
Qué es daraxonrasib, la droga aprobada en Estados Unidos que promete transformar el tratamiento del cáncer de páncreas
El medicamento logró extender de manera significativa la supervivencia de pacientes con enfermedad avanzada
6 minutos de lectura'
Durante décadas, el cáncer de páncreas fue uno de los diagnósticos más temidos de la medicina. Con pocas alternativas terapéuticas, una agresividad extrema y tasas de supervivencia muy bajas, los especialistas fueron desafiados por una enfermedad que parecía resistir todos los intentos de combatirla. Ahora, la aprobación en Estados Unidos del daraxonrasib, una nueva terapia desarrollada por la firma Revolution Medicines, inicia otra etapa y alimenta la esperanza.
La Administración de Alimentos y Medicamentos norteamericana (FDA, por sus siglas en inglés) autorizó esta semana el uso de ese fármaco para pacientes con cáncer de páncreas metastásico que ya hayan probado previamente la quimioterapia. Aunque no representa una cura, los expertos coinciden en que se trata del avance más importante registrado en este tipo de tumor en décadas.
La razón es simple: por primera vez, un medicamento logró extender de manera significativa la supervivencia de pacientes con enfermedad avanzada, una meta que parecía fuera de alcance.
En el estudio clínico que sustentó la aprobación, los pacientes tratados con daraxonrasib alcanzaron una mediana de supervivencia de 13,2 meses. Entre quienes recibieron quimioterapia convencional, en cambio, la mediana fue de 6,7 meses. Más llamativos aún son algunos casos individuales de personas que permanecen con vida varios años después de iniciar el tratamiento.

“Nunca habíamos visto un beneficio como este”, afirmó Anna Berkenblit, directora científica y médica de la Pancreatic Cancer Action Network.
Una enfermedad con pocas respuestas
El páncreas es una glándula ubicada en la parte profunda del abdomen que cumple funciones esenciales para la digestión y el control de la glucosa en sangre. Cuando aparece un tumor en ese órgano, suele detectarse tarde, debido a que los síntomas iniciales son poco específicos.
Ese retraso en el diagnóstico explica en buena medida su elevada mortalidad. Solo en Estados Unidos el cáncer de páncreas provoca más de 50.000 muertes al año. Entre los pacientes cuya enfermedad ya se extendió a órganos distantes, apenas alrededor del 3% continúa con vida cinco años después del diagnóstico.
Durante años, la principal herramienta terapéutica fue la quimioterapia, un tratamiento capaz de ralentizar la progresión de la enfermedad, pero con beneficios limitados. Numerosos intentos por desarrollar medicamentos más efectivos fracasaron.
Por eso, cuando en mayo se presentaron los resultados del ensayo clínico de daraxonrasib en una reunión científica sobre cáncer, la reacción fue inusual. Según relataron asistentes al encuentro, oncólogos de todo el mundo se pusieron de pie para aplaudir.

Brian Wolpin, investigador del Dana-Farber Cancer Institute y responsable del estudio principal, recordó que él mismo quedó sorprendido cuando accedió por primera vez a los resultados. “No había visto nada parecido antes en los ensayos que hemos realizado en cáncer de páncreas”, señaló.
El secreto está en KRAS
La importancia de daraxonrasib no radica únicamente en sus resultados clínicos. También representa la culminación de una de las búsquedas científicas más largas y complejas de la oncología moderna.
La mayoría de los tumores pancreáticos, y también muchos cánceres de pulmón y colon, dependen de una proteína denominada KRAS. Cuando esta proteína presenta determinadas mutaciones, queda permanentemente activada y envía señales que impulsan el crecimiento incontrolado de las células cancerosas. Por décadas, KRAS fue considerada un objetivo imposible.
Los investigadores describían a esta molécula como una “bola grasienta”: una proteína de superficie lisa, sin cavidades ni puntos evidentes donde un medicamento pudiera adherirse para bloquearla. La convicción dominante en la comunidad científica era que desarrollar una droga capaz de neutralizarla resultaba inviable.
Sin embargo, esa idea comenzó a resquebrajarse gracias a una serie de descubrimientos acumulados durante años en laboratorios académicos financiados tanto por organismos públicos como privados.

