pierdan energía durante los períodos de calor extremo por falta de pago.

En el oeste de Estados Unidos, el Mediterráneo occidental, Indonesia y otras partes del mundo, el riesgo de incendios forestales puede aumentar sustancialmente. La preparación podría incluir una mayor coordinación entre organismos, más financiamiento para los equipos de bomberos y mejores sistemas de alerta para las comunidades en riesgo. Los estados y los gobiernos también pueden alentar o incentivar a los propietarios de viviendas a proteger sus propiedades eliminando vegetación inflamable o instalando techos más resistentes al fuego.
La inseguridad alimentaria regional puede interrumpir las cadenas de suministro y conducir al acaparamiento, la especulación de precios y la inestabilidad de los mercados. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ya liberó fondos para zonas de África ante la posibilidad de pérdidas de cosechas. Del mismo modo, California ya desplegó materiales como bolsas de arena y bombas para combatir las inundaciones a lo largo de sus ríos y costas ante la previsión de crecidas asociadas a El Niño.
Estos pronósticos de El Niño no son abstracciones sobre un calentamiento en un futuro lejano. Son predicciones concretas sobre condiciones climáticas y meteorológicas, algunas de las cuales serán altamente disruptivas durante los próximos 18 meses. Todavía hay tiempo para prepararse, planificar y hacer que nuestros sistemas sean más resilientes. Pongámonos a trabajar.
*Jeffrey Shaman es profesor y vicedecano sénior de la Escuela del Clima de Columbia y profesor de Ciencias de la Salud Ambiental en la Escuela Mailman de Salud Pública de Columbia.
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