“Estamos volviendo a meter al genio en la botella”: el acuerdo de Meta por US$17.100 millones confirma que Jonathan Haidt tenía razón
El autor de La generación ansiosa, que expuso el daño de las redes sociales en los niños advierte que “ahora estamos viendo el lado oscuro de las tecnologías digitales”
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NUEVA YORK.- El día en que el gigante de las redes sociales Meta aceptó un acuerdo de hasta US$17.100 millones para resolver las denuncias de que había puesto en peligro a los niños, el psicólogo social Jonathan Haidt estaba contra reloj. Debía entregar las correcciones para la segunda edición de su libro, en el que critica a las empresas de redes sociales por poner en riesgo a los menores. Consiguió una prórroga de dos días.
El libro de Haidt de 2024, La generación ansiosa, fue un éxito de ventas arrollador y se convirtió en una obra de referencia para una coalición que busca proteger a los niños de las grandes tecnológicas: un grupo heterogéneo de padres preocupados, adolescentes hartos, aspirantes presidenciales y celebridades en busca de una causa social libre de controversias. (Después de todo, no mucha gente se enorgullece de afirmar que los chicos deberían pasar más tiempo viendo reels de Instagram).
El miércoles último mientras Meta aceptaba este acuerdo histórico, Haidt estaba celebrando una victoria. En una entrevista, describió el momento en términos grandilocuentes, similares a los de los fundadores de las empresas a las que ha cuestionado, profetizando con el optimismo característico de los magnates tecnológicos.
“Estamos volviendo a meter al genio en la botella”, dijo Haidt. “Estamos atravesando un punto de inflexión histórico: pasando del optimismo tecnológico al escepticismo tecnológico”.

De hecho, el libro impulsó a muchas personas a actuar. La gobernadora de Arkansas, Sarah Huckabee Sanders, envió ejemplares a los otros 49 gobernadores. Haidt habló sobre su contenido con la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, y con el gobernador de Utah, Spencer Cox, además de Meghan Markle, Oprah Winfrey, Jessica Seinfeld y Katie Couric. Siempre emprendedor, el autor convirtió el libro en una campaña y en un próximo documental.
Mientras Haidt trabajaba en el libro, una coalición de estados se organizaba para demandar a Meta por el daño que, según sostienen, causaba a los niños. Los fiscales generales y los demandantes afirman que los algoritmos de Meta atrapan a los usuarios en el desplazamiento infinito de contenido, haciendo que pasen horas mirando a influencers semidesnudos o celebridades extremadamente delgadas: imágenes que fomentan la dismorfia corporal, la ansiedad y la depresión. Haidt se reunió por Zoom con algunos de esos fiscales generales para presentarles los resultados de sus investigaciones.
Acusaciones impactantes
Las acusaciones de la demanda son impactantes. Pero también son, para cualquiera que haya pasado tiempo mirando una pantalla, sorprendentemente corrientes. Para muchas personas, los expedientes judiciales podrían leerse como diarios personales de uso del tiempo, reflejos de las horas que tantos pasan desplazándose, dando “me gusta”, reproduciendo de nuevo y compartiendo contenidos, como marionetas que mueven sus extremidades sabiendo que algún señor invisible sostiene los hilos. Y para quienes hayan leído La generación ansiosa, las acusaciones resultan familiares. (Algunos científicos sociales señalaron que el libro a veces parecía atribuir a las redes sociales tendencias que simplemente coincidieron con su auge. Haidt respondió que actualmente existen tres metaanálisis que muestran beneficios asociados a la reducción del uso de redes sociales).
Que Meta deba pagar hasta US$17.100 millones no solo es relevante desde el punto de vista financiero, sino que también constituye, según Haidt, una clara señal de la debilidad de la defensa de la empresa. (Meta invocó las protecciones de la Sección 230 de la legislación estadounidense, que limita la responsabilidad de las plataformas por los contenidos publicados por sus usuarios). La compañía perdió en marzo pasado su primera causa por daños personales, pero la magnitud del acuerdo alcanzado esta semana traduce aquella decisión, más allá del lenguaje jurídico y del impacto reputacional, en dinero concreto.
“Esta es la victoria más importante que los reformistas han conseguido jamás”, afirmó Haidt.
Haidt dicta en la Universidad de Nueva York un curso sobre el “florecimiento humano” (Flourishing), y algunos de sus estudiantes más jóvenes no comparten su entusiasmo respecto de la batalla contra las grandes tecnológicas. Zofia Fernandini, de 23 años, que cursó con él en 2023, dijo sentir que parte de este ajuste de cuentas con la tecnología llega demasiado tarde para quienes pertenecen a su generación, que ya pasó años sintiendo que el desplazamiento interminable de contenido les había “quemado” el cerebro.

“Las personas recién están viendo algunos de los daños cuando ya es demasiado tarde; esto ya tuvo un impacto enorme en la vida de nuestra generación”, contó. Al intentar calcular cuánto debería pagarle una empresa de redes sociales por el deterioro de su propia capacidad de atención, Fernandini hizo una pausa y lanzó una cifra modesta: “¿Quizás US$50.000?”.
Es cierto que, aunque el movimiento para enfrentar a las grandes tecnológicas suele compararse con las demandas contra las tabacaleras en los años ‘90, los resultados probablemente no serán tan claros. A medida que abogados y científicos avanzaban contra las compañías de cigarrillos, la proporción de estadounidenses que fumaban cayó del 42% a menos del 10%. Pero hoy los estadounidenses no están abandonando masivamente los teléfonos ni las redes sociales. Lo que existe es un esfuerzo complejo por establecer salvaguardas: restricciones a los filtros de belleza, bloqueos nocturnos, controles de edad y límites de uso de dos horas diarias.
Pocos se atreven a afirmar que la adicción estadounidense a las redes sociales haya terminado. Hay un límite a lo que se puede hacer para contener a Meta, porque su influencia sobre nuestras vidas es tan abarcadora. “Es un poco como si alguien hubiera agregado nicotina al suministro de agua”, planteó Jaron Lanier, uno de los críticos más conocidos de la industria tecnológica. Esta batalla se parece menos a David contra Goliat y más a David contra Dios. Incluso Adam Mosseri, director de Instagram, declaró durante el juicio que los problemas descritos por los demandantes no tenían “soluciones mágicas”.
Haidt no está del todo de acuerdo. Fiel a su estilo optimista, considera que el acuerdo alcanzado por Meta es apenas un fragmento de los cambios sociales que probablemente vendrán. “Ahora estamos viendo el lado oscuro de las tecnologías digitales de una manera que hace posible un rechazo cultural, una toma de conciencia cultural de que no podemos seguir viviendo así”, afirmó.
Y para las personas de cualquier edad que se sienten pegadas a las pantallas, incapaces de recuperar el control de su atención, el acuerdo representó un momento de alivio. La preocupación por la adicción tecnológica y la capacidad de atención de los niños es también, para algunos adultos, una forma de lamentar su propia dependencia. Si uno no puede desconectarse, tal vez al menos sus hijos sí puedan hacerlo. Después de dos horas.
“Hace dos años, cuando me entrevistaba un periodista, casi siempre comenzaba diciendo: ‘Veo esto en mis propios hijos’”, recordó Haidt. “Pero a partir de algún momento de 2025, lo que empezó a pasar fue que los periodistas comenzaban diciendo: ‘Veo esto en mí mismo’”.
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