
Espectacular cierre del 121° Campeonato Argentino Abierto de Polo HSBC
El polo tuvo su gran fiesta el pasado sábado 6 de diciembre, día en que se celebró la final del 121° Campeonato Argentino Abierto de Polo HSBC , una cita ineludible para todos los amantes del “deporte de los reyes”.
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Palermo se viste de gala para agasajar a las cerca de 15 mil personas que cada fin de año se congregan para ser espectadores del mejor polo del mundo.
"Es a todo o nada, como siempre en las finales", había anticipado Gonzalo Pieres cuando faltaban horas para el encuentro de su equipo, Ellerstina, con La Dolfina de Adolfo Cambiaso, considerado un clásico. Y así lo vivieron todos los jugadores de principio a fin.
La tarde fue una de las más calurosas del año. El público comenzó a llegar mucho antes de lo previsto: la cita era a las 16.30, pero desde pasado el mediodía circulaban curiosos y fans del polo, recorriendo los distintos bares que brindaban bocadillos para el almuerzo y bebidas frescas y drinks, necesarios para calmar el espíritu. La Casa de Campo de HSBC ofrecía un ambiente ideal para disfrutar del día espléndido a la sombra, en sus distintos espacios, y un menú especialmente preparado por Fernando Trocca para sus exclusivos invitados. Allí se reunieron los que quisieron aprovechar al máximo el día de polo en familia y con amigos para luego partir hacia los palcos VIP preparados por HSBC para sus clientes.

A las 17 sonó el Himno Nacional Argentino. Todos de pie. El coro popular hizo vibrar las tribunas tanto como aceleró el pulso de los jugadores, que se preparaban para el partido más importante del año. Y en muchos casos, el partido de sus vidas. Los hermanos Facundo, Gonzalo y Nicolás Pieres, junto a Ignatus Du Plessis (que ingresó a jugar en lugar de Mariano Aguerre), por Ellerstina, se enfrentaban a Adolfo Cambiaso, David Stirling, Pablo Mac Donough y Juan Martín Nero, de La Dolfina, equipo que buscaba la segunda Triple Corona consecutiva, un hito que consiguió por última vez en la historia del polo Coronel Suárez en 1975 y 1976. En un ajustado encuentro de dos horas 44 minutos, en el que hubo lesiones y hasta se lamentó la muerte de una yegua, La Dolfina hizo historia por 14 a 12. El sol ya se había escondido cuando los de Cambiaso alzaron la Copa más deseada, entre las lágrimas de María Vázquez, mujer y principal sostén del líder del equipo, y la euforia de una hinchada que los acompañó con fervor.
Mientras se realizaba la entrega de premios el atardecer brindaba su propio espectáculo y muchos eligieron verlo desde la Casa HSBC: en la terraza y el balcón circulaba un aire fresco que se agradecía después de las horas bajo el sol y del que pudieron disfrutar un grupo selecto de invitados. El Campo Argentino de Polo era un hervidero de celebraciones. Aquí y allá la música se hacía sentir, se mezclaban canciones, copas y risas, y la alegría de haber sido testigos de un día inolvidable era evidente. Los más jóvenes organizaban cómo seguir festejando y fue Pablo Polito Pieres, goleador de Alegría (eliminado en semifinales) el que propuso el mejor plan: la Polilla Fest, una fiesta en su casa de Pilar hacia donde la gran mayoría puso rumbo una vez terminados los festejos, que se extendieron hasta bien entrada la noche. Nadie quería irse. El ambiente se prestaba para la reunión y la diversión. El aroma a tierra, pasto, el relincho lejano de los caballos y la luna en lo alto armaban el escenario perfecto para un día de campo en plena ciudad. Sin dudas, un encuentro imperdible, creado para el disfrute.




