
Fonrouge, una vida en las altas cumbres
Fue el primero en escalar el Fitz Roy
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A los 23 años, con su compañero de escalada Carlos Comesaña, el impetuoso y a la vez elegante escalador José Luis Fonrouge cumplió su hazaña más recordada: la primera conquista argentina del Fitz Roy.
Desde semejante cumbre, el 16 de enero de 1965, con la cordillera santacruceña a los pies, sólo lograda hasta entonces por la cordada de Guido Magnone y Lionel Terray, integrantes de la expedición francesa, rompieron el hechizo del Chaltén (el Fitz Roy, en idioma aborigen) el 2 de febrero de 1952.
Quienes conocieron a Fonrouge en plena montaña compartieron con él la calidez de los refugios cordilleranos en los albores de los años 60. Suelen recordar sus condiciones técnicas de escalador nato y su pujanza física inagotable, cuando apenas había salido de la adolescencia.
Comenzó a escalar a los 13 años. Desde entonces, prefirió vivir en terrenos verticales, helados y verdaderamente escalofriantes.
Era "de índole rebelde y sobre todo solitario", como lo caracterizaron Gino Buscaini y Silvia Metzeltin, los italianos autores de libro Patagonia (Bérgamo, 1987), quienes le dedicaron la única semblanza biográfica del libro. En la 2a. Expedición Argentina al Himalaya (1971), demostró su carácter: recorrió solo el camino de los sherpas.
Fue admirado por el uso de su técnica de escalada artificial y se constituyó en el referente deportivo del Centro Andino Buenos Aires (CABA). Con cuatro compañeros de su club obtuvo la segunda ascensión de la difícil torre Norte del cerro Paine, en Chile.
Nada de cuanto se propuso le reportó un fracaso, ya sea en las montañas de América o de Europa. Fue un conocedor minucioso de los Parques Nacionales patagónicos, y en Iguazú estuvo entre los pioneros en pasear turistas en gomones por debajo de las cataratas.
El secretario de Turismo de la Nación, Hernán Lombardi, lo eligió para un cargo directivo en la Dirección de Parques Nacionales. Cuando ya no le quedaban peligros por conocer, trepó en San Fernando hacia su destino trágico. Su esposa y una hija lo acompañaban para seguirlo en su pasión patagónica.
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