
Fukuyama: hay un nuevo orden moral
"Somos testigos de la gran reconstrucción moral ", diceel controvertidoFrancis Fukuyama, en diálogo con La Nación desde su oficina en la Universidad George Mason, en Fairfax (Virginia), donde es profesor de política pública.
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"Somos testigos de la gran reconstrucción moral ", dice el controvertido Francis Fukuyama, en diálogo con La Nación desde su oficina en la Universidad George Mason, en Fairfax (Virginia), donde es profesor de política pública.
Esa es la principal conclusión de de su nuevo libro, La gran ruptura (Atlántida), que esta semana llega a las librerías argentinas.
En la obra, el ensayista norteamericano de origen japonés que se hizo famoso por El fin de la historia y el último hombre (1992), sostiene que, al dejar de ser sociedades industriales para convertirse en sociedades de la información, las naciones ricas sufrieron un quiebre en sus valores y, por lo tanto, grandes desequilibrios.
Su teoría parte de la base de que en los últimos treinta años las democracias liberales registraron un creciente flagelo de crímenes; la declinación de la institución del parentesco, reflejada en la baja del número de matrimonios y nacimientos; la pérdida de fe en las instituciones, y la reducción del "radio de confianza", medida por la tendencia de la gente a relacionarse en grupos pequeños, por medio de lazos menos permanentes y menos comprometidos. Pero advierte que estos indicadores, que hablan de una atomización de la sociedad, "se están frenando". Y todo gracias a la naturaleza humana:"Nuestros instintos más básicos nos impulsan a crear reglas morales que nos unen en comunidades y a promover la cooperación", explica.
Fukuyama sigue apostando a lo que en El fin de la historia ... llamó "capital social": la capacidad intrínseca de los individuos de trabajar juntos para alcanzar objetivos comunes. Se aparta así del liberalismo ortodoxo, al afirmar que algunas pautas de comportamiento colectivo pueden anteponerse a las actitudes individuales. Para él, el individualismo es una "vulnerabilidad" de las democracias modernas.
Esta idea ya la desarrolló en Confianza (1996), donde sostiene que la cooperación es incluso un motor de la prosperidad.
Fukuyama ve la gran reconstrucción de la siguiente manera:"En la sociedad de la información, ni los gobiernos ni las corporaciones van a depender exclusivamente de reglas burocráticas y formales. En cambio, van a descentralizar el poder y descansar en la gente, que se autoorganizará. Para que todo esto funcione es necesario que los individuos internalicen reglas y normas de comportamiento informales, aquellas que provienen de negociaciones horizontales entre ellos, más que de estructuras verticales".
Concluye que sólo así podrán recuperarse la confianza y el orden, necesarios para que las democracias liberales se aseguren un buen destino.
Lejos de la Argentina
Para Fukuyama, la gran reconstrucción es inviable en la Argentina y otras naciones latinoamericanas, entre otras razones por "la falta de un marco jurídico efectivo y de transparencia en el sistema de asociación privada".
Así se desarrolló el diálogo sobre el tema:
-La sociedad de la información ya puso un pie en la Argentina. ¿Observa en nuestro país signos de los cambios que usted describe?
-Yo creo que es muy difícil comparar la Argentina con los Estados Unidos y los demás países posindustriales, porque sufrió otras grandes rupturas tales como las dictaduras, la guerra, la hiperinflación y el retorno a la democracia, y porque tiene diferente nivel de desarrollo. Mucho de lo que digo acerca de la gran ruptura en los Estados Unidos tiene que ver con la desindustrialización y el surgimiento de la economía basada en el sector de los servicios. Y esto no ha sido un gran tema en América latina.
-Entonces, ¿cree que ninguna de las transformaciones en la región se debe al ingreso en la era de la información, aun considerando que América latina es muy permeable a lo que sucede en el Norte?
-Insisto: se observan otras grandes rupturas, que dependen de otras causas.
-¿Por ejemplo?
