
Especulación y temor exagerado
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Precedido por pronósticos alarmantes y oscuros presagios, el comienzo del 2000 fue la prueba de fuego que la industria informática aguardaba temerosa. Pero el apocalipsis informático del 1º de enero nunca llegó. Y el primer lunes terminó de disipar los últimos fantasmas de esa crisis globalizada que muchos habían pronosticado.
Mientras que nada sucedió tras el cambio de calendario -con excepción de algunas fallas menores-, durante los últimos dos años el bug del 2000 (conocido por sus siglas en inglés, Y2K) generó ingresos adicionales en las arcas de los fabricantes de productos y soluciones informáticas.
Y, como contrapartida, obligó a las empresas a desembolsar una buena cuota de su presupuesto en verificar el estado de sus instalaciones y reparar o reemplazar aquellas con riesgo de colapsar.
¿Qué ocurrió, entonces? ¿Se trató de un mal diagnóstico, una exageración de los gurúes de la informática o un negocio redondo que impulsaron las empresas de este sector?
"Hubo gente que especuló con un drama alrededor del Y2K. Algunos proveedores de soluciones -de hardware y software-, así como algunos analistas que buscaban promocionarse o querían hacer negocios, dramatizaron la cuestión", opinó Raúl Bauer, director de la consultora especializada IDC Argentina.
"El pronóstico fue extremadamente exagerado y se asustó a la gente más de lo necesario. La mala comunicación que se hizo del hipotético problema no puede achacarse a un emisor único, porque el temor tuvo escala global", destacó Alejandro Prince, director de Prince & Cooke, representante local de Forrester Research.
Las estadísticas de IDC señalan que, según los pronósticos difundidos en los últimos dos meses de 1999, sólo existía una probabilidad del 0,2 por ciento de que se hiciera real el más catastrófico de los escenarios: largos cortes de energía, fallas básicas en las redes de telecomunicaciones, interrupción insalvable de las operaciones de los sistemas y empresas obligadas a cerrar sus puertas para siempre.
Por lo bajo, sin embargo, los analistas se mostraron sorprendidos de que en el sector del Gobierno y en las distintas dependencias de organismos públicos el cambio de milenio haya transcurrido sin sobresaltos digitales.
Aunque todavía no se han ofrecido informes detallados de algunas entidades clave, la tendencia mundial parece haberse repetido en nuestro país. "Era lógico que los bancos y las grandes empresas de la Argentina tuvieran a salvo sus sistemas, pero es extraño que no haya pasado nada con las instalaciones del Estado", consideró un especialista que pidió reserva de identidad.
Para Edgardo Juri, de Gartner Group, la alarma generalizada fue consecuencia de una "mala interpretación" de los datos provistos por los especialistas: "Desde hace algunos meses, y con los arreglos que se hicieron a tiempo, se auguraba un número reducido de fallas, que son las que efectivamente ocurrieron", señaló.
Prevención informática
Los analistas coincidieron en que el bug del milenio era bien real hace tan sólo algunos meses. Y si la cosa no llegó a mayores fue, en gran medida, porque las empresas realizaron inversiones proporcionales al temor que desde el corazón mismo de la industria se logró infundir en sus directivos.
La difusión del Y2K, que convirtió un problema de índole técnica en una preocupación de empresarios, gobernantes y ciudadanos comunes, fue -dijeron- la mejor medicina preventiva para el colapso que no fue.
"Se dio un comportamiento de contagio -señaló Bauer-. Los errores en los programas existieron y los problemas podrían haber ocurrido si no se hubieran hecho arreglos. Pero las empresas trabajaron, descubrieron los desajustes y pagaron para que los proveedores informáticos los arreglaran."
De los 200.000 a 500.000 millones de dólares que en el nivel mundial se gastaron en solucionar las fallas, al sector privado argentino le correspondió una suma cercana a los US$ 1500 millones, según IDC, o US$ 1300 millones, de acuerdo con las estimaciones de Prince & Cooke. De esa suma, más de 400 millones fueron desembolsados en los últimos 12 meses, conforme la amenaza del Y2K se hacía inminente.
"Se confirmó una vez más lo que se conoce como "la teoría de la paradoja -señaló Prince-. Los más atemorizados fueron los organismos e instituciones con mayor cultura informática, con mejor infraestructura de sistemas ya instalada y mayores posibilidades de invertir en soluciones.
"En cambio -comparó-, los que no presentaron inconvenientes fueron aquellos que directamente no tienen procesos automatizados por fecha, como ocurre con las Pyme argentinas."
Mientras regresa la calma, y en las oficinas de los grandes proveedores comienzan a preguntarse dónde reubicarán a los miles de técnicos que trabajaron en el Y2K durante los últimos años, los especialistas coincidieron en que los ecos del bug no se han acallado para siempre. Habrá que esperar aún algunas semanas, aunque sin la psicosis de los últimos días.
Justificó Terragno los 1500 millones
En medio de la discusión sobre si el efecto 2000 es o no un chasco, ayer se supo que en la Argentina se invirtieron 1500 millones de dólares para prevenir el efecto. No obstante, el jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, defendió el gasto en una conferencia de prensa realizada ayer en el ex edificio Somisa.
"No se sobredimensionó el Y2K. Es posible que se haya incurrido en más gastos de los necesarios, pero esto fue lo que permitió que no hubiera ningún tipo de problemas", aseguró Terragno.
El subsecretario de la Gestión Pública, Leandro Popik, también presente en la conferencia, dio a conocer la cifra millonaria. "Según un estudio realizado por la UADE, las empresas privadas fueron las que más invirtieron: 1350 millones, mientras que el gobierno argentino gastó 150 millones de dólares", dijo.
Estas cifras contrastan con los 100.000 millones invertidos por los Estados Unidos y forman parte de los más de 500.000 millones que se gastaron en todo el mundo.
Ayer el país aún estaba en alerta por lo que pudiera suceder en la apertura bancaria, pero la jornada se desarrolló sin alteraciones y el Y2K no dio señales de vida por estas tierras australes.
Así las cosas, la Jefatura de Gabinete de Ministros decidió concluir con la etapa de alerta máximo, que comenzó el 29 de diciembre último. No obstante, el Sistema Federal de Emergencias (Sifem) seguirá funcionando en estado de alerta simple, como mínimo, por tres días más.
Ese es el lapso necesario para que cierre el circuito de compensación de las operaciones bancarias, se explicó.
Prevenir catástrofes
Terragno señaló la importancia de los "alertas tempranos" para prevenir catástrofes y definió el operativo antiefecto 2000 como un "simulacro de emergencia nacional".
Manifestó, además, la firme decisión de acelerar las obras del organismo de emergencia. Para ello se utilizará el crédito de 30 millones de pesos otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para diseñar el sistema nacional de emergencias, para lo cual se recibirá asistencia israelí.
Dentro de este plan estará contemplada la creación de una red de radares que alimentará un centro de procesamiento de alertas hidrometeorológicos, fundamentales para prevenir, por ejemplo, las inundaciones.
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