Uno de los avances decisivos llegó en 2013, cuando Kevan Shokat, científico de la Universidad de California en San Francisco, identificó una vulnerabilidad inesperada en KRAS. Su hallazgo demostró que la proteína no era completamente inexpugnable y revitalizó un campo que muchos daban por perdido.
“Todo el mundo pensaba que sería imposible crear fármacos contra KRAS”, resumió Marina Pasca di Magliano, investigadora de la Universidad de Michigan.
Cómo funciona el nuevo medicamento
Daraxonrasib, comercializado como Rasonque, emplea una estrategia innovadora basada en los llamados “pegamentos moleculares”. El medicamento se administra por vía oral todos los días y actúa mediante un mecanismo diseñado para atrapar y desactivar proteínas responsables del crecimiento tumoral.
En lugar de atacar únicamente determinadas formas inactivas de KRAS, como ocurre con otros enfoques experimentales, la droga desarrollada por Revolution Medicines puede actuar sobre la proteína cuando se encuentra activa, el estado que alimenta el crecimiento tumoral.
El resultado es que las células cancerosas pierden una de sus principales vías de supervivencia.
La estrategia fue tan novedosa que incluso generó dudas entre sus propios creadores. Los investigadores temían que bloquear KRAS también en células normales produjera una toxicidad inaceptable. Sin embargo, los estudios en animales y posteriormente en seres humanos mostraron que era posible alcanzar un equilibrio: afectar de manera contundente al tumor sin provocar daños severos en tejidos sanos.
Historias que alimentan la esperanza
Los resultados del tratamiento pueden apreciarse en pacientes concretos.
Jerry Simonson, un hombre de 79 años que vive cerca de Salt Lake City, recibió el diagnóstico de cáncer de páncreas en 2017, cuando la enfermedad ya se había extendido a los ganglios linfáticos. Convencido de que tenía pocos meses de vida, ingresó a un ensayo clínico de daraxonrasib a fines de 2022.
Poco después, sus tumores comenzaron a reducirse. Hoy ya no son visibles en los estudios por imágenes. Simonson camina varios kilómetros por día, practica actividades deportivas y afirma sentirse bien.
Otro caso es el de Rhea Caras, una abogada jubilada de California diagnosticada con cáncer pancreático metastásico en 2023. Tras recibir pronósticos sombríos y un primer tratamiento de quimioterapia, ingresó a un ensayo clínico. Más de dos años después continúa tomando el medicamento. Aunque convive con cansancio, náuseas y trastornos digestivos, su enfermedad se redujo de manera significativa.
“Estoy bastante segura de que no seguiría viva si no fuera por este fármaco”, sostuvo.
Una etapa prometedora
Los especialistas advierten que aún quedan desafíos importantes. Daraxonrasib no funciona en todos los pacientes, sus beneficios no son permanentes y puede provocar efectos adversos como diarrea, fatiga, náuseas, inflamación de la mucosa oral y erupciones cutáneas.
Pese a esas incógnitas, el consenso es que el avance tiene un alcance que trasciende al cáncer de páncreas. Actualmente existen decenas de tratamientos dirigidos contra KRAS y otras proteínas de la familia RAS en distintas etapas de desarrollo para tumores de pulmón, colon y otros órganos.
Por eso, muchos científicos consideran que la aprobación de daraxonrasib podría marcar un punto de inflexión comparable a la irrupción de la inmunoterapia, que revolucionó la oncología a comienzos de la década pasada.
“Es el comienzo, no el final”, resumió Elizabeth Jaffee, investigadora de la Universidad Johns Hopkins.
1- 2
Tensa tregua: suspenden el desalojo de dos comunidades mapuches y surge la propuesta de una resolución alternativa
3Qué se sabe del “Super Niño”, el fenómeno que cambiará por completo el pronóstico en la Argentina (y en el mundo) hasta octubre
4Ni gimnasio ni caminata: el ejercicio de fuerza ideal para frenar la pérdida de masa muscular y mantenerse saludable
