
El Viagra cambió la vida de muchos argentinos
Crece su consumo, pero el boom norteamericano está lejos
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José L. tiene 67 años y es jubilado. Sus problemas sexuales comenzaron nueve años atrás. "Pasé muchos de mis días peregrinando por hospitales y consultorios en busca de una solución -recordó-. Hasta que la hallé."
No es fácil encontrar hombres que tomen Viagra, la pastilla contra la impotencia sexual, y que se animen a contarlo públicamente. A casi cinco meses del desembarco de la famosa píldora, que causó furor en los Estados Unidos, los especialistas calculan que son más de 80.000 los argentinos que la consumen. Sin embargo, la vergüenza y el pudor convierten a la disfunción eréctil en una enfermedad inconfesable.
Las personas que accedieron a hablar con La Nación de sus problemas sexuales y de cómo sus vidas cambiaron a partir del tratamiento con la pastilla pusieron como única condición que sus nombres no fueran revelados, por lo que aparecen mencionados con sus nombres de pila y la inicial de sus apellidos.
Casado por segunda vez hace 17 años, José L. explicó que desde que comenzó a sentirse mal con su cuerpo las horas de intimidad con su mujer se hicieron cada vez más incómodas. "Yo iba con el fracaso en la cabeza -expresó, cerrando los puños, como recordando un mal momento-. Pero ahora es diferente. La pastilla le hizo muy bien a nuestra relación."
Si bien no tiene una pareja estable, Pablo F., un productor agrario de 54 años, también habla de la píldora como proveedora de su alegría interior y de la armonía con los demás. "Cuando uno tiene una parte de su vida insatisfecha traslada esa sensación al resto. El mal humor y la agresividad se hacen habituales. Por eso, además de solucionar el problema físico, la pastilla mejoró la relación con mi entorno", explicó.
Juan Carlos T., un empleado de 60 años, admitió con tristeza que si hubiera encontrado antes la solución a su problema, quizá todavía llevaría puesto su anillo de bodas.
"Sólo después de seis años de disfunción eréctil me decidí a consultar a un médico. No había aceptado mi problema hasta que un amigo me dijo que el especialista le había dado un tratamiento para su enfermedad, que era la misma que la mía, o que por lo menos se le parecía bastante.
"Pero al momento de esa charla yo me había separado de mi esposa, después de 25 años de matrimonio. Viéndolo a la distancia, creo que mi enfermedad tuvo mucho que ver con el desgaste de la pareja", concluyó.
Pablo L., un profesional del derecho, de 60 años, participó de una prueba del laboratorio Pfizer antes de que el medicamento saliera a la venta en la Argentina. Y le dio tan buen resultado que escribió una carta al laboratorio pidiéndole que le aumentaran la cantidad de pastillas mensuales. "Les expliqué que el Viagra actuó en mí de tal forma que recuperé mi sexualidad perdida 20 años atrás", contó el hombre.
Revolución, pero no furor
Estaba todo preparado para el éxito. Durante meses el país habló de la llegada de la píldora contra la impotencia masculina, y el furor que causó en los Estados Unidos hacía pensar en una demanda multitudinaria.
Hoy, los especialistas aseguran que el Viagra es una droga revolucionaria. Quienes la han probado dicen que les cambió la vida. Pero, cerca del quinto mes del lanzamiento del Viagra en la Argentina, las ventas no se parecen a las de la "fiebre" norteamericana.
¿A qué se debe la resistencia que encuentra esta droga en nuestro país? Médicos, analistas y pacientes dan sus impresiones a la hora de responder a esa pregunta: la vergüenza, el miedo a posibles efectos colaterales, el precio de las pastillas (alrededor de 11 pesos por unidad).
Fuentes de los laboratorios Pfizer y Bagó aseguran, sin embargo, que las ventas son las que se estimaban. Dicen haber distribuido más de 300.000 envases de Sildefil y de Lumix, las dos marcas con las que se comercializa la fórmula original. Esto constituye cerca de un millón de comprimidos.
Falta de información
Para el sexólogo León Gindín, la falta de diálogo es lo que más atenta contra la buena sexualidad. "Esta pastilla exige la necesidad de hablar, de compartir, porque es indispensable la estimulación para que funcione -estimó-. Pero a la vez tiene la ventaja de ser un método más natural."
"Los medios de comunicación tienen mucho que ver con la confusión general -opinó Adolfo Casabé, médico urólogo y director del Instituto Médico Especializado-. Los pacientes llegaban al consultorio muy confundidos. Que el producto haya aparecido en la tapa de los diarios no quiere decir que haya información, al menos no información clara."
Adrián Sapetti, médico sexólogo y autor del libro "Los hombres que saben amar", dijo a La Nación que al ver el temor de los pacientes optó por hacerles pruebas en el consultorio. "Les daba la pastilla, los sentaba en un rincón y los revisaba, hasta que se iban convencidos de que el medicamento no podía dañarlos."
Varios de los hombres que aceptaron prestar su testimonio tuvieron su primer contacto con el Viagra por medio de la prensa. "Recuerdo que volvía desde mis campos en Córdoba, y en la radio escuché a un médico hablando del éxito de la famosa pastilla. Ese mismo día pedí que me la trajeran de los Estados Unidos. Estaba decidido a probarla", dijo Pablo F.
Cuando se consulta a los laboratorios sobre si las ventas cubren las expectativas, la respuesta es contundente. "Esto nunca fue un boom -explicó una alta fuente de Pfizer, el creador de la píldora-, por eso ahora suponen que las ventas bajaron. Pero no es así. Todo lo contrario, la demanda aumenta paulatinamente", aseguró.
Para el filósofo y pedagogo Jaime Barylko, era previsible que este medicamento no fuera exitoso en la Argentina. "La nuestra es una sociedad pacata, en la que la liberación sexual es un simple juego de apariencias."
Pero ésta no es la única razón. Para Barylko, el hombre argentino es básicamente machista y no puede reconocer su debilidad. Pero no se trata de un terreno estrictamente masculino: "Nuestra sociedad puede hablar de cualquier cosa, pero no profundamente. Acá el Viagra ha servido como materia prima de chistes y bromas, pero nadie se lo tomó en serio", aseguró.
La psicóloga María Cristina Buqué supone, en cambio, que cierta falta de interés de los argentinos por el Viagra surge de la desconfianza. "Muchos de mis pacientes dijeron que la efectividad de la píldora les parecía mentira. No lo veían como algo real", explicó.
Congresos y simposios en diversas partes del mundo tratan el tema, y cada vez son más los países que autorizan la venta de la pastilla.
También se estudia el efecto del fármaco en las mujeres, como adelantó el creador de la píldora, Simon Campbell, en su visita a nuestro país.
Mientras tanto, la droga que los médicos especialistas califican como "la revolución del siglo" sigue descansando en los estantes de las farmacias argentinas, quizás a la espera de un poco de valor... o de sinceridad.
Riesgos
Desde los Estados Unidos llegó la noticia de decenas de muertes presuntamente relacionadas con el Viagra. En nuestro país, dos casos fueron noticia: el de la muerte de Oscar Abolio, en Córdoba, y de un rosarino cuyo nombre no trascendió. En el caso de Abolio, la Justicia determinó que el fármaco no fue la causa de su fallecimiento.
Las investigaciones indican que las muertes se deben generalmente a un gran esfuerzo físico o al consumo indebido de la pastilla. La única contraindicación es no consumirla con medicamentos en base a nitratos.