-Brasil ha tenido crónicamente altos índices de criminalidad como resultado de las desigualdades sociales y la naturaleza de su urbanización. En México, los delitos se dispararon luego de la crisis del peso. La situación varía de una nación a otra.
-¿Pero hay alguna constante?
-Sí. A diferencia de lo que ocurre en los países posindustriales, donde los vínculos sociales son generalmente más distantes, en América latina la clase de cultura que sufre una ruptura se caracteriza por relaciones de gran confianza entre familiares y amigos cercanos, y de gran desconfianza hacia los extraños.
-En su libro, usted señala que los países latinoamericanos no brindan suficientes garantías culturales para sostener una sociedad como la que plantea la gran reconstrucción...
-Es que allí existe un divorcio entre el marco institucional y la cultura informal. Las tradiciones imperiales y católicas de España reforzaron la dependencia a instituciones grandes y centralizadas, como el Estado y la Iglesia, y debilitaron la sociedad civil independiente. Y esta última es la que promueve la autoorganización de los grupos, la descentralización del poder y la informalidad de las normas, es decir, la materia prima de la gran reconstrucción.
-¿Hay otras razones?
-Todo funciona mejor si puede dar por sentado un marco jurídico estable y efectivo, que permita la seguridad de los derechos de propiedad y de las personas, y un sistema de asociación privada relativamente transparente. Pero estas características no han prevalecido en los países latinoamericanos. En muchos casos, el Estado ha sido arbitrario y rapaz. Como consecuencia, se redujeron los radios de confianza al nivel de la familia y los amigos y se generó una dependencia a ellos.
-¿Y eso no tiene un efecto deseado: reforzar la familia?
-Sí, pero para extender el imperio de la ley, la democracia y la transparencia, las posibilidades de autoorganización deben ampliarse al nivel de la comunidad.
-¿Sigue sosteniendo, como en El fin de la historia... , la discutida idea de que la democracia liberal es la mejor opción y el punto final de la evolución ideológica de la humanidad?
-Claro. Esa premisa sigue inspirando mis trabajos.
El discutido promotor del fin de la historia
La prédica de Fukuyama surgió en coincidencia con el derrumbe del imperio soviético
Francis Fukuyama ganó reputación en todo el mundo con su ensayo El fin de la historia y el último hombre , un artículo que publicó una década atrás en la revista norteamericana National Interest.
Nacido en Chicago, en 1952, fue director adjunto de planificación política en el Departamento de Estado y estuvo a cargo de la investigación social en la Rand Corporation.
Estudió en las universidades de Harvard y Yale, y se doctoró en filosofía y letras. Actualmente es profesor de política pública de la Universidad George Mason.
El fin de la historia... , que apareció justo cuando el bloque soviético se estaba derrumbando, revive la noción de Hegel de que hay una dirección en la historia y plantea que el final del camino es la democracia liberal y el capitalismo.
Esta idea provocó un sinfín de debates y, en 1992, una versión ampliada del trabajo fue publicada en forma de libro.
Algunos vieron a Fukuyama como un propagandista del "triunfalismo" que profesaba la política exterior norteamericana tras la Guerra Fría. De hecho, él celebraba lo que consideraba la superioridad de los valores occidentales.
Pero en su siguiente obra, Confianza (1996), demostró que no es un leal apologista del capitalismo. Allí sostiene que las fuerzas del mercado producen niveles muy variables de desigualdad e injusticia y que el éxito del capitalismo depende de factores culturales, sobre todo de valores como la confianza.
Finalmente, en La gran ruptura analiza con más profundidad las relaciones entre economía y cultura, valiéndose de numerosas estadísticas y nuevos enfoques científicos.
Fukuyama confiesa que esta obra se la debe a su padre, Yoshio, que fue sociólogo y funcionario en los Estados Unidos: "El tema de los valores era muy importante para él; hablaba mucho de ellos. Estoy regresando a un tema con el que crecí".





